La profesora Lisset Díaz se siente realizada

Lisset Díaz Padrón, profesora de Psicología de la Escuela de Formación Pedagógica. Foto: Teresa Valenzuela

Lisset Díaz Padrón, profesora de Psicología de la Escuela de Formación Pedagógica. Foto: Teresa Valenzuela

El quehacer en el magisterio de la profesora Lisset Díaz Padrón es amplio y diverso, ya que impartió la asignatura de economía durante años en la enseñanza técnica y profesional, así como en el instituto superior pedagógico Héctor Zaldívar Pineda, mientras otros 18 años los dedicó a dar cursos para la preparación de cuadros del sector educacional en diferentes niveles.

También ejerció como asesora de la directora municipal de Educación de La Habana del Este desde el 2006.

Recuerda a una profesora de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, de La Habana, que en una ocasión le dijo que ella había nacido para maestra. “Y así fue; siempre me gustó la enseñanza pero me sucedió algo interesante, y era que no me inclinaba hacia ninguna carrera o asignatura específica como Física, Química o Matemática, sin embargo, cuando tuve a mano la especialidad de Economía me interesó al punto que me gradué en el primer grupo como licenciada”.

Actualmente imparte la disciplina de Psicología en la escuela pedagógica Camilo Cienfuegos, ubicada en el este de la capital cubana, donde se preparan jóvenes como docentes de círculos infantiles y escuelas primarias con el objetivo de garantizar la docencia en el territorio.

Con más de tres décadas dedicadas al magisterio destacó que se siente satisfecha por contribuir a la preparación integral de las alumnas, muchas de las cuales al principio estaban desvinculadas del estudio y del trabajo, y al cabo del tiempo se les ve motivadas y con una determinada formación que les permitirá continuar superándose.

Señaló que la preparación resulta importante para ellas porque lo que necesitan los niños de esas edades de la primera infancia es un personal que esté preparado y calificado, al que se le deben de inculcar las formas y las maneras del trato con los niños, transmitirles amor y combinarlo con el accionar cotidiano a través de los procesos que se hacen como parte del horario de vida.

La profesora enfatizó que el ejemplo es un elemento que no le debe de faltar a un educador, más aún en esa edad que es vital, ya que sus primeras manifestaciones es imitar al adulto que permanece más tiempo a su lado.

Confesó que se siente una profesional realizada; “siempre me ha gustado el aula en la que le doy todo aquello que contribuya a la formación de mis alumnos; es el lugar ideal para que olvide las dificultades y problemas. Casi al final de mi vida laboral siento igual entusiasmo que en los inicios –dice de forma sincera esta mujer que ama a los niños por sobre todas las cosas–.

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