Las personas que alfabeticé eran muy humildes

Alfabetizadora enseñando a leer y escribir a dos campesinas. Foto: Bohemia

Alfabetizadora enseñando a leer y escribir a dos campesinas. Foto: Bohemia

La alfabetización fue para Luisa María Hernández, una etapa de su vida llena de vivencias. El multitudinario acto realizado en la Plaza de la Revolución José Martí el 22 de diciembre de 1961 también le dio grandes emociones. “Ese día para mi fue inolvidable”.

Era un mar de adolescentes y jóvenes que cantaban el himno de los alfabetizadores, mientras alzaban en lo alto banderas, cartillas y lápices gigantes; fue impresionante ver al Comandante Fidel Castro en la tribuna, mientras le decíamos: “Fidel, Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer”.

En ese año Luisa María Hernández era miembro de la Asociación de Jóvenes Rebeldes en el Comité de Base número ocho, ubicado en la calle Primelles, en el Cerro, La Habana. Allí conoció la convocatoria para ir a alfabetizar a los campos cubanos, y sin pereza alguna se inscribió.

La ubicaron en la localidad de Cascajal, municipio Santo Domingo, Las Villas, donde alfabetizó a siete personas aunque sólo recuerda los nombres de tres de ellos: Milián Almagro, Elsa Rodríguez y Omar González. Aquellas personas vivían de manera muy humilde; fueron amables con ella y con el resto de los alfabetizadores a quienes cuidaron con desvelo.

En aquellos meses tuvo lugar un hecho que siempre recordará: el inesperado encuentro con el jefe contrarrevolucionario Margarito Lanza Flores, alias Tondike o Chijo, que operaba en Las Villas.

Así lo recuerda ella: “al llegar a la casa donde vivía, el bandido, un hombre alto de piel mestiza estaba de pie en medio de la sala, por supuesto, yo no sabía quien era. Al verme me preguntó por qué estaba a esa hora allí, que yo llegaba tarde, porque era a las tres que debía estar, y eso era imperdonable, de manera que tenía que decirle mi nombre, dos apellidos y mi dirección en La Habana; yo se lo dije, pero en ese preciso momento, llegó un niño y le habló al oído, y él se fue precipitadamente sin decir más nada; luego llegaron varios camiones llenos de milicianos y fueron en su búsqueda; cuando me dijeron de quien se trataba, no lo podía creer”.

Cuenta, además, que Margarito o Tondike, y varios de sus cómplices implicados en el asesinato del alfabetizador Delfín Sen Cedré, fueron capturados por las Milicias, bajo el mando del Comandante Raúl Menéndez Tomassevich, el 13 de diciembre de 1961, y pagaron sus crímenes ante el pelotón de fusilamiento. Otros cómplices murieron en enfrentamientos con los milicianos. Algunos lograron escapar y se refugiaron en los EE.UU., donde recibieron protección y segura cobija.

Al terminar la Campaña la alfabetizadora se incorporó al seccional número nueve de los Comités de Defensa de la Revolución, en el municipio la Habana Vieja, donde trabajó en distintos frentes de la Revolución.

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