La historia de los Juegos Olímpicos atesora muchas anécdotas, algunas de ellas poco conocidas por la afición y los especialistas. Una de ellas tiene que ver con el húngaro Alfréd Hajós, personaje a quien se le reconoce por ser el primer campeón olímpico de la natación, pero se obvia otro singular lauro obtenido bajo la sombra de los cinco aros.
La extensa y exitosa carrera de Hajós tiene un primer capítulo relevante cuando en la primera cita olímpica de 1896, en Atenas, Grecia, se coronó en los 100 metros de natación.
Pero lo curioso es que Alfred también fue titular en una modalidad no deportiva, pero en la justa de París, Francia, 1924. El triunfo lo alcanzó en la categoría de Arquitectura, una de las especialidades convocadas a los Juegos Olímpicos de las Artes, que se efectuaron entre la cita de Estocolmo (Suecia, 1912) y la de Londres (Inglaterra, 1948).
Las competencias de “culturales” estaban divididas en cinco modalidades o categorías: arquitectura, literatura, música, pintura y escultura.
Sin duda, Hajos era un hombre con muchos talentos, pues además de ser arquitecto y nadador, practicó atletismo y fútbol, con buenos resultados en cada espacio en que ejerció.

