La historia singular de hoy tiene que ver con un atleta que pudo haber sido un buen nadador, pero en cambio se convirtió en una estrella del baloncesto.
Su nombre es muy conocido en el ámbito deportivo, sobre todo entre los amantes del deporte ráfaga. Se trata de Tim Duncan, jugador actual de San Antonio Spurs, en la NBA de los Estados Unidos, la mejor liga del mundo. La curiosidad tiene que ver con que Duncan debe su éxito a un huracán.
De niño, Duncan practicó natación, disciplina muy popular en Islas Vírgenes, por su condición insular. Como él mismo ha declarado a la prensa le apasionaba el deporte de las brazadas.
Pero su afición no duró mucho, porque en 1989, cuando entrenaba con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, el huracán “Hugo” destrozó las instalaciones acuáticas.
Debido a los estragos ocasionados por el fenómeno natural, Duncan tuvo que trasladar la sede de entrenamientos al mar. Pero apenas acudió a las primeras sesiones, pues abandonó el sueño de ser nadador porque temía a los tiburones.
Entonces pasó de la natación al baloncesto, donde en poco tiempo se convirtió en estrella del St. Dunstan’s Episcopal. Luego ganó una beca universitaria en Estados Unidos gracias al deporte ráfaga hasta que logró llegar a la NBA.
El resto de la historia es más conocida. Duncan ha sido uno de los mejores jugadores del mundo desde finales de los 90 hasta la actualidad, además de integrar en varias ocasiones los Dream Team estadounidenses.

