Comercialización y producción de alimentos: las venas abiertas de la economía familiar cubana

Foto: José Jasán Nieves/Tomado de Internet

Mercado ubicado en Infanta y Estrella. Foto: José Jasán Nieves/Tomado de Internet

En las no pocas ocasiones que mi amigo Lázaro y yo intercambiamos puntos de vista sobre la compleja problemática económico-social de la Cuba de hoy, él suele decir: “lo único que sé es que la carne de cerdo está a 45 pesos la libra”, expresión asociada a que dicho indicador de precio de ese producto alimenticio, es asumido como el índice Dow Jones, aunque en la isla, como se conoce, no existe bolsa de valores.

Por su parte, Teresa está alarmada con las colas que observó en su bodega en diciembre de 2015, para adquirir los pocos productos subsidiados -arroz, frijol, aceite, café y azúcar-, que mensualmente reciben los núcleos familiares por la libreta de racionamiento. “No había visto antes algo semejante”, espeta ella, y a renglón seguido agrega: “Es que la cuenta no da”… tampoco no hay quien “se tire contra los precios del mercado agropecuario’’. Tampoco contra otros tipos de mercado, estatales y privados, agregaría yo.

En tanto, el diputado Israel Pérez, del municipio espirituano de Yaguajay, durante la última sesión parlamentaria del año 2015, manifestó inquietud por “los altos precios de los productos agropecuarios que se comercializan hasta cuatro veces más caros del precio al que los vendió el campesino”1.

¿Qué está pasando con la agricultura?

Estas historias de vida no son la excepción, más bien son la regla, en la Cuba del 2015 y de inicios del 2016, a pesar de un programa de reformas (Lineamientos) iniciado en 2008, con la entrega de tierras ociosas en usufructo -actualmente en el país hay más de 170 mil usufructuarios-; aunque el mismo se aprobó en abril de 2011, cuando se celebró el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Incluso, con relación a esto último, se modificó el Decreto-Ley inicial, y se amplió el área de tierra en usufructo, hasta 67 hectáreas, para quien la tiene en producción, y se concedió la continuidad del derecho, en caso de fallecer el titular, para sus familiares o quienes laboran con él.

Para estimular la producción de alimentos, en estos siete años se han adoptado 22 medidas gubernamentales, y desde 2011 hasta 2013, el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros ha abordado el tema agrícola en 14 ocasiones.

Por otra parte, previo al Encuentro Nacional de Productores Agropecuarios, efectuado en septiembre de 2013, se hicieron más de 350 planteamientos con respecto al tema de la comercialización agrícola durante el proceso desarrollado en los municipios y provincias del país.

Alrededor de 960 mil personas están ocupadas en el sector agrícola, de las cuales cerca de 300 mil no se vinculan directamente a la producción.

A pesar de las medidas adoptadas en ese sector, resulta muy pobre el impacto de la agricultura en el Producto Interno Bruto (PIB). En diciembre de 2014 dicho aporte al PIB era del tres por ciento, cuando en el 2008 ascendía a un 20 por ciento.

El país gasta anualmente alrededor de dos mil millones de dólares en la importación de alimentos, de los cuales el 50 por ciento se pueden producir en la Isla, que llegó a importar el 57 por ciento de las proteínas y el 50 por ciento de los carbohidratos.

El valor de la cesta de alimentos a importar en 2016 ascenderá a mil 940 millones en moneda libremente convertible, solo 25 millones menos que en 2015. Un desembolso que pone aún más presión sobre las maltrechas finanzas nacionales.

En 1991 la agricultura llegó a aportar el 83 por ciento de los fondos exportables del país, de los cuales el 77 por ciento correspondía a la agroindustria azucarera.

El 80 por ciento del fondo de la tierra está representado por el Estado. De ese patrimonio, se explota bajo formas no estatales el 70 por ciento: Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS); Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA); y Unidades Básicas de Producción Cooperativas (UBPC), cuya gestión se flexibilizó a partir de un grupo de medidas, dirigidas a eliminar ataduras y facilitar mayor independencia.

Sin embargo, los agricultores privados, con algo más del 24 por ciento de las tierras cultivables del país, aportan el 57 por ciento de los alimentos y poseen el 60 por ciento de la masa vacuna.

Alrededor del 63 por ciento de la producción agropecuaria se contrata; aunque el 40 por ciento de las producciones contratadas por las cooperativas no se cumplieron al cierre del primer semestre de 2012, a pesar de ser el sector decisivo de la producción agropecuaria cubana, según análisis realizados en julio de ese año en la Comisión Agroalimentaria del parlamento.

En la Isla 137 municipios viven de la economía agropecuaria, los cuales representan más del 80 por ciento del total de los existentes en el país. ¿Cómo será la vida socioeconómica en esos territorios si la agricultura muestra los magros resultados actuales? ¿Qué sucederá en aquellos donde el sector no constituye el rubro económico principal? No son pocas las preguntas que pudieran hacerse en ese sentido.

Expertos consideran que dado el envejecimiento poblacional, las inversiones agrícolas cubanas deben estar más enfocadas hacia la técnica y la ciencia, no en base a modelos extensivos como años atrás.

Para potenciar esto último, el país cuenta con cerca de 40 instituciones, que se dedican a la investigación de la ciencia y la técnica aplicada a la agricultura. Solo el ministerio del ramo posee 17 institutos de investigación, más todas las cadenas de fincas experimentales. Para este imprescindible objetivo, la nación dispone de más de cinco mil investigadores.

No obstante, los elementos de juicio ofrecidos hasta aquí, la pregunta de los concurrentes al mercado de alimentos agrícolas sigue aún en pie: ¿Qué está pasando con la agricultura?

Foto: Trabajadores

Foto: Trabajadores

La visión de un experto

El Doctor en Ciencias Económicas Armando Novas tiene a su haber no pocas horas de vuelo en lo que respecta al estudio del modelo agrícola cubano. El considera que “la aplicación de las medidas mencionadas, han tenido resultados e impactos muy diversos en algunas con incrementos productivos; sin embargo, no se ha logrado traspasar la demanda que aún se mantiene insatisfecha. Resulta un tema relevante que a pesar de la mayor producción, no crecen los destinos al mercado agropecuario, que es el segmento de mercado que más satisface las necesidades de la sociedad en su conjunto’’2.

Nova opina igualmente que “a partir de 2013… se han incrementado las transformaciones, pero el proceso se ha concentrado en la esfera de la distribución y comercialización, y no con carácter sistémico. Ello se aprecia en que las nuevas formas de producción han asumido gastos que de forma son trasladados al precio de venta. Además, la escasez generalizada estimula a que no se reconozcan en el mercado las diferencias de precio según las calidades. Se ha registrado un incremento de precio que oscila entre 15-24 por ciento, que repercute en las cadenas productivas en las cuales los alimentos son insumos’’3.

El profesor e investigador Armando Nova plantea un asunto central, pues en su opinión “resulta necesario que los actores directos, con una visión abarcadora del ciclo de la producción, puedan ejercer plenamente la realización de la propiedad sobre sus recursos y trabajo. Ello equivale a que el productor pueda ejercer su derecho a decidir que debe producir, a quien vender lo producido, a qué precio, el acudir a un mercado de insumo para comprar los medios necesarios y en el momento oportuno, con el objetivo de lograr el cierre exitoso del ciclo productivo’’4.

Sector agroalimentario urge de inversión extranjera directa

Al cierre del año 2014, existían oportunidades de negocios para la inversión extranjera directa (IED), en 32 proyectos relacionados con el sector agroalimentario.

Resulta casi imposible, aún cuando el Estado asuma un nivel determinado de subsidios -tal como sucede en otros países-, pensar en desarrollo, expansión y crecimiento en la referida rama, sino se accede a la IED.

Cómo vencer la obsolescencia de medios y equipos, de tecnología, sino se accede a capital foráneo, incluso de labriegos nacionales poseedores de un poder monetario reconocido.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, así como un eventual levantamiento del bloqueo económico por parte de la nación norteña, pudiera abrir la posibilidad de IED en la Isla por parte del sector agrícola estadounidense.

En tal sentido, el lobby agrícola norteamericano aumenta presiones para comerciar con Cuba. “El propio Secretario de Agricultura norteamericano, Tom Vilsack -visitó la nación antillana en 2015- cifró en más de mil 700 millones de dólares el potencial de compra cubano en el que históricamente ha sido su mercado natural, pero el cual se ha mantenido al margen, debido a las leyes del bloqueo’’5.

La misma fuente periodística, donde se cita lo anterior, informó que “Cuba ha adquirido cerca de cinco mil millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses durante los últimos 14 años, impulsado por los precios competitivos y la cercanía de los puertos de embarque’’6.

No se trata de fomentar nichos productivos

El municipio especial Isla de la Juventud ha devenido en un polígono de ensayo de lo que se desea, aspira, y no llega a ser aún el sector agroalimentario. No se trata de fomentar nichos productivos como éste, para satisfacer la demanda de 84 mil habitantes, sino de hacer sostenible la producción de alimentos, para los más de 11 millones de cubanos.

En el citado territorio insular se lleva a cabo un experimento de venta liberada de insumos, equipamientos y servicios agropecuarios, para lograr el autoabastecimiento en algunos productos, sustitución de importaciones y mejores ofertas y precios.

Con no pocos bombos y platillos, la prensa nacional se refirió en el último trimestre de 2015 a los éxitos productivos agrícolas, una de las tres direcciones del Programa de Desarrollo Integral (2012-2020), que acomete la referida localidad.

Los habitantes de la Isla grande sintieron una sana envidia, cuando se informó que los pineros adquirieron “para fin de año la libra de cerdo a 10, 11 y 12’’7 pesos en moneda nacional, “según la clasificación de la carne”, mientras que en la capital del país el precio de dicha carne se disparó, hasta alcanzar una cota de 50 pesos la libra.

Si bien la Isla de la Juventud se autoabastece de tomate, como se ha publicado, durante las festividades por el fin del año 2015 en La Habana, el vegetal alcanzó un precio de oro, al valer la libra entre 20 y 25 pesos en moneda nacional.

Foto: Radio Rebelde

Foto: Radio Rebelde

Las venas abiertas de la economía familiar cubana

Si el fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió el memorable texto Las venas abiertas de América Latina, este título podría parafrasearse para describir cuanto acontece hacia el interior de la mayoría de los hogares cubanos –en particular aquellos menos favorecidos por las reformas en curso-, dado la persistente inflación de los precios de los productos agrícolas.

Para el Doctor en Ciencias Económicas Juan Triana Cordoví, “la evolución de los precios en los mercados agropecuarios ha contribuido al deterioro de la capacidad de compra del peso cubano”.

Triana Cordoví considera que “el monopolio de la actividad de intermediación en los mercados agropecuarios, el cual está en casi su totalidad en manos de intermediarios privados, la débil e insuficiente gestión e intermediación por parte de las empresas estatales y la casi total ausencia de opciones alternativas a precios más moderados’’.

Tan crítica situación, sin mejoras aparentes, se ha extendido por un período demasiado largo, lo cual ha erosionado la credibilidad en las instituciones públicas por parte de la población, cada vez más atenazada por una problemática, que parece tornarse insolvente para las autoridades del país, independientemente de su manifiesta voluntad política en diferentes escenarios, donde el tema se hace cada vez más recurrente.

Los mensajes de esa cruda realidad se hacen tangibles, diariamente, sobre la mesa de la familia cubana. Y es que “sin un despegue de la agricultura no habrá un socialismo próspero y sostenible. Si un sector ha registrado transformaciones estructurales y funcionales en los últimos años, es el agrícola. Y, sin embargo, esos cambios audaces no se reflejan todavía en un avance productivo, hacia un modelo agrícola eficaz y eficiente’’8.

Notas bibliográficas:

1 Granma, La Habana, 30 de diciembre de 2015, p.2
2 Retos y perspectivas del sector agropecuario cubano. En: Revista Bimestre Cubana, La Habana, enero-junio, 2015, No 42, p. 63-65.
3 Ibídem
4 Ibídem
5 Granma, La Habana, 9 de octubre de 2015, p.7
6 Ibídem
7 Juventud Rebelde, La Habana, 25 de diciembre de 2015, p.6
8 El Economista de Cuba, La Habana, octubre-diciembre 2015, p.1

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