La Eurocopa de Portugal

Portugal conquistó finalmente un gran título para sus vitrinas. (Foto: marca.com)

Portugal conquistó finalmente un gran título para sus vitrinas. (Foto: marca.com)

Hace casi exactamente un mes comenzaba mi análisis del grupo F con una interrogante ¿La Euro de Cristiano Ronaldo? Esta pregunta aparecía en las portadas de los grandes medios como cuestionamiento inevitable de si el astro portugués sería capaz de llevar a su selección a ganar un gran título, y para sorpresa de muchos, el galardón llegó.

Sin embargo, la historia fue un poco distinta de ese guión original que rezaba que el cuadro lusitano solo sería capaz de llenarse de gloria si era a través de los pies de CR7. Portugal se coronó campeón de Europa demostrando una vez más que el fútbol es un deporte de 11 jugadores, no de una estrella.

Tampoco me manden a fusilar ahora los “Cristianistas”. El delantero del Real Madrid fue fundamental en el camino del cuadro ibérico a la final. Sin sus dos goles frente a Hungría, Portugal se hubiese hundido en la misma fase de grupos; y la participación de Cristiano también fue vital en los encuentros contra Croacia y sobre todo ante Gales.

No caben dudas del enorme papel jugado por Cristiano Ronaldo en este triunfo, pues más allá de su rendimiento en el terreno de juego, su entrega como capitán fue indiscutible, siempre defendiendo, corriendo hasta el silbatazo final; todo ello reflejado en su máxima expresión cuando en el encuentro final, tras ser lesionado por Dimitri Payet hizo un esfuerzo enorme por permanecer en la cancha a pesar del dolor, y luego, después de su inevitable salida el regreso para apoyar a los compañeros.

Pero Portugal supo ser más que su estrella. A pesar de no contar con una plantilla de las de mayor caché en el torneo, cuando CR7 no rindió lo hicieron Nani, Renato Sánchez, Pepe, Fonte, Quaresma, y ayer en Saint Dennis fue Éder el que se vistió de Cristiano Ronaldo para enmudecer a Francia.

Los franceses llegaban con la moral por las nubes, tras apartar del camino a la campeona mundial Alemania, hecho que inmediatamente les colocaba encima el cartel de mejor equipo de la Eurocopa, y por ende el de súper favorito para la final.

Llegaban los locales a este encuentro decisivo confiados y orgullosos del gran torneo de Griezmann (fue Bota de Oro del campeonato con seis goles), de Payet, de Pogba. No eran pocas las voces que auguraban una goleada del anfitrión al sorpresivo finalista, pero las finales no creen en favoritos.

Portugal salió con el libreto de siempre, el orden defensivo, la creación desde el centro del campo y cero desesperaciones. Así lo hicieron hasta en el encuentro con Polonia, donde tuvieron que remontar un tempranero marcador adverso. Sin embargo, la lesión en el mismo primer tiempo de Cristiano les quitaba su más efectiva y casi única arma en el ataque, pues si bien es cierto que Nani también anotó tres tantos en el torneo, dos de ellos llegaron de los pies del máximo goleador en la historia del Real Madrid.

Aguantar el embate de Francia la mayor cantidad de tiempo posible se convirtió entonces en la máxima de los lusitanos, que a su muralla defensiva (para mí la mejor del torneo) de Pepe y Fonte sumaron la espectacular noche de Rui Patricio, casi con seguridad la mejor de su carrera, para evitar en múltiples ocasiones la caída de su arco.

Los dirigidos por Didier Deschamps tuvieron varias oportunidades de llevarse el encuentro, pero fueron demasiado cautelosos contra un rival que desde la salida de CR7 prácticamente no crearon peligro, demasiadas concesiones para una abeja sin su aguijón.

Éder hizo de Cristiano Ronaldo y marcó el gol de su vida. (Foto: losandes.com.ar)

Éder hizo de Cristiano Ronaldo y marcó el gol de su vida. (Foto: losandes.com.ar)

La pobre actuación de sus estrellas en este encuentro casi logra suplirlas Francia con el partidazo de Moussa Sissoko, pero esto no fue suficiente para poner de rodillas a un Portugal que nunca se amilanó, y que tuvo su premio cuando al minuto 109 la apuesta de Fernando Santos por el delantero Éder rindió sus frutos con un derechazo imposible para Hugo Lloris.

El deporte a veces tiene esas ironías. Portugal, jugando en su país en 2004, con un equipo plagado de estrellas, y después de un gran torneo no fue capaz de vencer a una sorpresiva Grecia en la final; sin embargo, doce años después, con una plantilla nada llamativa, llegando a estar a punto de ser eliminada por Hungría en la fase de grupos de la llave menos fuerte de la Euro, termina por el lado “amable” del organigrama y logra coronarse precisamente contra una anfitriona que estaba entre los favoritos al título.

Justo entonces el triunfo de los lusitanos, que fueron creciendo poco a poco en el torneo y terminaron demostrando ser más que Cristiano Ronaldo, ser Portugal.

Para el jugador de Madeira también el más grande premio, el que le faltaba, el de su selección, el reconocimiento por su entrega y sacrificio, por esas lágrimas tras la derrota en 2004, las mismas que corrieron por sus mejillas este domingo cuando supo que no iba a poder ayudar a su equipo en el terreno y que luego se transformaron en felicidad una vez consumado el milagro.

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