Como la penumbra a la luz (I Parte)

Félix “Andarín” Carvajal es una leyenda del deporte cubano. Foto: Internet.

Comienzo con un fragmento de una canción: “Esta tristeza se niega al olvido/ como la penumbra a la luz (…)”. Pluralizo la frase porque son muchos los dolores en el ámbito deportivo imposibles de expulsar de la memoria.

Piense que junto a la alegría del medallista de oro hay mucho de pena en quienes quedaron en plata y bronce o en esos que no subieron al estrado de premiación. Aún más el dolor si llevaba la etiqueta de favorito.

Es cierto que lo importante es competir con dignidad, pero a lo digno ¡qué bueno es agregar la victoria plena!

En lo personal, tengo presente con fuerza, como si lo hubiera visto, el revés del maratonista italiano Dorando Petri al caer desfallecido a la entrada del estadio, a pocos metros de la meta. Aunque ayudado llegó primero, no escapó de la descalificación en los Juegos Olímpicos de Londres 1908. Veinte años después (Ámsterdam, 1928), será golpeado otro aspirante de calidad. Sobre él escribí en mi libro Las Olimpiadas, de Atenas a Moscú (Gente Nueva, 1979).

“Aquí está Jules Ladoumégue. La prensa ha poetizado sobre él: “Recordman del mundo, alma de poeta, inteligencia que vuela alto, para los franceses es la encarnación del corredor (…)”.  Alinea tranquilo. Ya se ve con el puesto cimero de los mil 500 metros planos.

Parten los contenientes. Encabeza la carrera. Hasta el cabello se le ríe. Recta final. Se acerca a la meta ¡Caramba! El finés Harri Larva aprieta el paso y…   ¡le pasa!

“De las tribunas, el público aplasta con su abucheo al hasta hace poco favorito quien, en su propio equipo, encuentra indiferencia. La cabeza se le quiere reventar; la vida se le quiere reventar. Escribirá en cierta ocasión: “El campeón feliz se convirtió en campeón torturado” Y eso que finalizó como subtitular.

Como bofetada aún se siente la negación al extraordinario estadounidense Jim Thorpe, de las medallas doradas en decatlón y pentatlón de la novena magna cita, en Estocolmo 1912, por haber aceptado 80 pesos por viático al actuar como pelotero en su país.

Ese fue el motivo. La causa real: ser un aborigen norteamericano y haberse casado con una blanca. En 1932, cuando se celebró la justa de Los Ángeles, décima edición del clásico, Jesús Elías Bermúdez narra en Por los caminos del Olimpo, que Thrope deambulaba por las calles de esa ciudad, sin tener dinero para pagar la entrada y a instancia de aficionados, fue invitado a la tribuna de honor.

Una rigurosa encuesta periodística lo escogió como el deportista más grande del mundo en los primeros 50 años del siglo XX.  Las preseas fueron devueltas en 1982 a sus familiares, jamás la aceptaron sus más cercanos rivales, el sueco Hugo Wieslander y el noruego Ferdinand Bie. El as había muerto, víctima del cáncer, el 28 de marzo de 1953, y aseguran que, hasta los últimos días, clamaba por sus medallas.

¿Qué decir de lo ocurrido al velocista Silvio Leonard, en Montreal 1976, cuando estaba entre los mejores del planeta? Alguien disgustado con un compañero, en una habitación cubana del alojamiento olímpico, le lanza un frasco. Se rompe. El casco queda cual alacrán. Leonard lo pisa. La herida en un pie. Los galenos lo atienden. Compite, pero no es el mismo.

En lo individual, ni a semifinales. En el relevo corto fue quinto. En Moscú 1980, su última oportunidad de titularse. Lid decisiva. Al frente. Mas el representante de Gran Bretaña, Allan Wells, por la carrilera más lejana, lo sobrepasa y envía al escalón plateado.

Su compatriota, el maratonista Félix “Andarín” Carvajal, muchos años antes (San Luis, 1904) atacado por la colitis, tras ingerir manzanas verdes durante el trayecto —tenía un hambre feroz debido a su pobreza—-. Finalmente terminó cuarto en la tercera magna cita, siendo el mejor de la prueba.

Muy joven, Carvajal había sido miembro del Ejército Libertador, y aquel mambí, siempre estuvo encadenado a la miseria que le tronchó no pocos de sus sueños atléticos, a pesar de sus condiciones, demostradas en no pocas victorias y hazañas nacionales e internacionales.

Continuará…

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