Especulación y acaparamiento obstaculizan Revolución Bolivariana

Con la recién aprobada Ley Habilitante, Nicolás Maduro espera poder hacer frente a la guerra económica en Venezuela, en especial a la especulación y el acaparamiento (Foto: informe21.com)

Con la recién aprobada Ley Habilitante, Nicolás Maduro espera poder hacer frente a la guerra económica en Venezuela, en especial a la especulación y el acaparamiento (Foto: informe21.com)

Desde hace más de un año, desde que se hizo pública la penosa enfermedad de Hugo Rafael Chávez Frías; la que, finalmente le causó la muerte, escribo sin descanso, sobre la vida económico-social y política de Venezuela, y no lo hago porque se trate del primer socio comercial de Cuba- mi Patria- y esta constituya su más firme aliado político. Hay motivos personales, profesionales y humanos que desbordan las anteriores razones, que para nada resultan desestimables y atendibles, en mis habituales análisis y comentarios sobre lo que acontece en esa hermana nación.

Pero me duele en lo más íntimo y profundo todo lo que pueda poner en riesgo la Revolución Bolivariana, la obra inconclusa y más preciada del Mesías de los pobres, Hugo Rafael Chávez Frías. Y ese proyecto económico-social, que resultó el parte aguas de América Latina y el Caribe hacia finales del siglo Veinte y en los albores del siglo Veintiuno, está en peligro, pues la especulación y el acaparamiento obstaculizan hoy sus loables propósitos; como parte de una guerra económica puesta en marcha, desde hace algún tiempo -incluso en vida de Chávez-, por la burguesía rentista petrolera y sectores comerciales privados, con el apoyo de los medios de prensa de la derecha.

Era de esperar que tras el fallecimiento de Chávez, vinieran tiempos borrascosos para la Revolución Bolivariana. Nicolás Maduro Moros, actual Presidente venezolano y sucesor político de Chávez, por voluntad expresa de este último antes de su muerte, apenas ha podido concretar el llamado Gobierno de Calle, que prometió llevar a cabo, tras el triunfo electoral del 15 de abril de 2013. Ha sido sometido a un proceso de desgaste, sin que ello signifique una desatención a la agenda interna y externa del Ejecutivo. Pero indiscutiblemente las acciones desestabilizadoras le están pasando una factura indeseada al mandatario y su gabinete, que se ha visto impelido a responder, con acciones concretas, las no pocas provocaciones puestas en práctica por sus jurados adversarios políticos.

El domingo 10 de noviembre de 2013, Maduro anunció una nueva ofensiva económica contra la especulación y el acaparamiento, rasgos del mercado negro, tipificados como delitos, y que han inflado indiscriminadamente los precios, de forma exorbitante, provocando así compras nerviosas en el mercado de artículos de primera necesidad por parte de los ciudadanos. Esto ha llevado a las autoridades del país a realizar operativos de supervisión en los comercios, para desarticular tales maniobras, que sin dudas han generado inquietud y preocupación en la población, a pesar del reiterado llamado a la calma y la confianza por parte del Ejecutivo.

La Revolución Bolivariana, con las medidas anunciadas por Nicolás Maduro Moros, se está jugando en estos momentos de aguda crisis las llamadas “joyas de la abuela”, hablando no sólo en términos económicos. El asunto posee un mayor alcance, que pudiera resultar imprevisible y tener consecuencias insospechadas, si somos realistas ante el curso de los actuales acontecimientos.

De ahí que Osviel Castro Medel, enviado especial del diario cubano Juventud Rebelde en Venezuela, escribiera: “Precisamente por eso, la nueva carta a la que ha apostado la dirigencia de la Revolución puede ser crucial para el destino de la República Bolivariana de Venezuela. Perder la batalla implicaría una regresión de nefastas consecuencias. Entonces el camino del triunfo -no del triunfalismo- y de la esperanza debe preservarse en el complicado horizonte”.

De nada valdría asumir una visión y postura apocalíptica ante tan compleja y delicada situación, pero tampoco resultaría prudente y objetivo desconocer que una daga pende hoy sobre la yugular de la Revolución Bolivariana, cuya salvación mucho depende de la sabiduría con que sus líderes sepan mover las piezas de este complejo juego de dominó, y sobre todo del respaldo popular en estas horas decisivas de la Patria.

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