
Al centro Ronaldo Veitía, entrenador de judo, condecorado con la Orden al Mérito Deportivo. Foto: Tomada de Internet
Existen personalidades que merecen ser reverenciadas eternamente al margen de errores e imperfecciones propias de todo ser humano. Ese es el caso de Ronaldo Veitía Valdivié.
Este hombre indispensable en el deporte cubano guió con sabiduría, durante más de 30 años, a un grupo de judocas que dignificaron el nombre de Cuba en los tatamis más prestigiosos del orbe.
Es tal la trascendencia de su legado que es el único entrenador de la Isla exaltado al Salón de la Fama del Judo Mundial. También, por su impecable trayectoria, ha sido merecedor de la Orden al Mérito Deportivo y de la distinción de Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba.
Por ello cuando la periodista Mirelis del Pilar informó ue este 3 de abril la Universidad de Matanzas, con la aprobación del Consejo de Estado y de Ministros, entregaría la condición de Doctor Honoris Causa a Veitía no dudé en pedirle a la colega concertar esta entrevista con el “profe”, la cual más que un homenaje a su grandeza, intenta arrancarle criterios valiosos sobre éxitos, momentos y decisiones vinculadas a su figura.
Atento y con la humildad de quien solo presume de un tesoro, el cariño de su pueblo, nos recibió en su morada del barrio de Santa María del Rosario, en su natal municipio habanero el Cotorro.
Allí, como si nos conociéramos de toda la vida, inició el diálogo.
Profesor, usted llega a dirigir el equipo nacional femenino de judo en 1986 sin una experiencia previa de trabajar directamente con mujeres. ¿Qué pensó cuando le dieron esa responsabilidad?
Cuando me dieron el equipo nacional femenino de judo yo dije ¡qué clase de candela me han dado!, pero con el tiempo la vida me dio la seguridad para afirmar que mujeres siempre entrenaré, porque ellas me han dado las mayores satisfacciones a mí y al país con sus grandes resultados.
Un denominador común en los métodos de trabajo de los entrenadores cubanos más exitosos de todos los tiempos ha sido la férrea disciplina, en su caso ¿cuáles fueron las reglas inviolables que estableció en ese sentido a sus pupilas?
Yo siempre les decía a ellas y a al equipo de trabajo que la disciplina es capaz de solventar hasta los problemas económicos. Por eso establecí unas cuantas reglas de conductas. Las poníamos a dormir por el mediodía, para verse con los novios tenían que contar conmigo, al entrenamiento no se podía llegar tarde, y a todas les hacía interiorizar que si para lo que las tenía no me servían, entonces para qué las quería. Ellas sabían que debían esforzarse para tener resultados y dar alegrías al pueblo.
En materia de entrenamiento ¿cómo logró en tan breve período llevar a sus discípulas a la cima mundial?
Cuando asumí la dirección del equipo modifiqué casi todo en materia de entrenamiento, porque si se quieres grandes cosas debes ser arriesgado. En aquellos tiempos se decía que las mujeres no podían escalar soga, hacer escalera, planchas, barras, tríceps, y todo eso lo incorporé a la preparación de las muchachas de acuerdo a sus posibilidades, y ellas lo asimilaron muy bien. Todo eso, unido a la disciplina en la planificación de los entrenamientos les dio la calidad necesaria para afrontar los grandes retos internacionales.

Veitía cuando pasó a integrar el Salón de la Fama del Judo Internacional. Foto: Internet.
El mundial de Belgrado 1989 dio a Cuba el primer título del orbe por intermedio de Estela Rodríguez, y tres años más tarde Odalis Revé se convierte en nuestra primera campeona olímpica en el debut oficial del judo bajo los cinco aros ¿cómo recuerda esos dos momentos y qué obstáculos hubo que vencer para llegar a ellos?
En el caso de Estela te voy a hacer una anécdota. A nosotros no nos vestía ninguna marca deportiva por los pobres resultados que hasta entonces lográbamos, y por la confianza que yo le tenía a ella como atleta le dije a mi amigo Eugenio George que la tenía que llevar al mundial sin un vestuario y él me consiguió un módulo de ropa deportiva.
Fue así como Estela pudo ir a la premiación con un traje Misuno para recibir el campeonato. Eso te da la medida de los escollos que tuvimos que ir venciendo y de la enorme felicidad que sentimos tras esos éxitos.
El mundial de Birmingham 1999 marcó a mi consideración el punto clímax de una gran rivalidad a nivel colectivo entre cubanas y japonesas, pues tras tres coronas consecutivas de las nuestras en Copas del Mundo, ambas selecciones acapararon siete de los ocho pergaminos dorados en disputa. ¿Cómo recuerda esa rivalidad de sus pupilas con las niponas?
Con toda modestia puedo decirte que llegué a ser el entrenador con más victorias de sus atletas sobre las japonesas, en Chiba 1995 le ganamos el campeonato mundial en su propia casa, las derrotamos en el medallero de unos juegos mundiales universitarios, en la olimpiada de Sídney 2000 y el torneo planetario de El Cairo 2005.
Por ese motivo me llegaron a tener mucha tirria*, pero en sentido general las niponas son buenas perdedoras, amables y tienen mucha consideración por el judo femenino cubano.
Aún con todos esos éxitos, a las cubanas se les hacía muy difícil vencer a las asiáticas en sentido general, y si hoy la cosecha de títulos de nuestro país no es mucho mayor es por el obstáculo que han representado las exponentes de ese continente. ¿Qué factores incidían en ello?
En primer lugar allí nació este arte marcial, y en segundo las asiáticas son muy complicadas para todo el mundo, no solo para las cubanas. Además, la masividad y popularidad de esta disciplina, por ejemplo, en Japón es enorme.
En esa nación existen alrededor de cuatro millones de practicantes solo en el sector femenino, que si lo comparas con los mil 500 de Cuba la diferencia es abismal, eso sin sumar el gran poder económico que tienen para desarrollar el deporte.
También puedo decirte que nadie en el planeta creía que mujeres de este país, en su mayoría negras, pudieran ganarle a las estelares japonesas, y en muchas oportunidades no tuvimos resultados superiores porque quienes dirigían el arbitraje nos perjudicaban.
Con total certeza puedo decir que si se hubiera sido más justo en los veredictos de muchas presentaciones de nuestras muchachas el botín de medallas de todos los colores fuera mayor.
Ahora que habla de injusticias me vienen a la mente dos casos en los que resultó evidente el despojo a nuestras judocas, el de Yurisleidis Lupetey contra la tunecina Nesria Jelassi en las olimpiadas de Beijing 2008 y el de Yalennis Castillo en la final de los 78 kilogramos de esa propia cita. ¿Cómo asimila Veitía ese tipo de veredictos?
Eso nos es fácil de asimilar, solo te digo que cuando uno gana puede soñar, pero cuando yo perdía no podía dormir. Imagínate el dolor tan grande que sentía, porque uno es atleta y sabe que la derrota es parte del deporte, pero perder por una injusticia te genera una impotencia incomparable, pues cuando la honestidad se pierde no aparece la verdad por ninguna parte y se lacera la imparcialidad, y fueron varios los golpes de este tipo.

Veitía formó a la generación más laureada del judo femenino cubano. Foto: Internet.
Los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 rompieron la cadena de títulos del judo femenino bajo los cinco aros. Considero que dos combates marcaron esa cita para Cuba, el revés de la favorita Amarilis Savón a falta de tres segundos para terminar su combate semifinal ante la japonesa Yuki Yokosawa y la increíble derrota de Daima Beltrán en la final frente a la también nipona Maki Tsukada. ¿Qué hizo Veitía en ese momento para levantar la moral de dos campeonas que se sentían derrotadas y reabrir un nuevo camino de trabajo hacia Beijing 2008?
Uno tiene que tener la capacidad pedagógica de poder salir de los malos momentos, hay que volver a estimular a esa muchacha, decirle donde estuvieron los errores sin recriminarlas y agradecerle por toda la garra que pusieron en pos de la victoria en el combate.
Muchas de ellas no me querían ni mirar a la cara tras una derrota, y yo les hacía entender que esas cosas pasan y forman parte de la vida de una atleta.
Nosotros los cubanos somos exigentes y tenemos la mentalidad de que solo el oro vale y no le damos realce a las platas ni a los bronces en esas grandes competencias. En Atenas ganamos cinco preseas, una plateada y el resto bronceadas, y muchos dirigentes de la delegación se acercaban a ellas y no las felicitaban, y cuando lo hacían era entre dientes. Eso nos dolía mucho.
A propósito de que hace referencia a la crítica, la prensa siempre acompañó los éxitos del judo femenino pero también fue dura cuando los resultaron dejaron de ser los de antaño, al punto que en una ocasión usted respondió públicamente a un artículo de uno de nuestros periódicos. ¿Qué lo molestó tanto en ese caso en particular?
En ese artículo mostré mi inconformidad con los argumentos expuestos y se me ofrecieron excusas, pero no se trata de pedirme disculpas a mí sino a aquellas atletas que nadie sabe que trabajos pasan ni que sacrificios deben hacer para bajar de peso, superar situaciones personales, e incluso sobreponerse a desatenciones materiales que realmente merecen por sus resultados.
Solo pido a la prensa que se respete el dolor de la derrota porque cuando ganamos todo es alegría y triunfalismo y cuando se pierde no existe la comprensión ni el acompañamiento a ese gran dolor de las atletas.
La fidelidad a la Patria siempre fue una cualidad inalienable de sus judocas, sin embargo dos casos estremecieron a los amantes de este deporte, la deserción de la doble campeona mundial Yurisel Laborde previo a las olimpiadas del 2008, y la de la jovencita Gusmary García llamada a ser el relevo inmediato de la extra clase Idalys Ortiz. ¿Cómo asimiló esos abandonos?
Eso a uno siempre le duele muchísimo, pero también creo que cuando ocurren esas deserciones debemos preguntarnos cuánto de culpa tenemos en ello los que podemos resolver los problemas y necesidades de los atletas teniendo posibilidades y no lo hacemos.
Nunca justificaré la traición, pero en el caso de Laborde hubo cuestiones de malos procedimientos, porque siendo cuatro veces medallista del orbe, cuando preguntaba por un vehículo que merecía la contesta nunca fue la mejor, y como eso pudiera decirte muchas otras cosas.
El caso de Gusmary fue distinto, y existen varias muchachas que pueden ser el relevo de Idalys, aunque siempre digo que su relevo será difícil de encontrar, porque Idalys es el paradigma del equipo.
El relevo generacional siempre ocurrió con naturalidad en el judo femenino. Por ejemplo después de una Estela hubo una Daima y luego una Idalys, y tras una Maritza Pérez hubo una Legna y más tarde una Bermoy. ¿Qué posibilitaba tener una figura sustituta de tanta calidad como la titular de cada peso en el equipo nacional?
Uno de los factores por los cuales dejé el equipo fue el relevo generacional, un aspecto vital para sostener los resultados del judo en Cuba. Por lo que cuando se comenzó a proceder de manera ilógica respecto con eso que siempre nos permitió tener reservas de talla mundial, y no se aprobaron acciones que garantizarían la cantera para el futuro, decidí regalarles mi ausencia a quienes no deseaban mi presencia. Y al final, sin ánimos de cuestionar el trabajo de nadie, ahí están las consecuencias.
Para hombres de su estirpe que han edificado una obra tan exitosa es difícil pensar en el retiro, ¿sólo eso lo llevó a decir adiós al equipo nacional?
Pudiera decirte muchos datos de los logros de nuestro equipo femenino a todos los niveles para dar una idea del tamaño de la obra que construimos, una obra que no se consideró. Por eso cuando comencé a ver las decisiones absurdas que se tomaban decidí marcharme, pues tengo el derecho a no hacer lo que otros quieren que haga contra mi voluntad.
Deseo que el judo avance, y calidad hay en las muchachas para hacerlo, pero la política de cuadros no se hizo correctamente y la vida lo ha demostrado, en dos años han cambiado a tres jefes de entrenadores en el equipo.
El judo femenino cubano en su tiempo se caracterizó por la fuerza en cada una de las divisiones, a tal punto que en el mundial del 2001 llegamos a ser el único país que incluyó en medallas a todas sus representantes. ¿Por qué ahora no es así?
Éramos tan fuertes que nuestro equipo tiene campeonas mundiales y medallistas olímpicas en todas las divisiones, y ganó la totalidad de los oros disputados en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata y en dos campeonatos continentales. No te puedo decir lo que se está haciendo ahora ni quiero dar consejos, porque dice un refrán que consejo se da cuando te lo piden, y a mí no me han pedido ninguno.
En la década de los noventa e incluso a principios de este siglo nuestras judocas apenas permanecían en Cuba por la cantidad de competencias que tenían en el exterior. ¿Por qué entonces se podía competir tanto en el extranjero, incluso en pleno período especial, y ahora resulta tan complicado?
En cuanto a eso debo precisarte que varios de los campos de entrenamiento que se resolvían eran por la cantidad de amigos que teníamos. Por ejemplo antes del Villa de París entrenábamos en dos ciudades francesas gracias a compañeros que nos prestaron ayuda durante 18 años, y quienes luego nos llevaban a competir a Bélgica sin cobrar un centavo y pagando las cuotas de inscripción de nuestras muchachas. Tras el evento nos devolvían a Francia para participar en el torneo parisino.
Después seguíamos por Europa, con el mismo dinero que nos daban acá, y el apoyo de los amigos en Alemania, Austria, Hungría, porque era tanta la admiración por el equipo cubano que todos nos querían en sus campos de entrenamiento.
Consideras que existió o existe una escuela cubana de judo. Si la hay ¿qué peculiaridades la diferencian de otras?
Nosotros demostramos que si la hay, y la distingue la valentía, el coraje, la asimilación de las cargas planificadas y la disciplina.
Tras el retiro cómo es la relación suya con sus alumnas.
Es muy buena, le agradezco especialmente a Idalys Ortiz la cual cada vez que gana una medalla la dedica a su profesor Veitía. También mantengo contacto con Lupe, Estela, Daima y muchas otras. Las bien agradecidas nunca se olvidan de quien les dio la mano.
¿A qué se dedica Veitía tras el retiro?
A escribir e impulsar el proyecto comunitario Primavera con niños y adolescentes aquí en Santa María del Rosario, y agradecido de recibir estos reconocimientos que se me entregan.
Extrañas estar al lateral del tatami dando indicaciones a tus discípulas como antaño.
Siempre se extraña, pero ya no estoy para eso, porque me alteraba mucho. No obstante, por que lo extraño es que ahora me dedico a enseñar judo a los niños.
Con el transcurso de los años y al contemplar la gran obra que ayudó a construir para los cubanos ¿cuál es su mayor orgullo?
Mi mayor orgullo es el agradecimiento y el cariño del pueblo y de mis alumnas.
*Sentimiento de antipatía que una persona siente hacia alguien o algo, especialmente cuando es injustificado o irracional.

Gracias Luis por la entrevista a este profesor que aportó tantas glorias a nuestro judo y deportes. Se le extraña por tv verlo siempre cargado de emociones desde la esquina de los entrenadores. Él es parte de nuestros mayores orgullos deportivos.
Luis es bueno leerte. Lo que bien se aprende no se olvida.