
Ana Fidelia Quirot es una de las atletas cubanas que constituye un ejemplo de coraje y superación. Tras un grave accidente regresó a la élite mundial. Foto: Internet.
La vida no se da como uno quiere de manera fácil, ni las personas somos siempre como debiéramos ser. Hasta en lo más hermoso, lo más apacible, hay algo enrevesado.
Debemos estar preparados siempre para enfrentar la adversidad, porque podría limitarnos o llevarnos por el camino de la derrota.
Cuídese del idealismo barato. De ver perfección en todo. Y senderos maravillosos por doquier. La realidad suele dar algunos golpes. José Martí orienta: “Hay que apearse de la fantasía (…)”.
Le ha pasado, y le pasa, a boxeadores, futbolistas, peloteros, voleibolistas, panaderos, torneros, periodistas, trabajadores agropecuarios. A jóvenes y personas adultas mayores. ¿A quién no?
Puede llegar una lesión, ser de mala calidad la materia prima, disgustarse la fuente noticiosa, el ataque de la sequía, el exceso de lluvia, una plaga, hasta un huracán.
A cualquiera le puede ocurrir como a un jugador de cuadro: novena entrada abajo, dos outs, bases llenas, el equipo a la defensa gana por una. Roletazo de frente, una “piedrecita”, la pelota va por encima de la cabeza del fildeador, y entran dos carreras que decretan el revés de su equipo.
No queda fuera lo más íntimo. Quiere usted con pasión y entrega. Y de lo amado no recibe lo mismo. Y otro que es descuidado en detalles y aun elevaciones fundamentales, recibe el cariño superior, el apasionamiento deseado.
En la existencia no queda incólume el querer: dos y dos no siempre son cuatro. Ocurre también en lo laboral, las lides del músculo y otros ámbitos.
Los procesos no marchan eternamente en línea recta. Los espiralazos son ley. Debemos entrenarnos, prever, saber levantarse si hay una tropiezo, capear el temporal, volver a la pelea, y saltar de la derrota aparente a la victoria, sin aferrarse a esta y cerrar los ojos ante la dicha ofrecida.
La guardia en alto y la ofensiva dispuesta. Es la mejor defensa. En las raíces de esta resistencia reside en gran medida la luz del triunfo.
Los caminos son difíciles en cualquier espacio. Sobran los pedazos atravesados. Pero hay remedios: tratar de que no nos sorprendan. Y si aparecen, hay que vencerlos. Ese espíritu, el mismo que posee el movimiento deportivo cubano, es esencial para salir adelante.
