
Los sueños están a punto de cumplirse; en breve llegará el primero de septiembre, primer día de clases. (Foto: juventudrebelde.cu)
En Cuba el inicio de un curso escolar deviene fiesta en la que todos participan: alumnos y profesores, y por supuesto los padres y abuelos sienten una felicidad interior que se traduce en complacencia.
De nuevo familia y escuela transitarán por el camino del conocimiento. Atrás quedan los paseos a la playa, las visitas a familiares y centros de recreación. Se terminaron las vacaciones.
La noche más intranquila del año será la que antecede al primer día de clases. Antes de dormir, la mochila y el uniforme impecables les hacen un último guiño a sus dueños; poco antes de cerrar definitivamente los ojos los niños imaginan la llegada a la escuela, que los espera limpia y engalanada.
Al pequeño que asistirá por primera vez le preocupa quienes serán sus compañeros y la maestra,-estaré lejos de mamá y papá, ¿cómo será mi escuela?-, piensa con inquietud mientras va hacia los brazos de Morfeo; los de grados superiores se sienten felices por el próximo reencuentro con los amigos que no ven desde el curso anterior.
Después de dar vueltas en la cama, por fin les llega el sueño a todos: se imaginan en el matutino donde la directora les da la bienvenida y les explica las tareas más importantes que realizarán en el curso.
Ven a la profesora a la entrada del aula, lugar que no abandonará hasta que llega el último de sus alumnos; se sientan y les sigue el silencio, y la indicación sobre la asignatura que estudiarán y el primer tema de ese día. Luego a la hora del receso se ven haciendo cuentos y anécdotas de los meses de ocio que finalizaron recientemente.
Los sueños están a punto de cumplirse; en breve llegará el primero de septiembre, primer día de clases, y aunque el sol aún no se ha levantado, en la puerta de cada casa donde vive un niño estará feliz la mañana, que sin apuro espera que despierten los más pequeños para llevarlos a la escuela.

