Un plan para el bienestar de los cubanos

Feria de productos del agro. Foto: Gilberto González García

Feria de productos del agro. Foto: Gilberto González García

Levantarse de una caída y seguir adelante es una forma positiva de afrontar los reveses de la existencia y aplicable a cualquier esfera, incluso la económica.

De la desintegración del campo socialista se ha hablado mucho y de los estragos producidos en Cuba con el periodo especial, o más bien periodo real, según una visión personal del asunto; porque entonces nos quedamos con lo que realmente contábamos.

También en este tiempo se habla del bloqueo y los daños ocasionados por él en la vida de los cubanos.

Conforme a las palabras del presidente Raúl Castro, durante la apertura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, este conjunto de afectaciones provocó, con el tiempo, una falta de integralidad en los enfoques, menoscabando en muchos el diseño de una visión de futuro.

En este último punto es sobre el cual construyo este comentario. El plan para el bienestar de quienes vivimos en esta isla y que nos permitirá ponernos de pie con nuestras habilidades y recursos.

Pero, ¿con qué contamos?

Primero hay que analizar la situación regional. Nuestros aliados de América Latina y el Caribe se encuentran bajo los efectos de una fuerte y articulada contraofensiva imperialista y oligárquica contra los gobiernos revolucionarios y progresistas, en un contexto complejo, marcado por la desaceleración de la economía, que ha impactado negativamente en la continuidad de las políticas de desarrollo e inclusión social, así como en el marco de la cooperación internacional.

Cuba cuenta con el decisivo apoyo de la solidaridad mundial, demostrada en múltiples eventos y en las organizaciones internacionales, en particular las abrumadoras votaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas contra el bloqueo.

Pero no es suficiente, esa medida continúa vigente con incuestionables efectos intimidatorios de alcance extraterritorial y sus consecuentes privaciones a nuestra población constituyen el principal obstáculo para el desarrollo económico del país.

Sin embargo, lo más importante es el asegurar la participación consciente, activa y comprometida de la mayoría de la población en el proceso de actualización del modelo económico y social.

Sin esta inclusión mayoritaria será imposible rectificar el fenómeno de la llamada pirámide invertida que impide retribuir de manera justa el trabajo en función de su cantidad, calidad, y complejidad y que el nivel de vida corresponda con los ingresos legales y frene la desmotivación laboral.

Además, debe elevarse la acumulación del Producto Interno Bruto mediante el fortalecimiento de la empresa estatal socialista, perfeccionar y expandir el mercado interno y externo. Estas son algunas de las claves del Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 que asegurará el bienestar de los cubanos y un futuro sostenible.

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