Hoy nuestro sitio web se complace el presentarles el tercer y último trabajo dedicado a la vida de Teófilo Stevenson, el mejor boxeador amateur de la historia, a propósito de cumplirse el pasado día 11 de junio el segundo aniversario de su fallecimiento.
Su historia comenzó hace décadas. Una historia que concluyó en leyenda repleta de anécdotas, hazañas, derroche de bravura y afecto por aquellos que sufrieron sus pocas derrotas y glorificaron sus cientos de éxitos. Su nombre es sinónimo de cubanía: Teófilo Stevenson, a la vez que te remite a la palabra grandeza. Porque eso fue, un GRANDE, en mayúsculas.
¿Alí vs Stevenson?
Desde su título en Munich, Stevenson había sido muy asediado para que pasara al boxeo rentado. La proposición de grandes sumas de dinero siempre fue rechazada por el revolucionario y gran seguidor del líder histórico Fidel Castro. En una ocasión expresó: “Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos (…) no cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer.”
Su hegemonía mundial por largos años hizo que surgiera la posibilidad de combatir contra Classius Clay, Muhammad Alí, reconocido campeón mundial del boxeo profesional. El objetivo era precisar quién era el mejor pugilista de la división. Aunque, por debajo del tapete, el dinero y la gran bolsa que movería este enfrentamiento era el tópico principal.
Las primeras conversaciones comenzaron en 1977. La idea era celebrar cinco combates, en igual número de ciudades norteamericanas, de tres asaltos. Esto sumaría un total de 15 rounds cifra de una pelea profesional por entonces. Las boletas se sumarían, y si un competidor noqueaba a otro, ahí mismo quedaría definido el match. Estas características buscaban mantener el status de amateur del antillano. Mientras la bolsa económica de la parte cubana sería donada a la entidad rectora de aficionados para promover el deporte en países de poco desarrollo.
Sin embargo, según narra el profesor Elio Menéndez, quien siguió bien de cerca el tema y a quien catalogo como el más avezado conocedor de este deporte en el país, “ellos nunca vinieron a cerrar el contrato”. Al parecer se dieron cuenta de que había mucho que perder, y que las condiciones pactadas favorecían al cubano, acostumbrado a ese tipo de combates. “Stevenson tenía grandes posibilidades de ganar lo que fue bautizada como la pelea del siglo”, sentenció.
Destino final…
Tras su último torneo olímpico, Teófilo demostró que le restaba por enseñar encima del cuadrilátero. Esto lo ponía a prueba en los muy interesantes topes bilaterales ante los vecinos del norte, y su hegemonía en cada torneo doméstico.
Para 1982 tenía otro gran reto: Campeonato Mundial de Boxeo. Allí buscaría su tercer cetro. Eso hizo que su entrenador Alcides Sagarra y su grupo idearan un plan especial de entrenamiento que lo llevaría a una excelsa forma física y psicológica. Sin embargo, las cosas por primera vez en muchos años, en un evento de alto nivel, no salieron como esperaban.
Para el propio Elio Menéndez no eran los instantes de Stevenson. ‘’ Todos los días no son iguales y, a veces, tu cuerpo no responde como uno espera”. Esto, tal vez, unido a la valentía del italiano Francesco Damiani, hizo que el gran campeón perdiera por votación de los jueces. A la postre el europeo cedió ante el estadounidense Tyrell Biggs.
La derrota creó un gran morbo. Medios de prensa de todo el mundo hablaban del declive de una exitosa carrera. Mientras otros auguraban el final.
Ello, definitivamente, se puso a prueba poco tiempo después durante el tope anual frente los norteamericanos en su tierra. El cierre del cartel estaría protagonizado por los dos últimos campeones del mundo en la división. Era la prueba de fuego.
Stevenson, tranquilo, sonriente en su esquina, daba muestra de su seguridad. Biggs, por su parte, se vendía a su público con una alta dosis de altanería. El pleito duró los tres asaltos. Ambos fajadores intercambiaron incesantemente, pero la mejor parte la llevó el tricampeón olímpico, quien resultó a la postre el ganador (3-2). Esto hizo que muchos se detractaran ante las declaraciones de que “Teo’’ estaba en sus últimas.
Sus resultados en ese cuatrienio le daban la posibilidad, por historia y el nivel que poseía, de realizar una hazaña que nadie había logrado por aquellos tiempos: cuatro títulos olímpicos. La sede era propicia para ello, Estados Unidos. Lugar de donde habían salido en reiteradas ocasiones propuestas millonarias para pasar al boxeo rentado.
Pero todo cambió, y así perdía, por el momento, la posibilidad de reinar nuevamente bajo los cinco aros. La delegación cubana no asistiría a la XXIII Olimpiada de Los Ángeles, Estados Unidos, en 1984. La decisión fue tomada como respuesta al boicot estadounidense a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980. Los países del Bloque del Este, junto con otros ocho aliados socialistas, entre ellos Cuba, le pagaban con la misma moneda.
Dos años después, Teófilo Stevenson se prepararía con ahínco para el Mundial de Reno, Estados Unidos, 1986. Su objetivo era ganar por tercera ocasión la cita planetaria de la disciplina. Y hasta allí marchó. Y no regresó hasta que ganó la pelea final. El número tres se convertía en un número mágico. Tres coronas olímpicas, tres títulos mundiales.
La victoria lograda ante el norteamericano Alex García (RSC en el segundo asalto) resultó su último combate frente un boxeador norteamericano y de su carrera deportiva. En total se enfrentó a atletas de ese país en 16 ocasiones, y en 14 de ellas salió vencedor. Sus dos derrotas fueron frente a Duane Bobbick por 2-3 en los Panamericanos, Cali 1971, y ante Craig Payne, en Texas 1983, durante la Copa del Mundo.
Para los Juegos Olímpicos de Seúl, Corea del Sur, en 1988, la delegación cubana declinó nuevamente a participar. Esta vez sería en apoyo a Corea del Norte.
El 3 de julio de 1988, durante el marco del Torneo Internacional Giraldo Córdova Cardín, en su ciudad natal, Las Tunas, y ante una sala completamente abarrotada, se llevó a cabo el retiro oficial del mejor boxeador amateur de la historia.
Tras su desaparición física, se han realizado tres copas boxísticas en su nombre y en su honor. Solo resta, siendo eco de lo expresado por varios cronistas y amantes de la disciplina que el Coliseo de la Ciudad Deportiva, sitio donde el gran campeón dejó su perfume de victoria, pase a llamarse así: Teófilo Stevenson Lawrence, porque se lo ganó a golpe de sacrificio, talento, resultados y amor por su pueblo.

