
Si demandamos tanto modernizar y hacer avanzar nuestro periodismo con los tiempos que vivimos, se debe todavía cambiar mentalidades sobre temas que hoy son tabú. (Diseño: Gilberto González/Radio COCO)
Señores, la bola escondida es una de las jugadas más sorpresivas y raras de la pelota. Y eso que la vimos varias veces en los Panamericanos de Toronto 2015, como para que no se nos olvide que esta artimaña existe. Yo, a nivel de juego, la prefiero. Sobre todo porque soy de aquellos que sin repertorio ni velocidad, me arriesgo cada año en los Juegos Caribe como lanzador… y créanme, que si esta jugada sabes hacerla bien, te ahorras algunos problemas.
No obstante, hay otros entornos en los que se esconde la bola de igual manera. O al menos se trata, lo que ya de una forma digamos que…menos elaborada. Cada vez que me veo espectador de una situación de estas me siento en presencia de ese personaje que Zumbado bautizaría como Chapuzio. Y es que igualmente sucede con el deporte. Veamos.
Hasta hace poco tiempo, resultaba quimera ver en la televisión cubana peloteros de nuestro país en Grandes Ligas. La distensión llegó con el último Clásico Mundial, y aunque demoró en asentarse la mentalidad, me sentí muy complacido cuando me enviaron un sms en medio de la noche dominical diciéndome “pon Tele Rebelde, que esta bateando Rusney Castillo”.
Genial, me dije, y salí disparado para el televisor. Debo decir que, aunque no lo vi batear, a la defensa los tres outs salieron por su zona. Lo vi jugar. Luego vi una jugada de Pito Abreu, y me comentaron de otras cosas, por lo que me sentí feliz. El muro se derrumbaba, para beneplácito de quienes no podían ver a estos jugadores ante la imposibilidad de adquirir el llamado “paquete semanal”. Y para alegría mía también, fan de los deportes por ver como poco a poco se abandonaba una tendencia lesiva para el disfrute del espectáculo.
No obstante, todavía hay cosas que no me quedan muy claras. La bola me la siguen escondiendo; o mejor dicho, tratando. Últimamente no puedo ver un partido de fútbol sin que me pongan en “mute” (silencio) cada vez que hablan del fichaje de jugadores, de los traspasos que son tan comunes en este deporte y lo oxigenan generando miles de noticias al día.
Caballeros, el mundo funciona así. Sin capital no se puede mover el mercado. O sea que para saber como fulanito de tal llegó a un equipo, inevitablemente se debe dar la suma. Puede que sea escandalosa, puede que no. ¿Cómo acaso podemos saber por cuánto contrataron a Yulieski Gurriel en Japón en su debut pero no el precio del fichaje de Jackson Martínez? ¿Porque uno es cubano y el otro no? ¿Porque la suma no se compara? ¿Complejo de inferioridad?
Al final, todo se sabe. Con la llegada del internet a través de las zonas wifi de reciente creación y la aún potentísima preeminencia del paquete, tarde o temprano los números salen a relucir. ¿O de veras creemos que todo ciudadano con acceso a internet por esta vía lo único que hace es crearse un perfil en Facebook?
Si demandamos tanto modernizar y hacer avanzar nuestro periodismo con los tiempos que vivimos, como decimos en cada congreso de la UPEC, ¿por qué seguimos escondiendo la bola? A este paso, el out 27 nos lo sacaremos nosotros mismos en medio de un corrido suicida.
