La Unión de Ferrocarriles de Cuba (UFC) continúa el desarrollo progresivo de la infraestructura constructiva que permitirá elevar la eficiencia en el servicio público de transporte de cargas y de pasajeros, durante el 2015.
Como parte de un sector indispensable en la implementación de los Lineamientos del Partido y la Revolución, el programa de recuperación y desarrollo del ferrocarril dentro del proceso inversionista del país, prioriza hoy el mejoramiento y mantenimiento de las vías, a partir del proyecto La Habana-Mariel, de 450 kilómetros de líneas principales, secundarias y ramales.
El plan nacional responde también a las posibilidades reales de reparación de las vías férreas, con la intención de elevar la velocidad de marcha de los trenes hasta 100 kilómetros por hora, y para lograrlo también es necesario la capacitación laboral en pos de la eficiencia, la seguridad, disciplina ferroviaria y disminución de los tiempos de transportación de los pasajeros y las cargas.
Al respecto, el ingeniero Ángel Acuña, director de la UFC, informó sobre un programa de modernización que se aplica por etapas e incluye la red ferroviaria nacional.
También la Estación Central de Ferrocarriles, sede de la Unión, se incluye en un plan de remozamiento integral de los edificio patrimoniales de La Habana, pues su fundación data de noviembre de 1912 y su peculiar estructura arquitectónica, de líneas sobrias y estilizadas, constituyen un modelo de elementos del Renacimiento español, ejecutado por ingenieros, arquitectos y contratistas norteamericanos.
Actualmente existen unos 12 mil Kilómetros, empleados en el ferrocarril público, para la transportación promedio de 18 millones anuales de pasajeros y la carga, de algo más de 37 millones de toneladas que incluye la general, caña y sus derivados, así como otros productos y mercancías de los sectores industriales.
Los más de 22 mil trabajadores del sector transportista de la UFC se unen al esfuerzo cotidiano que adquiere especial interés en el ferrocarril, surgido en Europa durante el siglo XIX y con el privilegio de haber llegado a Cuba en 1837, como el más moderno adelanto tecnológico del momento, para cubrir la ruta entre La Habana y Bejucal.


