Las nuevas generaciones admiran a los alfabetizadores

Manuel Alejandro Ferreiro, alumno de la escuela Secundaria Básica 14 de junio, y Alegna Herrero Díaz, de la primaria Comandante Manuel Fajardo, en La Habana del Este, conocen detalles de los alfabetizadores Conrado Benítez. Foto: Teresa Valenzuela/Radio Rebelde.

Manuel Alejandro Ferreiro, alumno de la escuela Secundaria Básica 14 de junio, y Alegna Herrero Díaz, de la primaria Comandante Manuel Fajardo, en La Habana del Este. Foto: Teresa Valenzuela/Radio Rebelde.

La admiración crece en las nuevas generaciones por los alfabetizadores Conrado Benítez, al conocer la proeza que protagonizaron 53 años atrás, miles de jóvenes y adolescentes casi niños, al participar en la Campaña Nacional de Alfabetización que enseñó a leer y a escribir a casi un millón de cubanos.

La mayoría queda sorprendida por lo que hicieron a favor de las personas iletradas siendo apenas unos adolescentes. Ellos se crecieron como personas y vencieron las más disímiles dificultades.

Tal es el caso de Manuel Alejandro Ferreiro, alumno de la secundaria básica 14 de Junio, y Alegna Herrero Díaz, de la primaria Comandante Manuel Fajardo, en La Habana del Este, quienes conocen detalles de los alfabetizadores, a través de los libros, encuentros con éstos en sus escuelas, y también por sus propios familiares.

“Por los textos conocemos que los jóvenes que estaban en la secundaria y preuniversitario, y hasta en la primaria se movilizaron con mucho entusiasmo sin preguntar a qué lugares serían designados, y el tiempo que dudaría la tarea”- dice Manuel Alejandro- y continúa: “Mi abuelo me cuenta mucho de aquellos meses que nunca olvidará; cuando recuerda a los campesinos que alfabetizó se emociona y dice que al principio dudaban de que él pudiera enseñarles, pues era delgado y pequeño de estatura, pero poco a poco se dieron cuenta que sabía lo suficiente para que dejaran atrás la ignorancia”.

Alegna está orgullosa de su papá que siendo un estudiante de primaria, se fue con sus hermanas mayores para la Sierra Maestra; “cuando me hace anécdotas de aquellos días dice que sólo el paso de los años le dejó ver la importancia de aquella tarea, ya que él era muy pequeño, sólo tenía ocho años”; se incorporó y fue muy valiente -dice la muchacha – porque se mantuvo firme hasta el final de la Campaña, aunque el medio le resultó difícil, ya que los brigadistas ayudaban en las tareas del campo y la casa, además de realizar largas caminatas hasta la escuelita donde se agrupaban los campesinos.

Ellos al igual que otros estudiantes de la Isla también vieron la película El Brigadista, del director Octavio Cortázar filmada en 1977, que les ofreció otros detalles de la epopeya; trata sobre un joven alfabetizador, de procedencia urbana, que llega a un pequeño pueblo cercano a la Bahía de Cochinos, Playa Girón y vence la resistencia de algunos de sus pobladores, debido a su juventud, además de habituarse a un medio natural totalmente desconocido.

“A mi me encantó la película”-dice Manuel Alejandro-; a lo que añade Alegna: “aunque las condiciones eran difíciles, el joven alfabetizador venció todos los obstáculos y enseñó a leer y a escribir a todos aquellos campesinos”.

Los dos pioneros se refirieron también al multitudinario acto efectuado el 22 de diciembre de 1961 en la Plaza de la Revolución José Martí, escenario donde Fidel Castro declarara a Cuba Primer Territorio Libre de Analfabetismo en América Latina. “Lo vimos en un video”; ambos coincidieron en que fue muy emocionante y a todos les embargaba la felicidad por el deber cumplido.

“Fidel Fidel, dinos qué otra cosa debemos de hacer, le preguntaron a Fidel los alfabetizadores” -dijo Alegna-, y Manuel Alejandro continuó: “Fidel les respondió que quería que ellos continuaran estudiando”.

Y así fue. La Campaña Nacional de Alfabetización inició el camino del conocimiento que 53 años después, aún transitan las nuevas generaciones de cubanos que, como Manuel Alejandro y Alegna manifiestan su admiración por quienes fueron sus protagonistas. Que bueno conocer sus proezas a través de ellos mismos -coincidieron los dos-.

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