
Lo primordial es volver a elevar la misión central de la cultura física a la cima: edificar a personas de espíritu y físico más hermosos, a seres humanos realmente humanos. Foto: Internet.
Los XVII Juegos Panamericanos comienzan el 26 de julio en Lima, capital de Perú. Y me digo, evita la “ceguera” de la pasión cuando escribas sobre el certamen.
El triunfalismo daña tanto como el pesimismo. Evita los pronósticos alejados de los análisis objetivos. Tampoco debes cerrar los ojos ante los buenos resultados y las proezas de los contrarios. El dolor por el descenso en Barranquilla 2018 y Toronto 2015 no puede aplastarte.
Prioriza lo trascendental: enfrentar con dignidad el difícil combate que nos espera. Decoro como el demostrado por la mayoría de los integrantes de las delegaciones cubanas, la de San Juan 1966 como muestra suprema.
Ten presente lo planteado por Fidel Castro cuando recibió a la delegación de las Mayor de las Antillas a la décima fiesta continental (16 de septiembre de 1987): “Hay principios que están por encima de todos los demás, están por encima, incluso, de todas las medallas de oro…”.
Sería injusto soslayar la incidencia del bloqueo. Las terribles heridas que causa en general llegan a la esfera: ¿dónde no? Daña en lo material y lo psíquico.
Mas no se deben ocultar los errores propios: golpean hace bastante tiempo y todavía lesionan de diferentes formas.
Existen latigazos fuertes: el “campeonismo”, el debilitamiento de la masividad, el ocaso de los Consejos Voluntarios Deportivos, las grietas en el uso de las avances científicos, la deficiente política de cuadros, la todavía insuficiente atención material y espiritual a deportistas y entrenadores.
Las raíces de todas las fallas no residen en el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder), paladín del gran salto.
¿Fue el ente rector del universo atlético el culpable de la desaparición de los consejos voluntarios de tan útil faena en lo cuantitativo y la calidad, forjadores más allá del físico, o en ella pesó cierto descuido de las organizaciones de masa y juveniles? ¿Acaso fue responsable de no mantener la orientación fidelista, a partir del pensamiento de José Raúl Capablanca, de situar y mantener el ajedrez como una asignatura en el programa docente, especialmente en la primaria?
¿Acaso fue un funcionario del Inder quien por televisión, después del paso de un huracán, manifestó dedicar las clases de educación física para las de matemática u otras ciencias y así ponerse al día? Se faltó el respeto a la asignatura, a sus profesores, a la lucha por la salud y el bienestar de los ciudadanos.
¿De ahí viene el descenso de la calidad de las clases de educación física en los centros estudiantiles y la proliferación de no aptos para la actividad? ¿Por qué hay déficit en ese magisterio a pesar de tantas graduaciones?
Hubo advertencias aun en los momentos más felices en lo competitivo. Cuba dio la clarinada al brindar robustez y rumbo, una visión democrática a la rama, el aumento de la autoestima latinoamericana, estructura y organización superiores, notable avance de la ciencia.
Debido a esos hechos, Fidel avisó: “Nuestros rivales deportivos, en primer lugar los yanquis, van a tratar de hacer un esfuerzo cada vez mayor porque ya sienten la competencia de Cuba…las burguesías gobernantes de muchos de estos países de América Latina, van a tratar de inventar algo para ver cómo mejoran en el deporte. Esto quiere decir que las competencias serán cada vez más reñidas (27 de octubre de 1975).
No obstante, vigorizó la solidaridad, sobre todo para América Latina: “Algún día los ayudaremos también a formar deportistas, y algún día las competencias serán más parejas… Llegará el día en que a nosotros nos pidan también instructores” (30 de marzo de 1974). Y hemos cumplido al compartir lo que tenemos.
Han florecido las victorias, más allá del medallero, y también cierto halo chovinista, autosuficiente, autocomplaciente y vanidoso en no pocos. El Comandante en Jefe les cortó el paso en varias oportunidades a esos males: “No hacemos deporte solo para producir campeones; los campeones dan la medida del avance técnico de nuestro deporte, hacemos deporte por el bienestar de la juventud y por el bienestar del pueblo…” (1 de septiembre de 1976).
En el llamado Período Especial, por la carencia de recursos, hubo que suspender lides nacionales e internacionales, la Vuelta Ciclística a Cuba entre ellas, se deterioraron y desaparecieron estructuras, el fogueo decayó. El líder esclareció sin embargo: “… Es necesario dar un salto de calidad en nuestra política deportiva, no conformarnos con los logros obtenidos, sino ir en busca de nuevas metas y de nuevos logros, porque sabemos que podemos alcanzarlos” (6 de noviembre de 1992).
La baja en las más recientes justas regionales lacera. Respecto con Toronto 2015, no nos atemos a justificaciones. Canadá y Brasil nos han sobrepasado siempre en cantidad de habitantes (más de 36 y de 207 millones, respectivamente)) y en recursos económicos, sin sufrir un cerco terrible.
A pesar de ello, los dejábamos atrás sin dejar de sostener en alto la solidaridad interna y externa, terreno esencial donde sí somos campeones. Pero algo es cierto, todavía no hemos encontrado como transitar en la nueva fase: sin el apoyo del campo socialista, el endurecimiento del bloqueo, en un sector cada vez más comercial.
¿Cómo no saludar las transformaciones necesarias, la remuneración y los contratos en principal ubicación? Esa marcha indispensable por el sendero profesional obliga aún más a formar a los atletas y sus familias con superior fortaleza humana.
Por encima de todo está el rescate de la masividad, muchísimo más allá del batallar por los ases como primer interés. Lo primordial es volver a elevar la misión central de la cultura física a la cima: edificar a personas de espíritu y físico más hermosos, a seres humanos realmente humanos.
