
En Lima 2019 poco se ha hablado de los directores de equipos colectivos, que tan discretas actuaciones tuvieron: el béisbol decepcionó, el balonmano varonil quedó por debajo de lo pronosticado, las muchachas obtuvieron un bronce que saborearon como oro, pero que pudo ser -al menos- plata y ahora llegó el subtítulo del voleibol varonil. Foto: Cubasí.
Según se dice, las victorias son de los jugadores y las derrotas de quienes los dirigen, ya sea manager, coach o director técnico, cualquiera de los nombres que se utilice para designar a la máxima figura de un equipo.
Ello no siempre se cumple, pero muchas veces sí. En los Juegos Panamericanos de Lima 2019 las actuaciones de los deportes colectivos han tenido diferentes matices.
De los que hemos podido apreciar, el béisbol decepcionó, el balonmano varonil quedó por debajo de lo pronosticado, las muchachas obtuvieron un bronce que saborearon como oro, pero que pudo ser -al menos- plata y ahora llegó el subtítulo del voleibol varonil.
Rey Vicente Anglada asumió valientemente la responsabilidad de lo acontecido en tierras incas, pero ningún otro ha reflexionado desde su puesto de timonel.
A propósito del encuentro final de la malla alta -perdido por los antillanos 0-3 frente a Argentina, escuchaba a los narradores decir, y concuerdo con ellos, que este equipo tenía las herramientas para un resultado mejor.
Sin embargo, no se logró. Se habló de varios factores, incluyendo el sicológico, para encontrar una respuesta al cambio radical que tuvo la plantilla de Nicolás Vives entre el juego de semifinales ante Brasil y el del oro ante los gauchos, por cierto, dos equipos que nos superan en promedio de edad en más de dos años.
Cuando el juego fluye todo resulta más “fácil” para los directores técnicos (DT). Cuando esto no sucede, la experiencia y sabiduría de ellos les debe permitir ver que se está haciendo bien y mal, y con los argumentos que tienen sus pupilos intentar que mejore el accionar sobre la cancha.
Este redactor no puede evitar “preocuparse” cuando cada vez que la señal televisión nos acerca a la banca de un equipo cubano escuchar a los DT recurrir a arengas como “vamos, hay que atacar”, vamos que se puede”, y otras parecidas, aunque el repertorio de estas tampoco es muy amplio.
¿Cuán responsable es la dirección de los errores no forzados cometidos por los jugadores?
Aquellos que estuvieron al tanto de la transmisión de Tele Rebelde pudieron percatarse que el coach argentino, a pesar de estar dominado casi todo el juego, cada vez que se dirigió a los suyos no perdió la oportunidad de dar un consejo técnico para que las cosas salieran mejor.
No solo es cambiar un jugador por otro. Del lado cubano pocas veces se hizo una apreciación de adonde dirigir el pase, de corregir la posición de los bloqueadores, de buscar -cuando el recibo lo permitiera- alternativas para ese ataque que se pedía, ya sea diversificándolo por toda la red, variando la altura y velocidad del pase para descolocar la eficiente defensa rival, o incluso, ese remate que se hace para que sea el bloqueador quien envíe la esférica fuera de la cancha.
Otra de las frases escuchadas anoche en el voly fue “Argentina supo leer el juego de los cubanos”; el manager de Colombia en béisbol se refirió abiertamente al estudio realizado al equipo de la Isla.
¿Acaso no somos capaces de hacer lo mismo?
Debemos eliminar el empirismo y la dirección por instinto. Cuba siempre ha contado con excelentes DT, en los que convergieron sus dotes de preparadores y estrategas. Estas funciones en la actualidad están bien delineadas y son verdaderas especialidades.
Si en el deporte cubano los atletas queman etapas para llegar a los equipos nacionales, en la relación de técnicos existen en muchos casos hombres y mujeres que han sido obviados –más que olvidados- que pudieran convertir esos diamantes en bruto en valiosas joyas. Valdría la pena revisar entonces.
Retomando la idea inicial, volver al podio luego de estar ausente en Toronto 2015 es un gran mérito conjunto entre jugadores y técnicos del voleibol varonil, pero no llegar a lo más alto –como pienso, se pudo- también es una responsabilidad compartida.

Este es un tema candente entre muchas personas de nuestro país. Estamos claros que hay acciones de un DT que puedan impedir el triunfo de una selección pero lo no voy a entender nunca es que en tantos deportes ocurran cosas similares:
Hay que entender, que los DTs (Todos) tuvieron momentos lo suficientemente buenos en sus vidas como para ser directivos y mostrarles a las nuevas generaciones los mismos métodos que en su día le produjeron sus glorias, acabemos de meternos en la cabeza que son los deportistas los que tienen que poner de su corazón para igualarlos y que son ellos los que tienen concentrarse en las diferentes situaciones del partido para que no existan errores mentales que den al traste con una mala jugada.
Vamos por mas Cuba!!!