
El Manchester United de José Mourinho se unió a la lista de decepciones de la presente Champions League. (Foto: www.chicagotribune.com)
Este miércoles es el turno de la Premier League en el sendero de las decepciones. Como mismo se atacó al Paris Saint-Germain por su actitud pusilánime, le toca ahora a la todopoderosa Liga de Inglaterra aguantar los palos.
La razón es simple: amén del resultado de esta tarde, donde me atrevo a decir que Chelsea no tiene muchas posibilidades de avanzar frente al Barcelona, solo serán dos equipos ingleses los que avanzarán a cuartos.
Dos de cinco. Dos. Si vamos a por los pronósticos, estos estuvieron a punto de romperse. Tottenham se le plantó fuerte a la Juventus, en lo que hubiera sido la gran sorpresa y terminó en una eliminación que, según se ha manifestado en las redes sociales, a los únicos que no les dolió fue a los hinchas italianos.
Liverpool se impuso como debió ser al FC Porto, por un asunto de peso de camiseta, y el Manchester City, aunque flojo en una vuelta donde aprovechó para darle juego a su banca, salió del paso, no sin dejar dudas… el segundo juego podían haberlo ganado. Brechas y más brechas en defensa. A echarle la culpa al pobre de Vincent Kompany, al que parece le queda poco en el convento de Josep “Pep” Guardiola.
Viendo a un Chelsea muy complicado, aunque no muerto frente al Barcelona, nos queda el Manchester United de José Mourinho. En mi opinión, trágico y desastroso. Ni pies ni cabeza para un equipo que había batido el fin de semana al mismo Liverpool que ahora está en cuartos, con dos latigazos relampagueantes.
Tenían que salir a ganar en el Old Trafford, 1-0 al menos. Solo servía ganar. Pero no. El dinero, las billeteras abultadas, no solo han dejado, de un golpe, apagarse las luces de una de las más grandes catedrales futbolísticas de Europa, sino que también han dejado sin opciones a un histórico y le han dado razones a los detractores de la Premier para confirmar sus sospechas: algo mal hay del otro lado del canal.
Corazón, temple, ganas. Algo falta. Para decirlo en inglés, something is missing. Ni los mejores jugadores, ni los buenos directores, ni los grandes millones. Ahí ocurren cosas que van más allá de esos detalles. Tácticas, estrategias, estilos. Cuando esas cosas chocan contra el resto del continente, se rompen como un plato rajado de antemano.
La Premier habrá perdido, cuando se consuma (si no ocurre el milagro) la derrota de los Blues de Londres ante la maquinaria culé, todo el crédito que podía haber ganado este año a golpe de talonarios. No de talonarios, sino de transformar lo que pagan a sus nóminas en triunfos que trasciendan sus fronteras.
Ya no son tiempos de Community Shield, ni FA Cup. Ya no se vale seguir blasonando como éxito del año el alzarse con la Carabao Cup. Ya no corren minutos en el que simplemente ser el campeón de la competitiva Liga Inglesa, te de méritos per se.
Son momentos de asaltar el Viejo Continente, de llegar a las finales de la Champions y coronarse en la Europa League. Son instantes de convertir el aldabonazo de Mou el año pasado en algo superior, no de conformarse con que los maltrechos Gunners de Arsène Wenger hagan lo que hagan en la división de abajo.
Enfrentémoslo: ya este año, para Inglaterra y su fútbol de clubes ganar respeto, se ha perdido. Comiencen a pensar en serio en el próximo. Amén del Manchester City, de los Reds de Jürgen Klopp y del conejo que se pueda sacar de la chistera un Antonio Conte ya despedido. La Premier, en 2018, cerró por derribo.

