
Como parte de la realidad cotidiana, aún se escucha por doquier quejas e inquietud por el aumento de los precios. Foto: www.rcm.icrt.cu
Concluido el primer semestre del año y luego de una persistente lluvia de alertas, medidas preventivas y aplicación de la legislación nacional vigente, todavía no es suficiente para encontrar terreno fértil en Cuba que aniquile la plaga de indisciplinas sociales diseminada por el comercio.
Como parte de la realidad cotidiana, aún se escucha por doquier quejas e inquietud por el aumento de los precios, las balanzas injustas y el oportunismo de quienes se aprovechan de las circunstancias para especular sobre la mejor manera de sacarle partido a su posición de mercader sin escrúpulos, mientras se acrecienta el lamento por los salarios estatales.
Las políticas públicas para el comercio mayorista y minorista, de acuerdo a lo planteado en la Resolución del Partido y la Revolución de abril de 2011, plantea la importancia de operar la economía con la diversificación de formas de gestión de propiedad social, surtidos, calidad y precios de los productos y servicios de manera tal que satisfagan la demanda de la población.
Pero lo cierto es que el debate crece, ante la situación compleja imperante, sin obviar la repercusión de la crisis estructural sistémica, simultaneada por el conflicto económico, financiero, energético, alimentario y ambiental, que tiene mayor impacto en los países subdesarrollados.
En la mayor isla de las Antillas, hoy se habla de economía, finanzas que no alcanzan y el afán de alcanzar el sueño de una vida superior, a la altura del siglo XXI tan aventajado en potentes tecnologías y un sinnúmero de atractivos consumistas que, a no pocos les quita el sueño y a otros más entendidos, los hace sonreír ante el eufemismo de un mundo que se desmorona.
Visto desde una óptica científicamente demostrada, la ley es el control externo que existe para la conducta humana, es decir, las normas que rigen nuestra conducta social.
Por ello, detrás de cada realidad existen múltiples errores y aciertos con consecuencias que solo el tiempo, la paciente perseverancia y aplicación justa de disímiles acciones, favorecerá el cumplimiento individual y colectivo de los deberes y derechos ciudadanos, que asisten a los prestatarios y consumidores de bienes y servicios, para salirle al paso a las violaciones del marco jurídico.
No basta con denunciar o justificarse para encubrir el robo, el irrespeto a los valores, la violencia de hechos y palabra, es necesario crecer en la ética ciudadana que no transige ante lo inadecuado y en consecuencia, actúa de acuerdo a las facultades conferidas para ejercer autoridad, estimular o remover de sus tareas a quienes no aportan resultados válidos en su labor diaria.
Para la mayoría de los cubanos, está claro que cada persona tiene ante sí determinada responsabilidad, al velar por los principios universales de convivencia, incompatibles con el fraude y el engaño, por lo que ante las violaciones e indisciplinas sociales, se insiste en el necesario control administrativo y las inspecciones estatales, para garantizar la protección al consumidor.
¿Por qué en algunos lugares un producto cuesta más que en otros? ¿Cuáles son las causas y consecuencias de una violación como esta? ¿Cuánto afecta a la población? ¿Qué otras indisciplinas sociales se manifiestan en el comercio?, fueron interrogantes hechas recientemente en foro de la televisión cubana, donde panelistas y pobladores de la isla se interesaron abiertamente por el tema.
Al respecto, Maricel Pedroso Drake, directora de Dirección Estatal de Comercio de La Habana, reconoció cuán ciertas son las quejas y preocupaciones de la población en torno al asunto, y los esfuerzos que libra el Estado por solucionarlas, batalla en la que a su juicio, “NO puede haber ni tregua ni descanso”.
En el sector comercio, la política de abastecimiento del país debe tener en cuenta las necesidades reales de la población, estructurar ofertas de bienes y servicios que se correspondan con la demanda solvente de los consumidores y revisar las prohibiciones que pudieran limitar aún el comercio actual.
Calidad y precios deben mantener el equilibrio de cada oferta, también el ejercicio efectivo y de control sobre la gestión de compras y la rotación de inventarios en toda la red comercial, tanto mayorista como minorista, para minimizar la inmovilización de recursos y las pérdidas.
Para esto, la plataforma de desarrollo económico prevé en diez lineamientos dar respuesta al cómo y por qué decidir por un comercio más justo y equitativo, en el cual los anhelos y realidades de la sociedad cubana alcancen el propósito funcional de prosperidad y sostenibilidad a largo plazo, prometido por el Socialismo.

