El crecimiento de la industria turística en Cuba permite dinamizar la economía nacional, por lo que resulta halagüeño confirmar la noticia de haber arribado a los tres millones de visitantes foráneos antes de que culmine el presente año 2016.
Lo anterior fue recientemente publicado por el Ministerio de Turismo en la mayor isla del Caribe para satisfacción de quienes en cualquier parte del mundo apostan por la idiosincrasia de los cubanos, el crisol de sus múltiples tendencias culturales, además de la belleza natural y benignidad de su flora y fauna autóctonas, como potencial de desarrollo social y económico.
El objetivo fundamental de la industria del ocio en Cuba es la captación directa de divisas que, a través del máximo ingreso medio por turista, cuenta hoy con un mercado emisor estable y en ascenso, fundamentalmente de Canadá, Alemania y Francia.
La legislación cubana actual y su estrategia de desarrollo socio-económico próspero y sustentable, se basa en lograr mejores índices de calidad en los servicios y productos del sector, por un programa de desarrollo eficiente, impulsado por la competitividad del capital humano y el confort que se logra desde principios de los años 90 en la infraestructura hotelera.
De acuerdo a estimados recientes, Cuba está dotada de más de 60 mil habitaciones, en alrededor de 300 hoteles de cuatro y cinco estrellas, gracias al financiamiento de inversiones nacionales y extranjeras que, a corto plazo, también garantizan una potente infraestructura de restaurantes, bares, discotecas, marinas, centros de buceo, tiendas y núcleos comerciales.
El ostensible crecimiento de la llamada locomotora de la economía cubana no pasa inadvertido para los expertos, que observan con beneplácito el acápite referido a la política del Partido Comunista de Cuba y la adecuación del modelo económico en la Isla, referido al perfeccionamiento y eficiencia del sector, cada vez más representativo y seguro entre sus similares de Latinoamérica.


