La medalla de la vida

La grandeza de la educación especial en Cuba.

La grandeza de la educación especial en Cuba.

Una educación inclusiva y una atención diferenciada que garantice igualdad de oportunidades y de desarrollo cultural, son preceptos que a 55 años de Revolución, continúan enarbolando la formación especial en Cuba.

De ahí que ante el llamado que se le hiciera a profesores jubilados para reincorporarse a las aulas, María Magdalena Echevarría Mora no dudó un instante en retomar el quehacer pedagógico con el mismo impulso de su juventud.

“Yo escogí mi carrera, en primer lugar, porque tengo un hermano que tiene retraso mental ligero y porque me gustaba realmente la profesión de enseñar. En aquella época había mucho embullo y mucha disposición para ser maestro y como en tercer año recuerdo, que entonces se podía adoptar esta especialidad y rapidito me decidí por el rango de elogofreno pedagoga y me gradué con deseo porque me gustaba y todavía la ejerzo con deseo porque me gusta”.

Orgullosa de haber integrado las filas de los llamados maestros macarencos, cuando se necesitó llevar la luz de la enseñanza a cada rincón de la isla, Magdalena no olvida la vez que estrechó la mano de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

“Estudié en un centro turístico que se llamaba “Campamento Cinco de Mayo” en Pinar del Río, allí residimos alrededor de un año y en ese tiempo conocí eventualmente a Fidel. Por casualidad él pasaba cerca y visitó el campamento, yo me encontraba realizando el autoservicio, entonces veo al yip que se detiene en la entrada, me saluda y pregunta donde quedaba la dirección, imagínese, yo me quede anonadada no era posible que Fidel estuviese allí y recuerdo que le dije: que honor para mí haberle estrechado la mano al Comandante”.

La entrega y la dedicación han acompañado durante 39 años a esta catedrática de origen humilde, quien se consagró por entero a la noble labor de instruir a niños con necesidades especiales.

“Trato de hacer siempre algo mejor, algo bueno. Trabajar con los niños, formar valores, eso me encanta y siempre busco la manera de ser justa, aunque a veces me equivoque y cuando me equivoco les doy la posibilidad de que me lo digan, para enseñarles a aceptar lo bueno y no lo malo”.

Actualmente María Magdalena labora en su municipio de residencia, La Habana Vieja, en el centro escolar República Socialista de Vietnam para alumnos con trastornos de la conducta.

“Me enorgullezco de tratar de enderezar tronco de árboles torcidos y a veces se logra. Yo vivo donde mismo trabajo y por los alrededores tengo alumnos que son padres y siempre que me ven le dicen a sus hijos, ¡esa fue mi maestra!, ¡mira a esa maestra yo la conozco!, ¡Maestra usted no se pone vieja! Eso es muy bonito, es como la medalla de la vida”.

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