Historia de los Juegos Panamericanos: la fiesta comenzó en Argentina 1951

El bólido cubano Rafael Fortún fue el rey de la velocidad en Buenos Aires 1951 al ganar el oro en los 100 y 200 metros. Foto: Internet.

Luego de la celebración de los I Juegos Deportivos Centroamericanos de Ciudad de México, en el año 1926, comenzó a fraguarse con mucha más fuerza la iniciativa de desarrollar citas multiatléticas a escala continental.

El entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, Henry de Baillet Latour, apoyó la idea, pues de esta manera si cada continente tenía su competición regional, las olimpiadas alcanzarían un mayor nivel.

Para el año 1937 se dieron los primeros pasos serios y tres años más tarde, en 1940, se instituyó el Primer Congreso Deportivo Panamericano, con la presencia de unos 16 países testigos del nacimiento del Comité Deportivo Panamericano (CDP). La entidad se encargaría posteriormente de preparar las condiciones para que cada cuatro años se celebraran los juegos, comenzando en 1942 con Buenos Aires, Argentina, como sede.

Sin embargo, para la fecha señalada, el mundo se encontraba sumido en la Segunda Guerra Mundial, conflicto que hizo postergar el encendido de la antorcha panamericana. Terminada la contienda bélica, y coincidiendo con el restablecimiento del calendario olímpico, sesionó en Londres el Segundo Congreso Deportivo Panamericano, en el cual se ratificó a la capital argentina como sede y al año 1951 como fecha para el inicio de dichas justas.

El domingo 25 de febrero quedaron inaugurados los I Juegos Deportivos Panamericanos, en el Estadio del Racing Club, ante la presencia del presidente argentino, el general Juan Domingo Perón. Tras la misma, hubo un día de descanso (algo inusual en la actualidad), para retomar las acciones competitivas el día 27.

El fuego que iluminó el evento arribó al estadio procedente de la cuna del olimpismo, Grecia, portado por el corredor heleno Juan Sossidis, quien entró a la instalación portando la antorcha.

Con la participación de 19 naciones, independientemente de la superioridad de Estados Unidos, se produjeron grandes logros de países que hasta ese momento no podían brillar bajo los cinco aros.

Por ejemplo, el cubano Rafael Fortún se quedó con el oro en los 100 y 200 metros y la peruana Julia Sánchez dominó en el hectómetro femenino, superando a la estadounidense Jean Patton, quien era la favorita y había vencido en los 200 metros.

En otros resultados, el fondista argentino Ricardo Bralo se consagró en los cinco mil y 10 mil metros y el colombiano Jaime Aparicio batió el récord sudamericano en los 400 metros con vallas.

Uno de los momentos más emblemáticos de estos juegos fue la maratón que se corrió por la Avenida General Paz y otras calles de la Ciudad de Buenos Aires. Delfo Cabrera (vencedor de la maratón olímpica de los Juegos Olímpicos Londres 1948) corría con el número 209 y toda la multitud se arrinconaba por los costados de las calles para verlo.

El destacado maratonista argentino tuvo gran parte del recorrido a su lado a otro compatriota, Reinaldo Gorno, quien en los siguientes Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 obtendría la medalla de plata. A tan solo 10 kilómetros de la llegada, Delfo superó ampliamente a su rival y al entrar al estadio, el público estalló en una enorme ovación al ver consagrarse a uno de los suyos como ganador de la primera maratón panamericana.

Entre los deportes colectivos América Latina también destacó con las victorias en el béisbol, a cargo de Cuba, y las del fútbol, polo acuático y polo sobre césped conseguidas por los anfitriones. Los norteamericanos solo pudieron conformarse con un metal áureo en el baloncesto.

Finalmente, Argentina dominó el medallero, con 68 medallas de oro, por primera y única vez en Juegos Panamericanos, seguida de Estados Unidos, con 46 y Cuba, quien alcanzó un total de nueve preseas doradas.

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