Por músculos y almas con la misma potencia (I Parte)

Además de forjar campeones, Cuba forma seres humanos de bien. Foto: Internet.

Un deportista no es un saco lleno de poderío corporal aunque muchos lo estimen así y actúen siguiendo estos conceptos, de los cuales no escapa plenamente ni siquiera nuestro país, poseedor de un movimiento atlético puro, pero perfectible, que necesita adaptaciones a los tiempos actuales.

Las contiendas en este ámbito forman parte de la cultura a pesar de barbaries como el robo de músculos,  la mercantilización, el profesionalismo extremo que, desde lo más podrido de sus modalidades, abraza el asesinato y alimenta lo más vil de los seres humanos: el pugilismo, las carreras de ataúdes con gomas (algunas pruebas de automovilismo), el fútbol norteamericano.

También se utiliza el deporte para narcotizar a las masas y no faltan las apuestas, los arreglos, el soborno. No solo la Federación Internacional de Fútbol Asociado tiene los pies de barro. Proliferan el doping, el chovinismo y el fanatismo.

Atrapado por las transnacionales, el deporte mismo es un monopolio en muchos casos. Crece el escamoteo de figuras del llamado tercer mundo para que representen o compitan en las naciones que poseen economía mucho más avanzada, basada en gran medida en la explotación de los demás y una ética menor.

Ni el olimpismo ha salido incólume y lo envenena una atmósfera al estilo de Las Vegas.

La televisión de los poderosos hace cambiar reglas, mella lo atlético en aras de beneficiar lo espectacular, obliga a correr la maratón a las doce del día, cambia horario de las pruebas de natación, de atletismo, de baloncesto con tal de favorecer audiencias, pese a que los protagonistas del espectáculo salgan perdiendo por una u otra cuestión.

Los “dueños” del universo del músculo desean más sangre en el boxeo aficionado: quitaron la protectora cabecera, aumentan los rounds, quieren guantes más pequeños y de menos relleno en la parte de los nudillos. Así los puñetazos dañan más.

En esencia, en el pugilismo se labora parar parecerse cada vez más al mundillo de las trompadas pagadas para atraer a partir del morbo de los espectadores y, a la vez, robustecerlo y danzar con el dinero. Y ya los que cobran oficialmente por dar y recibir golpes entraron al Olimpo y serán chaparrón en el futuro.

Lo que ocurre ahora paliza sobre la masividad y la cultura física. Lo importante es el show, la ganancia y la televisión, que decide más que los instructores y directores técnicos.

El papel esencial de la actividad: la formación de hombres y mujeres superiores física y mentalmente es marginada o esclavizada por las ansias de fama y plata; el subproducto —las medallas, las marcas, la cúspide de la calidad— pasa al primer plano, a casi todos los planos. Ocultadas las raíces, vigorizadas por las ramas, las flores, los frutos más generosos, es cierto; sin embargo, sin fortificar esas raíces, ¡pobre árbol, pobre bosque!

Continuará…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *