No debemos aplaudir las imperfecciones

Congraciarse con las imperfecciones de alguien, taparlas con episodios simpáticos, ese pasarles la mano, es una falta. Foto: Internet.

Pablo de la Torriente Brau lo deja bien claro: no cree en la existencia del ser humano perfecto. Coincido con él periodista deportivo (también más allá de este ámbito) y revolucionario y añado que de existir alguien así sería bastante “aburrido”.

Pero de eso a aplaudir los defectos, aun en personas magníficas, va un trecho enorme. Y en reuniones, conversaciones y en  diversos textos, he notado esa visión.

José Martí señaló su oposición a descabezar estatuas, y también  pidió el cadalso para quien incorporara cualidades positivas inexistentes a las personas famosas.

Congraciarse con las imperfecciones de alguien, taparlas con episodios  simpáticos, ese pasarles la mano, es  una falta. No se trata de superponer los yerros sobre las virtudes; tampoco se deben ocultar con lo bueno los resquicios hasta en los más encumbrados;  o precisamente por eso, se hace imprescindible no negarlos sin llegar a darles el realce mayor.

Comencemos con lo nuestro. ¿Cómo ocultar o llegar a “encantarse·”con la falta de deportividad de los campeones  Kid Chocolate y José Raúl Capablanca? Fueron grandes entre los grandes. Ah, sobre todo en la ética del ámbito, mostraron enormes fallas que al final les pasaron la cuenta.

Eran capaces en medio de un proceso relacionado con un torneo de alta categoría, incluso cuando luchaban por títulos  mundiales, preferir el romance con una mujer y lanzar al segundo plano la competencia. Además, el púgil estaba demasiado atado a las bebidas alcohólicas.

En la premiada biografía sobre Ramón Fonst, As de espada, Irene Forbes ofrece un retrato profundo del más laureado atleta cubano de por vida en el olimpismo: cuatro medallas de oro y una de plata. La autora expresa con dolor: “Si algo le reprocho es que guardó su arte solo para él y no ocupó un lugar señalado entre los difusores y pedagogos de la enseñanza de la esgrima”.

¿Es correcto el alcoholismo de Ernest Hemingway? Algunos lo ven como algo que imprime gracia  a la figura de este gran escritor de claras posiciones junto al pueblo,  y no solo en sus potentes imágenes, cuando ese mal golpeaba su personalidad y, a la vez, lesionaba sus relaciones amorosas, con amigos y familiares. Y he escuchado un cantar parecido sobre individuos  de cierta trascendencia con el mismo mal, que muchas  veces  obró en la corta existencia tan lesionada de la víctima.

¿Cómo soslayar el maravilloso arte de nuestro Chano Pozo (Luciano Pozo González), todo un creador desde sus tambores, bailes  y composiciones, con  decisivos aportes a la cubanía y a lo universal? Dos recientes libros lo han enlazado con calidad y lo dan como era: Chano Pozo. La vida (1915-1948), de Rosa Marquetti Torres; y Las oscuras leyendas de Chano Pozo, de Ricardo Oropesa Fernández. Obras necesarias, justas.

Apruebo  lo planteado por María del Carmen Mestas en Pasión de rumbero. “Vivió torturado por muchas razones: la infancia desventurada, el reformatorio-su peor castigo- y las mujeres que lo abandonaron: adúlteras, prostitutas, flores de una noche de locura; cada fracaso lo volvía violento, agresivo, porque en el fondo no era más que un niño indefenso”.

Niñez destrozada y, por tanto,  arrastrada hacia  lo inaudito, la inmadurez y la enajenación en la adultez. En casos como este influyen decisivamente los peores marginales, los de cuello y corbata, los de los bolsillos repletos a costa del sudor de los demás,  con tanto peso en la aparición de los otros. Sin embargo, no podemos aplaudir el marginalismo de Chano que lo hizo infeliz y, al final,  nos lo llevó más que el disparo del asesino.

El Apóstol rechazaba el talento alejado de la virtud y pedía que fuera quemado con hierro candente en el fondo de una cueva. ¿Por qué ocultar en figuras destacadas en el arte, la ciencia, el deporte, la política… sus posiciones denigrantes y llenar de loas  su poca luz?

En los medios y en conferencias se ha reflejado, sin el repudio que merecen o del brazo de la cobarde neutralidad,  a  personas  como los batistianos  Bonafonte y Formental, el asesino y torturador Jiquí Suárez, la traidora Sánchez Mastrapa, el negociante Boby Maduro; .incluso a algunos de ellos se les rodean de anécdotas campechanas, calificativos irreales o  harto elevados  y  fotos atrayentes hasta departiendo con niños.

¿Por qué eludir el reflejo y la interpretación de la actitud de Neymar, un buen futbolista, pero un ciudadano muy distante de la ejemplaridad? La entrada en su novelón por nuestra prensa ha sido errónea, superficial, cuando aquel es alguien cegado por el dinero, y ha llegado a dar opiniones en un video a favor de la derecha brasileña y en contra del gobierno democrático.

¿Cómo apoyar el retorno al seleccionado nacional de un marginal de delito asqueroso? ¿Cómo no ver traición en quién deserta de una representación nuestra de cualquier rama? Lo expresado por Fidel el siete de agosto de 2007 está vigente, y no solo para lo deportivo: “El atleta que abandona su delegación es como el soldado que abandona a sus compañeros en medio del combate”.

Perdonar es triunfar y la parábola del hijo pródigo ilumina Es justo si el arrepentimiento es verdadero. Es más, debemos luchar por quien perdió el carril y ver qué parte de culpa tenemos en ello para vencer las situaciones favorecedoras  de  las debilidades. Aunque cada caso debe ser estudiado a fondo y hay acciones imperdonables. Edulcorar o esconder lo negativo envenena.

Mostrarlos más humanos y real no es lo mismo que aplaudir las imperfecciones. Y eso se ajusta a todo en la vida.

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