
Cuba terminó en el puesto 18, entre 207 delegaciones participantes. (Diseño: Gilberto González García/Radio COCO)
Mucho antes de que terminara oficialmente la fiesta, se extinguiera la llama y se lanzaran al aire cientos de fuegos artificiales, con las notas del himno nacional de Japón, los Juegos Olímpicos, en su edición 31 de la era moderna, habían concluido.
Noventa y un récords para la magna cita y otros tantos a nivel mundial quedaron destrozados en la ciudad carioca, que dio un sinnúmero de emociones gigantescas al mundo del deporte. Los primeros campeones olímpicos de Tailandia, Puerto Rico, Kosovo y de los refugiados, Ruth Beitia y Usain Bolt, Michael Phelps y Katinka Hozssu, fueron solo algunos de los protagonistas.
Protagonistas entre los que no pudieron faltar actores cubanos, que tuvieron en Mijaín López su momento cumbre al alzarse con su tercera medalla de oro en citas estivales, para convertirse en uno de los más laureados en la lucha grecorromana a través de todos los tiempos.
La Ciudad Maravillosa igualmente acogió la buena nueva para la delegación cubana de la coronación de Ismael Borrero y el subtítulo de Yasmany Lugo, para hacer a Cuba primera por países en el medallero de la lucha greco.
El buque insignia del deporte cubano, el boxeo, también cumplió con sus pronósticos, al estrenar en el panorama áureo a hombres de la talla de Julio César la Cruz y Arlen López, al tiempo que reeditó a Robeisy Ramírez, en mi opinión, el mejor de cuanto boxeador de la Mayor de las Antillas escaló el ring, quien no dejó lugar a dudas de su calidad y disolvió los comentarios reservados sobre lo que de él se esperaba.
Sin duda alguna hubo púgiles que quedaron por debajo de lo esperado, sobre todo porque no salieron mentalmente preparados para las peleas que se les venían encima y no lograron adaptarse al estilo de los rivales, a la vez que también otros hombres perdieron inapelablemente, situación que debe poner a la escuela cubana en posición de plantearse la renovación en parte de sus filas.
El atletismo se quedó por debajo de lo esperado, aunque son dignas de reconocer las actuaciones de Leonel Suárez y Yorgelis Rodríguez, así como el trabajo realizado por la estafeta cubana de 4×400, sexta en una final donde realmente no tenían posibilidades reales de subir al podio de premiaciones.
Lamentable la competencia de salto con pértiga para Yarisley Silva, el lanzamiento de disco para Yaimé Pérez y la jabalina, así como la competencia de 800 metros planos, francamente decepcionantes.
No podemos obviar igualmente el voli de playa, con la fenomenal actuación del capitalino Nivaldo Díaz y de Sergio Gonzáles, quienes mantuvieron vibrando de emoción a toda Cuba en cada una de sus salidas e igualmente no sería justo comentar acerca de la selección de voleibol de sala, inexperta, sí, pero con mucho camino por recorrer y que demostró que cuando perfeccionen sus asperezas, si mantienen la garra, podrán ser de los mejores elencos del mundo.
Muchos momentos quedarán entonces en la memoria de estos Juegos, desde el atleta que en la final de los 110 metros con vallas tropezó, cayó, colocó la valla y terminó de correr solo; el paraguayo que arengó y acompañó a un argentino en la maratón para que su compañero sudamericano pudiera terminar o el primer ministro japonés Shinzo Abe haciendo de Súper Mario. Pero estos serán temas para otro comentario.

