
Son inadmisibles tales hechos que propician actitudes deshonestas, falsas y comportamientos reprochables en momentos que la sociedad cubana se empeña en el rescate de valores y virtudes. Foto: periodistas-es.com
El fraude académico cometido recientemente en La Habana con la asignatura de Matemática en las pruebas de ingreso a la educación superior, es censurado por nuestra población.
Por supuesto lo rechazan los profesores, padres, y aquellos estudiantes que no tuvieron que ver con el delito, y que, sin embargo, ahora deben repetir el examen el próximo lunes 26 de mayo.
A los implicados, profesores y estudiantes que lo hicieron con fines lucrativos, les cegó el dinero que de manera fácil recibieron por la fechoría, y ahora tendrán que responder ante la justicia que caerá sobre ellos por su actitud marginal. Esa es la verdad.
Son inadmisibles tales hechos que propician actitudes deshonestas, falsas y comportamientos reprochables en momentos que la sociedad cubana se empeña en el rescate de valores y virtudes, que a todos hacen mejores personas.
Son culpables para mi tanto aquellos que tomaron la prueba de Matemática y la vendieron, que quienes la compraron. Ambas actitudes fueron engañosas y merecen el repudio y el reproche de todos. El fraude tiene la cara fea de la mentira, por lo tanto se aborrece y es incompatible convivir con este.
A ello se contrapone la inmensa obra educacional, orgullo de los cubanos, que protagonizan directivos y profesores del sector, en especial de la enseñanza preuniversitaria, que de manera consagrada llevan adelante el proceso docente educativo, así como, durante meses los repasos en las escuelas.
A lo anterior se une el esfuerzo individual de los estudiantes, quienes restan un sinnúmero de horas al sueño y la diversión, para obtener buenos resultados en las pruebas.
Es imperdonable que algo así suceda, cuando la educación superior se esfuerza cada año en desarrollar de forma cada vez más transparente y justa, el proceso de las pruebas de ingreso a la universidad.
A todos nos duele lo sucedido, sin embargo, no debemos olvidar que se trata de una minoría que, como malhechores al fin, aprovecharon la brecha dejada al delito, y actuaron en consecuencia.
Mayor exigencia y control son las acciones que se deben desarrollar con más fuerza ante los hechos acontecidos para evitar que en un futuro se repitan.
