Luego de 26 años a la cabeza del Manchester United, Sir Alex Ferguson dijo adiós al banquillo de Old Trafford, no sin antes dejar claro quien quería que fuese su sucesor como mandamás en el equipo de sus amores. Y fue su compatriota David Moyes quien resulto elegido.
Sus resultados con el Everton y el Sunderland le dieron la posibilidad, ya que demostró ser un hombre excepcional, condecorado incluso manager del año en dos ocasiones y destacándose por saber manejar equipos con bajo presupuesto, lo que pudiera ser una razón entre bambalinas para su selección, puesto que como se vio, el United no hizo ningún fichaje sobresaliente este año, apuntando la causa más probable a un escándalo financiero donde está implicado el dueño del club.
Así, “The chosen one”, como fue rápidamente identificado por la hinchada de los red devils, llegó a la dirección del más prestigioso club inglés, con la presión de los números en su cabeza: su antecesor había ganado con el club 13 títulos de liga, cinco Copas de Inglaterra y cuatro Copas de Liga, dos Ligas de Campeones de Europa, entre otras cosas. Él no podía ser menos, la responsabilidad es enorme.
Debe ser ese ligero asunto de “presión” que el United ha empezado andando bien errático esta temporada. Desde la primera fecha contra el Chelsea, donde lucieron un desteñido empate sin anotaciones, comenzaron a sonar levemente las alarmas, que se dispararon con la derrota frente al Liverpool por la mínima, gracias a gol de Daniel Sturridge, en un juego donde la defensa del United estuvo para el olvido, como ha estado en casi todos los momentos de la campaña 2013-2014.
La vergonzosa caída por goleada en el derby de Manchester frente al City en la cuarta fecha hizo descender al plantel de Moyes a la octava posición de la tabla, y solo se libró de críticas mayores por la victoria convincente en la primera presentación de la Champions frente al fuerte Bayern Leverkusen germano. Pero los detractores empezaban ya a hacer su “agosto” y en varios medios deportivos se empezó a decir que este club le quedaba grande al escocés, y no hubo quien incluso llamara al regreso de Ferguson a la banca para salvar al plantel del peor arranque en lo que va de siglo XXI.
Ganando mientras todos ganan y perdiendo cuando otros ganan, Moyes tropezó una vez más, en casa frente al West Bromwich Albion, en un partido que iban ganando 1×0 y mayoreando en el terreno. Dos goles y de pronto el Manchester United caía al puesto 12 de la tabla. En el estadio estaba Sir Alex, quien no daba crédito a lo que veía. Para colmo, esa misma semana, no pasaron de un amargo empate frente al Donetsk en la segunda fecha de Champions, un juego que estuvieron ganando hasta el minuto 80, cuando se desmoronó la defensa.
¿Problema del director? ¿Aún no se acostumbran los jugadores a este nuevo sistema? ¿Habrá problemas en los vestidores como pasó en los tiempos de Rafa Benítez en Chelsea? Decir cualquier cosa sería especular. Pero en mi modesta opinión, Moyes no estaba listo aún para asumir la dirección de un equipo tan grande, del que siempre se espera demasiado y desde bien temprano.
Unos dicen que hay que darle algo de tiempo, y otros que la suerte está echada. Realmente el United es un equipo capaz de encaramarse fácilmente en los primeros puestos, pero si continúan por ese camino, solo habrá dos consecuencias: no quedarán en puestos europeos y Moyes quedará sin trabajo.

