Esa aventura sabrosa de ir hacia nuestras raíces deportivas (III y final)

boxeoNo debemos confundir profesionalismo con profesionalidad. El primer término significa cultivo o utilización de una actividad como medio de lucro. Lucro: ganancia o provecho que se obtiene de algo, especialmente de un negocio.

Actualmente, el sector está supermaculado: Don Dinero mandando, robo de músculos, gran empujón al dopaje dígase lo que se diga, espectacularidad por encima de lo deportivo, uso como droga para separar a las masas de sus problemas y vitaminar lo peor del ser.

Muestra terrible: el boxeo ¿amateur…? Cada día más convergente con el monstruo rentado y su llamada Serie Mundial cual Caballo de Troya, al que hay que ir o las posibilidades de acceder a las grandes competencias serán harto difíciles.

Golpean la eliminación de la cabecera, mayor cantidad de rounds, más lentitud en parar las peleas, a pesar de las malas condiciones de uno de los contrarios, mercenarios sin preparación luchan por la plata representando a países donde no nacieron, publicidad burda, machismo…

Ya llegarán guantes más pequeños, más capítulos todavía y diferentes trucos para hacer gran daño, como arribó la entrada recién de los pugilistas pagados al olimpismo.

Profesionalidad: eficacia en la propia profesión, calidad de profesional. Admiremos la profesionalidad, su rigor, entrega, el aumento de las oportunidades y no el lucro por los negocios del profesionalismo.

René Maheu, cuando ocupaba el máximo puesto de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), mandó a quitarse las máscaras al expresar que las contiendas deportivas habían ascendido tanto que era imposible prosperar en el alto rendimiento sin dedicarse a él plenamente, y los grandes ases o eran deportistas de organismo o empresas (capitalismo) o del estado (socialismo).

De igual forma, no veía indignidad en que fuera una profesión pues ¿acaso los bailarines, los poetas, los músicos, los cineastas, los pintores… no cobran por sus obras?

Pierre de Coubertin no era un santón del amateurismo. Con objetividad señaló: “(…) pasaron los tiempos en que podía pedirse a los atletas que se pagasen sus viajes y alojamientos (…) ¿Otra vez el amateurismo?

“Los ingleses, sobre todo, se muestran encarnizados al respeto. Trátase en suma de una barrera social de preocupación de casta… y se me antoja tan pueril todo esto con el hecho de haber percibido algún dinero, como el proclamar por las buenas que el sacristán de la parroquia es necesariamente un incrédulo porque percibe una retribución para asegurar el servicio del santuario”.

Sabía que esa rigidez iba en contra de las mayorías: únicamente serían olímpicos quienes tuvieran recursos. Fue capaz de advertir que “(…) ahora debe hacerse (el deporte) completamente accesible al adolescente proletario. Todos los deportes para todos. Esta es la nueva fórmula, de alguna manera utópica, a cuya realización debemos consagrarnos”.

No es igual poder entregarse al deporte de su elección, vivir para el deporte y no del deporte, porque el pueblo lo quiere, lo permite y lo festeja (nuestro caso), que la actividad manchada de diversas regiones.

Estamos en una época de fealdad exagerada; no es la civilización soñada pero es la que es. Mundializada, en gran medida, la maldad. Fuerzas hay que batallan porque la bondad triunfe. De ese combatir no quedan fuera las contiendas del músculo tan mercantilizadas. Debemos beber en las aguas más cristalinas del pasado sin taparnos los ojos, y tributar lo más límpido de las creaciones actuales.

José Martí enseña, con los pies sobre el piso y sin negar las alas que evitan que el lodo nos devore: “¡Hay que apearse de la fantasía…y alzar por el cuello a los pecadores…”. Ese levantar incluye el convencimiento, argumentar para vencer lo salvaje. Fidel Castro llama a ir a la vergüenza de los seres humanos.

También, con sentido del momento histórico, convoca a cambiar lo que deba ser cambiado, que no significa soslayar los valores. Para las lides atléticas señala: “Hay principios que están por encima de todos los demás, están por encima, incluso, de todas las medallas de oro…”.

Creer que con la remuneración y las contratas está todo resuelto es un grave error. Aparecerán nuevas complicaciones, aunque la decisión está sustentada en que se recibirá “(…) lo que corresponde según su trabajo”; pues los ingresos del atleta “(…) dependen de los resultados alcanzados (…)”.

Asimismo, debe cumplir con su actuación en las selecciones del país y “(…) tiene la posibilidad de contratarse en equipos en el exterior, protegido por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación y las Federaciones Deportivas, sin ser tratado como una mercancía” y será comprendido en la seguridad social, según documento oficial.

Nuestras muchachas y muchachos jamás serán vendidos al mejor postor, nunca estarán solos en un ambiente tan infestado: robustecerán fogueo, oficio, profesionalidad, incrementarán su economía, aportarán un porcentaje de sus ingresos a la patria y la seguirán representando en el contorno internacional.

Imprescindible: más calidad en su formación integral y en la atención espiritual a la par que la material. Los directores técnicos, los entrenadores deben ser, ante todo, forjadores: no pueden circunscribirse a aumentar la fuerza o la rapidez.

Agresión que no finaliza

El bloqueo lesiona al béisbol más allá de las dificultades en la adquisición de los implementos y el encarecimiento a los que arroja. Los yanquis lo agredieron a inicios del triunfo insurreccional: retiro de la franquicia a los Reyes del Azúcar (8 de julio de 1960).

Igualmente, prohibieron la inclusión de peloteros norteamericanos en el clásico profesional y su quehacer en Cuba formando parte de cualquier conjunto, despojaron a La Habana de la sede de la Serie del Caribe correspondiente a la temporada 1960-1961.

La provocación y el ataque más sólidos desde el inhumano sitio: los peloteros cubanos son los únicos del mundo que para jugar en las Grandes Ligas tienen que renunciar a su patria.

Ahora, cuando hemos logrado un enfoque propio de los tiempos, sin renegar de nuestras esencias, el cerco sigue lesionándonos al imposibilitarnos obtener experiencias, fogueo y bienestar económico en la mejor pelota del mundo.

Debemos contentarnos con torneos de menor estatura. La negativa perjudica del mismo modo a las Mayores: han tenido históricamente el mayúsculo suministro foráneo de calidad desde la isla caribeña.

Prefiero terminar con los conceptos finales expresados en mi escrito El gran salto de las lides del músculo, actualizado ahora, presentado en varias reuniones analizadoras de temas históricos y publicado en la página web Calibán y en la Enciclopedia Cuba, historia y sociedad, de la Editorial Gala.

Se batalla en una sociedad compleja y asediada, aunque recientemente, como triunfo de nuestra lucha y resistencia, Estados Unidos se vio obligado a establecer relaciones, sin que quitara el bloqueo y otras barbaridades. Sus peores círculos intentan envilecernos y derrumbarnos con manjares -¡cuánto veneno traen!- y el garrote presto.

Nuestro movimiento deportivo, el más puro del mundo, es perfectible: sin dogmatismo, debemos transformarlo y rescatarlo, y preparar el alma de los protagonistas para vencer la perversidad estén donde estén. En Cuba, el deporte siempre será un derecho del pueblo.

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