Gracias a los alfabetizadores Conrado Benítez

Campaña de Alfabetización. Foto: Cubadebate

Campaña de Alfabetización. Foto: Cubadebate

La trascendencia de la Campaña Nacional de Alfabetización realizada en Cuba en 1961 va más allá de su importancia educacional. Esto está dado por la respuesta que dieron adolescentes, jóvenes y hasta niños al llamado que les hizo Fidel Castro de la necesidad de erradicar el analfabetismo en la isla.

De forma desinteresada partieron a cumplir con su deber. A medida que pasaba el tiempo los campesinos los trataban como sus propios hijos y compartieron con ellos desde los alimentos, hasta la alegría de sentirse acompañados en los intrincados lugares donde abundaba el desamparo heredado de otras épocas.

De repente hasta el campo llegó el saber. Una gran parte del tiempo transcurría al aire libre ayudando en las labores agrícolas a aquellos que de día trabajaban la tierra con ahínco y esperanza para alimentar a sus familias, y de noche aprendían a leer y a escribir.

Tomó su tiempo y mucho esfuerzo a los campesinos identificarse con el lápiz y más aún dominarlo a la hora de escribir números y letras pero como todo en la vida la persistencia venció a los obstáculos.

La recreación fueron los ríos y sus aguas, que trasladaban desde largas distancias para realizar las labores en las sencillas casas, muchas de las cuales tenían el piso de tierra. También se balanceaban en rústicas hamacas que colgaban en los árboles, mientras reían de forma sana.

Ocurría la campaña en medio de las agresiones de los bandidos que llenos de odio y pagados por el imperialismo yanqui quisieron boicotearla y sembrar el terror y el miedo en los más jóvenes, pero se encontraron con la decisión de seguir adelante hasta el final de la epopeya.

Todos los que tuvieron el privilegio de alfabetizar quedaron marcados para toda la vida por las ricas experiencias vividas durante casi un año en un medio totalmente diferente al que vivían en las ciudades.

Fue una época de efervescencia revolucionaria en la que todos querían ser mejores personas, ayudar a otros, servir a la Revolución sin pensar en recompensa alguna, ni percatarse de que eran protagonistas del hecho extraordinario de alfabetizar a un millón de cubanos.

Iniciaba el país la primera revolución educacional con el saldo actual después de 54 años de suceder el acontecimiento de contar con más de un millón de profesionales en diferentes ramas de la economía y los servicios, y por encima de tres mil doctores en ciencias que desarrollan al país. Gracias a los alfabetizadores Conrado Benítez que dieron prioridad al conocimiento.

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