La maestra de la enseñanza especial Margarita Landa Laborit afirma que si de forma imaginaria volviera el tiempo atrás al año 1961 de nuevo diría que si a la convocatoria que les hiciera a los jóvenes el Comandante en Jefe Fidel Castro para que fueran a alfabetizar a los campesinos.
En aquel entonces tenía 14 años de edad y vivía en Matanzas con su abuela y una tía que no la autorizaron por lo que le escribió al padre que desde La Habana le dio el consentimiento.
Se sentía feliz y con entusiasmo para cumplir con la tarea encomendada. A ella la ubicaron en la zona de Chaparra, Puerto Padre. “Estuve en una casa donde vivía un matrimonio que tenía una niña pequeña y ellos junto con otros vecinos estaban siempre atentos a mí, de noche les daba clases a los mayores”.
“Luego de acabar la misión en el oriente del país comencé a estudiar magisterio en Topes de Collantes por dos años y luego por igual tiempo me hice maestra Makarenko en Tarará, La Habana, y al terminar me ubicaron en Oriente hasta que terminé allí y vine para acá”.
Ser maestra para ella significa enseñar con mucho amor. “Siempre fui docente de la enseñanza primaria y a partir del actual curso comencé en la escuela especial Tupac Amaru, de la Habana del Este a la que asisten niños, adolescentes y jóvenes con dificultades en el desarrollo intelectual.
Con los pequeños todo es bello -dice conmovida-, pero específicamente en este tipo de institución docente necesitan mucho amor por lo que los padres deben de aprender a tratarlos, además de tenerles paciencia a la hora de enseñarles.
Independiente que ellos presentan dificultades en el aprendizaje, -afirma, deben de ayudarlos porque en ese empeño siempre se sale victoriosos y aunque algo más lento que el resto obtienen logros.
Acontecimiento sin precedentes para todos los cubanos fue la Campaña Nacional de Alfabetización en 1961 en la que Margarita Landa Laborit, actualmente a punto de cumplir las siete décadas de vida, aportó su granito de arena.


