
Foto: Radio Habana Cuba
Hay que concurrir a la llamada Serie Mundial de Boxeo: se disputan cupos trascendentales y no podemos apartar nuestro glorioso jab de la magna cita, pese al arribo de los golpes pagados. Adaptarnos a esta situación y adaptarla a nuestros valores es imprescindible.
La victoria está llena de cesiones, lo enseñó José Martí; sin embargo, nunca cedió en los principios. Participemos sin dejar de señalar lo que ponga en peligro el físico y el espíritu, y de oponernos a lo diabólico. Los pies sobre el suelo porque el mundo es como es y no como debe ser, sin olvidar las alas.
Buen desempeño de los Domadores: campeones en el debut, 2014; subtitulares en el 2015, ases de nuevo en el presente año, pero cuidado con caer en la exageración al juzgar este acometer semipro. No es el mejor boxeo ni sus titulares son los mejores del mundo como se propaga.
Abundan los participantes alejados de lo técnico; aun parecen peleadores de taberna. ¿Refuerzos? Mercenarios lanzados por la miseria a batirse por cualquier bandera; muchos, desprovistos de condiciones y la protección apropiadas, enfrentan enormes riesgos.
El show adicionado, a partir del anuncio con poses ridículas y autosuficientes de los contrincantes, tiene de payasada y de discriminación a la mujer al mostrarla bailando hasta ligera de ropa, en muchos de los programas fuera de Cuba, e informando los rounds entre las cuerdas.
Pierre de Coubertin atacó temprano: “(…) el espíritu mercantilista que amenaza con invadir los círculos deportivos por haberse desarrollado los deportes en el seno de una sociedad que amenaza con pudrirse hasta la médula a causa de la pasión por el dinero”1 y afirmó en su discurso de dimisión del Comité Olímpico Internacional (1925): “(…) el organizador del espectáculo tiende a corromper al atleta para mejor satisfacer al espectador”2.
El voleibol, la pelota, la natación, el atletismo, la lucha, el tenis, la gimnasia… todas las disciplinas han sentido y sienten esos latigazos incrementados. La televisión manda; hasta se cambian reglas para favorecer a los medios; las programaciones encadenadas a monopolios; no se evade la creación de Coubertin.
Las trasnacionales pudren más allá de lo económico, parece normal lo anormal; la propaganda induce por decenas de vías a la aceptación de estos fenómenos. Es la mundialización sobre basamento ignominioso; su divulgación planta en las mentes que el capitalismo necesita reformas cuando más, pero es el único sistema posible e intentar sustituirlo arrastra al desbarajuste.
En lo atlético y lo artístico, se vitamina el individualismo y el sistema de estrellas, en un planeta donde el poderoso caballero tiene de amo.
Añado, el regodeo mediático con respecto al fútbol no existe solo por interés económico: envenena, endroga y trata de esconder cuestiones tan sucias como los negocios de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) estallados recién. ¿Será el único organismo superpecador de este frente…?
Contra el doping, críticas superficiales en la inmensa mayoría de los casos: se castiga a las víctimas y no al sistema y las escorias negociantes, los culpables medulares.
Los virus bogan a placer en aguas contaminadas y sin anticuerpos suficientes en los navegantes. Debemos proteger muy bien a nuestros muchachos que jamás serán alquilados a otra nación y saben defender nuestra bandera sobre el ring, preparados por un colectivo de entrenadores de alto nivel boxístico y ciudadano. Y lo demostrarán en los XXXI Juegos albergados por Río de Janeiro.
Cita bibliográfica:
1 En: Ideario Olímpico
2 Ídem
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