Hacia Barranquilla 2018 (I Parte)

Ismael Borrero convirtió la derrota en victoria. (Foto: Internet)

El deporte cubano enfrentará un duro reto en Barranquilla 2018. En la foto: Ismael Borreo, campeón olímpico y mundial. Foto: Internet.

Antes de iniciar un viaje al pasado, iremos al futuro. Del 19 de julio al 3 de agosto de 2018 la ciudad colombiana de Barranquilla acogerá la edición XXIII de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Difícil batalla enfrentará el movimiento deportivo cubano, aun cuando comienza con optimismo el actual ciclo olímpico con la meta suprema situada en el año 2020.

La confianza llegará a tierras niponas fortalecida si se realizan los cambios necesarios para la etapa, sin pasos lentos ni velocidad supersónica, en la base y la altura.

Tampoco debemos realizar cantos desafinados y promesas desde plataformas débiles. Cerebro frío y corazón ardiente: que lo gélido del análisis no nos congele, ni el fuego del pecho traiga incendios.

Primero caminemos de brazos con la historia. La justa centroamericana fue concebida para robustecer los lazos de hermandad de los pueblos del territorio y preparar a sus deportistas con vista a la magna cita.

En la octava justa bajo los cinco aros, efectuada en París 1924, los delegados de la región firmaron, con fecha del 4 de julio, una carta y el inicio de la lid centrocaribeña para 1926 en Ciudad de México, con La Habana como sede de la segunda edición en 1930.

En los terceros, en 1935, fue San Salvador la ciudad agraciada, aunque estos debieron realizarse un año después de la fecha oficial debido al terremoto sufrido por esa nación en junio de 1934. Además fue en tierras salvadoreñas donde se acordó agregar “del Caribe” para concretar la participación de esas islas.

Si bien la justa ha cumplido con los objetivos planteados por sus organizadores, no debemos ocultar los escollos encontrados en su andar: cambios de escenario debido a las agonías económicas: la cita de San José 1945 fue asumida finalmente por Barranquilla; y en 1954 Ciudad de Panamá no pudo ser anfitriona y Ciudad de México asumió.

También es innegable el uso cual cortina de humo de la segunda edición, con la que trató de ocultar la tiranía sus crímenes en Cuba. Este uso del deporte como droga, el real opio de los pueblos si es instrumento para estos fines.

Por supuesto, esto no solo ha ocurrido La Habana de 1930, pues recuerden aquel mundial de fútbol de 1978 donde venció Argentina mientras su pueblo sufría la dictadura militar, y gran parte de lo mejor de él era torturado y asesinado a poca distancia del estadio principal.

Quien tenga dos dedos de frente sabe quiénes monopolizan la mayor parte de esas culpas: los mismos que trataron de impedir la actuación de Cuba por ser socialista en la cita de San Juan 1966 o han estado detrás de un clima de antideportividad, más bien antihumano y agresivo, por razones parecidas, que han impedido la participación de la Mayor de Las Antillas al no encontrar las garantías necesarias para su representación en San Salvador 2002 y Mayagüez 2010. Ese Tío Sam y sus títeres nunca han dejado de molestar.

Continuará…

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