Conectar la ciencia a la economía

Entre las muchas urgencias que tiene Cuba, inmersa actualmente en la llamada actualización de su modelo económico, está en conectar la ciencia con la economía, en particular aquella vinculada al conocimiento. (Foto: Gilberto González)

Entre las muchas urgencias que tiene Cuba, inmersa actualmente en la llamada actualización de su modelo económico,
está en conectar la ciencia con la economía, en particular aquella vinculada al conocimiento. (Foto: Gilberto González)

Cada año, el 15 de enero se celebra el Día de la Ciencia en Cuba, porque en igual fecha de 1960, el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, afirmó que el futuro de la Isla tendrá que ser necesariamente de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento.

Entre las muchas urgencias que tiene Cuba, inmersa actualmente en la llamada actualización de su modelo económico, consistente en la aplicación de 313 reformas-Lineamientos-, aprobadas en el Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), está en conectar la ciencia con la economía, en particular aquella vinculada al conocimiento; que pudiera ser considerada una industria, ya que aporta en estos momentos el 70 por ciento de las exportaciones del país, y dentro de ellas el 80 por ciento corre a cargo de los servicios médicos.

Si el Producto Interno Bruto (PIB) de la Isla ha podido mostrar en los últimos cinco años – digamos, desde el 2008 hasta la fecha- un indicador moderado de crecimiento- aunque insuficiente aún y muy lejos de sus necesidades-, es precisamente por la referida economía del conocimiento.

A veces se le pregunta a un empresario cuánto invierte su entidad en investigación para el desarrollo, y suele quedarse en ascuas, porque ese tema no está dentro de sus prioridades. Craso error. Para un experto, como el Doctor en ciencias Juan Triana Cordoví, el conocimiento es una inversión y no un gasto. El académico del Centro de Estudios de la Economía Cubana, adscrito a la Universidad de La Habana, considera un error conceptual pensar que la inversión en ciencia y tecnología, constituye un gasto.

Triana Cordoví opina que prueba de esto último es que un país como Corea del Sur, con probados indicadores de crecimiento y desarrollo económico, cuenta con un ministerio de Economía del Conocimiento, institución que tiene el encargo de poner en línea toda la economía de esa nación asiática con los sectores más dinámicos.

En Cuba, donde la producción de alimentos ha sido considerada de máxima prioridad por las autoridades del país, el empleo de la ciencia y la técnica resulta decisivo, para reducir la cifra millonaria de alimentos importados, a precios cada vez más altos en el mercado mundial, lo cual no solo afecta la balanza de pagos del país, sino que en medio de las carencias financieras, lo poco o lo mucho que se ingresa, hay que emplearlo en ese fin.

Cuba dispone de 232 entidades de ciencia, tecnología e innovación acreditadas, de las cuales 132 son centros de investigación propiamente, y no pocos de ellos tributan, directa e indirectamente, al sistema de la agricultura, por lo cual resulta inexplicable – como no pocas veces sucede-, que las soluciones a nuestras necesidades alimentarias se busquen allende los mares a un costo millonario, cuando la Economía del Conocimiento la tenemos hacia el interior de la Isla, al alcance de la mano. Como suele decir el Doctor en ciencias Sergio Rodríguez Morales, director del Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT): “Sin ciencia jamás tendremos altos rendimientos agrícolas”.

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