La historia que les proponemos esta vez tiene relación con el boxeo y el paracaidismo. Aunque para decirlo correctamente, vincula al deporte de los puños con un intruso en busca de una popularidad efímera.
El suceso ocurrió hace 22 años en Estados Unidos, exactamente en 1993, cuando se desarrollaba un combate entre los pesos pesados Evander Holyfield y Riddick Bowe, dos colosos del momento. La pelea se pactó al aire libre.
Apenas iniciado el combate aconteció algo insólito. Un hombre quedó colgado en la estructura metálica que sostenía las luces del cuadrilátero. El inoportuno aficionado cayó desde una altura desconocida, ataviado con una especie de paracaídas con propulsión a motor.
El susodicho, de nombre James Miller, permaneció atrapado entre las sogas de su paracaídas y las del ring hasta que el personal de seguridad logró resolver el entuerto.
Mientras el público observaba la inusual escena, la esposa del púgil Riddick Bowe, quien disfrutaba la pelea desde la primera fila, creyó que se trataba de un atentado, se desmayó y ello provocó una mayor interrupción.
Luego la televisión mostró imágenes captadas por las cámaras de seguridad donde se veía al paracaidista-bromista lanzarse desde la terraza de un edificio cercano, con claras intenciones de llegar hasta el ring.
Finalmente se supo que no fue ni accidente, ni atentado, sino fruto del alocado sentido del humor del tal James Miller, quien encontró sus 15 minutos de fama en medio del espectáculo boxístico.

