Fidel Castro, el atleta mayor, aún ilumina al movimiento deportivo cubano (I Parte)

La Serie Nacional de Béisbol, fundada en 1962 debía sustituir al Campeonato Profesional en el amor de la afición. Para ello Fidel trazó la estrategia, intervino en aperturas, juega en infinidad de ocasiones, adapta el lenguaje, crea. Foto: Reuters.

Emilio Correa fue eliminado por el venezolano Pedro Gamarro en los octavos de final de los 67 kilogramos en  los Juegos Olímpicos de Montreal 1976. Al  recibir la delegación, Fidel Castro indaga por el púgil. Le dicen que como había perdido lo enviaron para Cuba antes de la clausura de la lid. Alecciona el líder: a quien ha dado tanta gloria no se le puede tratar de esa manera. 

Alfredo Duvergel: aventaja a su oponente en el último capítulo de la final de los 71 kilos en Atlanta 1996.  Reid lo adivina y pone a dormir a 36 segundos del gong. Al retorno de la representación, el Comandante en Jefe reconforta al subtitular con frases que ponderan la vergüenza del joven: caíste peleando, sin dar un paso atrás. Gancho al hígado de quienes dieron la espalda al boxeador pensando más en el oro que en el atleta.

El 16 de junio de 2008, el líder escribe su sentir acerca de la actitud acre de muchos respecto con el equipo nacional de béisbol. Cito: “Tronó la indignación de los fanáticos por el duro revés del domingo. Eso lo dice todo: ¡fa-ná-ti-cos!.

Luego, define: “No son ellos, en todo caso, los que merecen las mayores críticas si algo no salió bien. Van a unos Juegos Olímpicos que tendrán lugar al otro lado del mundo, donde las horas del sueño y el ritmo de vida se cambian. Tienen un programa de preparación física intenso, todo con vista a la última participación de ese deporte en las Olimpiadas, porque así lo determinan los ricos y poderosos amos del olimpismo. Ellos no han sido vencidos. No los desalentemos. Enviémosles un mensaje de aliento. ¿Por qué no esperamos el final de las Olimpiadas para discutir a fondo y de forma verdaderamente democrática la responsabilidad de todos los que tienen que ver con el deporte cubano?”.

Traslado esas palabras a los momentos actuales. ¿Son nuestros peloteros los culpables del declive? Mucho antes se entrelazaron los orígenes de este: los efectos directos e indirectos del  bloqueo económico, comercial y financiero, y  errores propios de  los  directivos de la disciplina y más allá, desde la labor de los “niños genios” hasta la obligada retirada de “viejos tan jóvenes”. Ah, y algunos de nuestros muchachos del jonrón y los ponches no han recibido siempre el aliento necesario.

Incluyo la atención directa a quienes se lesionaran o tuvieran otras fatalidades. El hecho más connotado es el de Anda Fidelia Quirot. A fines de 1991, un accidente doméstico  la colocó al borde de la muerte. A su lado, desde el principio, asegura Fidel que para salvarla “… se juntaron dos cosas: un milagro de la ciencia y la técnica con un milagro de la voluntad humana…”. Ponce 1993, subcampeona en los 800 (2:05.22 minutos). Atlanta 1996, plata con 1:58.11. Se retira como campeona mundial en 1997 (1:57.14) y antes lo había logrado también en 1995 (1:56.11).

Inicio del gran salto del sector deportivo. Fidel se reúne en el Coliseo de la Ciudad Deportiva habanera, el 29 de enero de 1959, con representantes de instituciones y personalidades muy relacionadas con las lides del músculo. Deportista destacado, sabe que la cultura física “… es fuente de voluntad, constancia, vigor físico y agilidad mental” como sostiene en el encuentro. Ahí está la esencia: para edificar la nueva sociedad es indispensable que florezcan dichas cualidades en la ciudadanía”.

Convoca e ilumina sobre lo que ocurría hasta entonces: “El resultado obtenido por Cuba en lides internacionales es vergonzoso… No me luce correcto que los héroes  del deporte, nuestros campeones, queden después en la miseria…. Construiremos miles y miles de campos (deportivos) en toda la República… Es necesario inundar todos los rincones de la Isla con implementos deportivos…”., dijo.

Fidel Castro junto al bicampeón olímpico Alberto Juantorena. Foto: Internet.

El gran salto deportivo

Luego de 1959 empiezan a insertarse en la esfera las mujeres, los proletarios, los campesinos, los pobres, personas negras, en fin, toda la sociedad.

Pero temprano la ofensiva yanqui se dirige al corazón: retiro de la franquicia a los Reyes del Azúcar (Cubans Sugar Kings) (1960); prohíbe que sus jugadores actúen en el clásico cubano, nos despoja de ser el escenario de la Serie del Caribe del 1961. Ya con el bloqueo, impone a los peloteros cubanos renunciar a su nacionalidad para pertenecer a las Ligas Mayores.

El Comandante había declarado a la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas (22 de abril de 1959): “…queremos que (los Sugar Kings) se queden en Cuba y lo que es más, queremos hacer un equipo de Grandes Ligas…”.

La situación obliga a  cambiar las señas. Contraofensiva con la Serie Nacional de Béisbol (1962). Debe sustituir al Campeonato Profesional en el amor de la afición. Fidel traza la estrategia, interviene en aperturas, juega en infinidad de ocasiones, adapta el lenguaje, crea.

Reina el espíritu mambí de nuestros representantes durante el Mundial de Costa Rica, en 1961. Quieren regresar, enfrentar a los mercenarios en Playa Girón. Se les persuade: luchen allí y retornan vencedores e invictos.

Los gringos continúan dañándonos cuando hemos alcanzado un enfoque propio de la época sin renegar de los principios, compelidos por una compleja y menos hermosa realidad. Nos impiden obtener experiencias y bienestar económico en la más vigorosa liza beisbolera del orbe. Prefieren sonsacar y birlar, sin importarles los riegos que corran los robados. Debemos conformarnos con los contratos en organizaciones de más bajos estímulos deportivos y salariales.

San Juan, Puerto Rico. Juegos Centroamericanos de 1966. Los enemigos obstaculizan la asistencia de la Isla. El Cerro Pelado transporta la delegación; el ardid es forjado por el Comandante: la esperan por vía aérea y los sorprenden por la marítima. Aviones de Estados Unidos sobrevuelan la embarcación cubana. Amenazan.

Allí leen y aprueban la Declaración del Cerro Pelado. Merodean tiburones, Los deportistas saltan a las lanchitas. Desembarcan, desfilan, lidian. Al regreso, Fidel Castro recibe a la Delegación de la Dignidad en alta mar.

El Crimen de Barbados. Barbarie cometida por asesinos creados, organizados y pagados por el imperialismo, quienes sabotearon un avión de Cubana, el 6 de octubre de 1976.

El 15 de ese propio mes, Fidel despide el duelo de las víctimas, en su mayoría, del equipo vencedor en el Campeonato Centroamericano de Esgrima: “Nuestros atletas sacrificados en la flor de la vida y de sus facultades, serán campeones eternos en nuestros corazones; sus medallas no yacerán en el fondo del océano, se levantan ya como soles sin manchas y como símbolos en el firmamento de Cuba”.

Continuará…

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