Enviemos siempre un mensaje de aliento (II y Final)

El tricampeón olímpico Mijaín López. Foto: Internet.

El caso del taekwondoca Ángel Volodia Matos en Atenas 2004 es otro ejemplo del tema que desarrollamos en estas líneas. Transcurría la pelea preliminar. Iba 3×2 cuando el cubano se lesiona. Acude al médico. El árbitro aprovecha para levantar el brazo del adversario. Al instante se agigantó la indignación de la víctima, quien había sufrido intentos de soborno para que cediera.

El criollo patea al corrupto juez. Él y su instructor son expulsados del olimpismo para siempre. Ambos se sienten esquivados por los de sus propias filas.

El alma del movimiento atlético cubano, sin estar de acuerdo con la reacción de Volodia, en una de sus reflexiones se dirige a las raíces, comprende y no abandona a los castigados. Más que defenderlos, sin amarrarse a los motivos, ataca la causa real.

Fidel alude la maldad tan alimentada en el planeta, de la cual no se salva ni el  olimpismo. Quien tenga algo de raciocinio y un corazón sensible de verdad se preguntaría como él: “¿por qué no se investiga y sanciona a quiénes trataron de comprar al taekwandoca, campeón olímpico incluso de  Sydney 2000 o por qué no se efectúa una ofensiva contra esa mafia antideportiva?”.

A las 16:26 p.m. (hora de La Habana) del 16 de junio de 2008 nuestro atleta mayor lanza sobre el papel su sentir y pensar acerca de la actitud agresiva de no pocos respecto son la labor  de la selección nacional de pelota. “Tronó la indignación de los fanáticos por el duro revés del domingo. Eso lo dice todo: ¡fa-ná-ti-cos  Pero se olvida que ahora están en Corea del Sur, país donde ni siquiera tenemos una embajada, y en el que continúan preparándose nuestros atletas”, comentó el Comandante en Jefe.

“No son ellos, en todo caso, los que merecen las mayores críticas si algo no salió bien. Van a unos Juegos Olímpicos que tendrán lugar al otro lado del mundo, donde las horas del sueño y el ritmo de vida se cambian. Tienen un programa de preparación física intenso, todo con vista a la última participación de ese deporte en las Olimpiadas, porque así lo determinan los ricos y poderosos amos del olimpismo. Ellos no han sido vencidos. No los desalentemos. Enviémosles un mensaje de aliento”, recalcó.

Antes de continuar con lo expresado por el Soldado de las Ideas en aquella ocasión, traigo su visión a los momentos actuales. ¿Son nuestros peloteros los culpables de su declive? Mucho antes se entrelazaron los orígenes de ese dolor: efectos del  bloqueo y errores propios de los directivos de la disciplina y más allá. Pero de esos asuntos escribiré en un artículo próximamente. Eso sí, nuestros muchachos del jonrón y los ponches no han sido tratados correctamente desde hace mucho tiempo y, ahora, no han recibido el aliento necesario. A veces ni los reciben. O sí, reciben latigazos.

Vuelvo al escrito fidelista. “¿Por qué no esperamos el final de las Olimpiadas para discutir a fondo y de forma verdaderamente democrática la responsabilidad de todos los que tienen que ver con el deporte cubano?”.

Asimismo, cuando tantos callaban y otros denostaban sin fundamento y echaban las culpas a quienes no las tenían, fue el primero en expresar claras opiniones ante el bajón en la magna cita Beijing 2008: “(…) nos hemos dormido sobre los laureles. Seamos honestos y reconozcámoslo todos. Revisemos cada disciplina, cada recurso humano y material que dedicamos al deporte. Debemos ser profundos en el análisis, aplicar nuevas ideas, conceptos y conocimientos”, apuntó en aquel entonces.

Es cierto que Yipsi Moreno ascendió al descubrirse el dopaje de la martillista aparentemente ganadora y que con ese tercer galardón  dorado escalamos al puesto 18. No obstante, lo  planteado por Fidel sigue válido y cabe a lo ocurrido en los panamericanos de hace dos años.

En relación con esto expresé en diversos artículos: “En cuanto a la más reciente fiesta continental, Toronto 2015, es preciso reconocer que se incumplió, sobre todo, con lo pronosticado, sin investigar la causa del  retroceso. No se revisó cada disciplina, cada recurso humano y material, no se analizaron democráticamente estos asuntos, de la base a la altura y no solo en lo deportivo, ni se aplicaron nuevas ideas, conceptos y conocimientos como se debe”, enuncié.

Por primera vez desde Cali 1971 bajamos del segundo lugar, una delegación latinoamericana, la brasileña, nos superó y no llegamos a 50  alegrías máximas cuando lo hicimos desde 1975 de forma ininterrumpida. Principales clasificados: Estados Unidos (103 medallas de oro, 81 de plata y 81 de bronce), Canadá (78-69-70), Brasil (41-40-69), Cuba (36-27-34), Colombia (27-14-31) y México (22-30-43).

Canadá y Brasil nos han sobrepasado eternamente en cantidad de habitantes y en recursos económicos y no sufren de un cerco terrible: el bloqueo. A pesar de ello, los dejábamos detrás sin dejar de sostener en alto la solidaridad, terreno esencial donde si somos campeones, y la atención a las capas más débiles de nuestra población, los derechos humanos, la salud y la educación para todos en primera línea.

Mas sería erróneo ocultar las debilidades propias, con gran peso en las grietas, ni iluminar con las más descollantes actuaciones nuestras. “Tenemos que levantar, no poetizar las caídas”, escribió José Martí.

Sí, hay que analizar y censurar lo que creamos incorrecto en cualquier sector, a partir de la objetividad, sin decir nuestra verdad, sin dejar de oír la de otros, especialmente de los que se mantienen dignos.

La crítica demoledora y la fusta sobre los que no son culpables no son propias de la sociedad que edificamos. Y no debemos ahorrar el aliento, el impulso  —con el fin de que no se amilane y continúe en la brega—, para quien lo merezca a pesar de haber caído.

Ver también:Enviemos siempre un mensaje de aliento (I)

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