
El deporte cubano continúa su proceso de actualización y ajuste a las exigencias actuales. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Vivir con los pies en la tierra, jamás de espaldas a la época, no significa callar ante los excesos, el grotesco negocio que ha lesionado lo atlético, lo humano y lo divino.
José Martí enseñó “(…) que quien quiera triunfar en la tierra, ¡ay, no ha de vivir cerca del cielo! La victoria está hecha de cesiones”. Pero aclaró: “(… ) hay que pasar volando porque de cada grano de polvo se levanta el enemigo, a echar abajo, a garfio y a saeta, cuanto nace con ala”. El Maestro repudió tener el alma de tendero.
Dominemos el terreno que pisamos, adaptémonos a él y adaptémoslo a nuestros valores. Mientras transformamos lo que necesitamos transformar, el espíritu debe situarse al nivel más elevado y tenemos que saber volar bien lejos del lodo.
En el dopaje, la esencia son los intereses comerciales y politiqueros, y también existió, con enorme empuje, en países del campo socialista, desmerengados en la actualidad.
La gran culpa no cae sobre la víctima: el deportista. Recorre entidades y gobiernos capaces de crear, impulsar y mantener esta llaga por negocio y patrioterismo. Recordemos a Sor Juana Inés de la Cruz: el que paga por pecar es más culpable que el que peca por la paga.
Poco se ha comprendido el quehacer y las ideas de Pierre de Coubertin, quien expresó en su Mensaje a la juventud, en 1927: “Mis amigos y yo no hemos trabajado para daros los Juegos Olímpicos y hacer de ellos, un objeto de museo, ni para que se amparen en ellos intereses mercantiles o electorales”.
El rescatador del magno certamen ha sido vapuleado en los últimos tiempos —especialmente con los hechos ante todo, ¡y qué hechos!—. El ritmo de la golpiza en lugar de decrecer, asciende, sustentada “teóricamente” sobre una dialéctica esgrimida por quienes no saben nada de dialéctica y que en aras de combatir posiciones conservadoras y ser objetivos, abrazan un dogmatismo oportunista, y ponen precio a todo. Y el olimpismo es, en esencia, amor. Y el amor no puede comprarse.
A trabajar mucho mejor
A la injusta comercialización mundializada de las citadas lides, los cubanos tenemos que responder con una faena de mayor calidad en la formación integral de nuestros atletas, y una superior atención en lo espiritual y lo material para evitar que la maldad los enlace compitan donde compitan.
Ellos merecen y precisan cuidado especial. No porque sean mejores o peores que las otras personas, sino porque las características de esta trinchera y de los que se desenvuelven en ella lo requieren ya desde la base.
Un entrenador, un manager, un profesor de educación física, un directivo, son primero escultores de almas: nunca deben limitarse a la velocidad, la habilidad o robustez mayores obtenidas y al canto por las preseas.
A los campeones les es indispensable la misma estatura como ciudadanos: a quienes sean únicamente estrellas de las justas, más tarde o más temprano, la vida les arrancará las medallas.
Nuestros ases surgen del pueblo: separarlos de la cepa es obligarlos a languidecer despreciados por ese mismo pueblo de donde nacieron y gracias al que obtuvieron adelanto y brillantez, sin negar la cuota personal. La indisciplina, la autosuficiencia, la embriaguez de fama, una existencia desordenada, las ambiciones desmedidas, terminan mal.
Quien no mantenga lo mejor de su nación, de la humanidad y de él mismo en el alma, sobre todo cuando ha sido contratado y actúe en ligas foráneas —acción lógica y justa—, puede ser devorado por el profesionalismo en sus peores aspectos: búsqueda de lucro, negocio, sin lograr asimilar realmente la profesionalidad que es cuestión bien distinta: dominio de la profesión, entrega a su quehacer como el escritor, el músico, el soldador o el médico deben hacerlo.
El deportista necesita nivel ideológico, educacional, ético y cultural. Sin ello, la propia victoria le será más difícil: ninguna especialidad puede desconocer la revolución científico-técnica y la debilidad intelectual dificulta el dominio de tácticas, estrategias y entrenamiento modernos.
Sin bíceps cerebrales, sin el alma entrenada, en el caso nuestro, ¿cómo llegar a las causas de la resistencia cubana?, ¿cómo entender los complejos problemas del planeta? Tampoco hay por qué hablar de forma tan horrible en una entrevista o perderse la belleza del ballet y la rumba, así como las imágenes de César Vallejo, Pablo Neruda y Nicolás Guillén, o la visión política e histórica de las luchas de nuestra América.
Hacen falta seres humanos de espaldas anchas, pero con la mente tan poderosa como los músculos. Esas fortalezas no caen desde las nubes.
Ver más: Por músculos y almas con la misma potencia (I Parte)
