
(Fotos: commons.wikimedia.org y radiollanuradecolon.icrt.cu. Diseño: Michel Ortega/Radio COCO)
Un regocijo perdura en todos aquellos que tienen el privilegio de cursar los estudios superiores en la histórica Universidad de La Habana, que este 5 de enero cumple 290 años de creada.
Monjes dominicos de la Orden de Predicadores la fundaron en 1728 y originalmente se encontraba ubicada en La Habana Vieja. No es hasta el año 1902 que la institución se traslada a su ubicación actual en el Vedado habanero. Esa edificación, en la intersección de la calle L y San Lázaro, fue declarada Monumento Nacional en 1978.
Vibran los cuerpos cuando se unen los recuerdos devenidos acontecimientos como la marcha de las antorchas cada 28 de enero, que acoge la calle San Lázaro desde la escalinata hasta la Fragua Martiana; manifestaciones juveniles a favor de la justicia, y otros acontecimientos revolucionarios.
Desde su fundación ha sido parte indisoluble de todo el devenir histórico de Cuba -afirman sus admiradores-, lugar desde el cuál se formaron figuras de la talla de Julio Antonio Mella, José Antonio Echeverría y el líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro, a quien están dedicados los festejos por la efeméride, que se extenderán durante todo el año 2018. En medio de la conmemoración, la primera casa de altos estudios en la Isla, se mantiene comprometida con la formación integral de los jóvenes cubanos.
Según fuentes consultadas en internet, bajo el slogan “Alma Viva”, la campaña por el 290 girará en torno a la historia de la Universidad, a través de ejes temáticos fundamentales que visualizan al centro como un espacio de investigación y producción científica, de formación académica, además de sus aportes al desarrollo económico del país y al contacto directo con la comunidad, el arte y el deporte.
Gustavo Cobreiro Suárez, rector en la colina universitaria, afirmó que el principal activo de la Universidad de La Habana es su claustro de profesores, de los cuales de cada 10 de ellos, nueve tienen las categorías científicas de master y doctores.
La Universidad de La Habana es la institución cubana con mayor producción científica del país – afirma-; con un promedio 1300 artículos anuales se destaca la Editorial Universidad de La Habana, de referencia nacional, con más de 150 libros y revistas publicadas.
En el ámbito investigativo, la colina posee más de 450 proyectos de investigación, con cerca de 3 mil estudiantes de pregrado vinculados a ellos.
Todos estos logros propiciaron que fuera la primera universidad del país en obtener categoría de Institución de Excelencia, logro que la ha posicionado entre las más prestigiosas del mundo, y que es orgullo para sus profesores, estudiantes y trabajadores de la casa de altos estudios.
Alma Mater (Madre Nutricia) es como una diosa del saber, una especie de Minerva, la diosa griega de la sabiduría. Ella recibe a todos a la entrada de la universidad habanera, obra del escultor yugoslavo o checo Mario Karbel.
Para lograr ese impresionante monumento, buscó y encontró como modelo para el cuerpo, una escultural mulata; para el rostro le recomendaron el de Carmen, una de las hijas del coronel del Ejército Libertador y profesor universitario José Ramón Villalón Sánchez. El escultor se dirigió a la casa del profesor Villalón para conocer a Carmen, pero vio a Feliciana, la otra hija del coronel y comprendió que ese era el rostro de la Alma Mater.
De la bella y escultural mulata, discriminaron hasta el nombre, pudo haberse llamado Cary, Barbarita, Mercedes, y vivir en el barrio de Cayo Hueso o en el barrio de San Isidrio en La Habana Vieja.
El escultor Karbel comenzó su trabajo en 1919 y después de terminado el proyecto, lo envió a Nueva York donde lo fundieron. Cuando llegó fue situada en un terreno yermo dentro de los muros universitarios; y fue en 1927 que lo sitúan en lo alto de la monumental escalinata y que fuera concluida en 1927.
Es interesante que una mulata y una blanca sirvieran de modelo para el simbólico monumento, pues ellas a su vez, simbolizan el mestizaje de la nación.
En igual fecha -5 de enero-, pero de 1961, tiene lugar durante la campaña de alfabetización otro acontecimiento vinculado con la educación: la primera víctima del terrorismo contra el magisterio: Conrado Benítez García, un joven negro, de 18 años de edad. Sus asesinos pertenecían a la principal banda de alzados del Escambray, que cumplía instrucciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Junto con él también fue asesinado el campesino Eleodoro Rodríguez Linares (Erineo), de 31 años.
Este hecho constituía un reflejo del programa de acciones encubiertas contra Cuba que había sido aprobado por el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower en marzo de 1960, y que hasta diciembre de 1961 en las filas de los estudiantes, los maestros voluntarios, los alfabetizadores y los campesinos que los apoyaban causó 23 muertos y 37 heridos.
Conrado, hijo de Diego y Eleuteria, había nacido el 18 de febrero de 1942 en una familia humilde. Su padre trabajaba como obrero de la construcción y la madre era ama de casa. Desde pequeño vivía en casa de su abuela paterna María Luisa López, en la calle San Francisco número 58, del barrio Pueblo Nuevo, en la ciudad de Matanzas.
En 1960 matriculó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, y en abril acudió a la convocatoria de la Revolución para movilizar a la juventud hacia las zonas rurales más atrasadas, con la tarea de enseñar a leer y escribir a sus habitantes.
Tras vencer un curso elemental en el campamento El Meriño, ubicado en Minas de Frío, en la Sierra Maestra, estuvo entre los primeros que escalaron el Pico Turquino, y después fue designado como maestro voluntario en la Sierra Reunión, comunidad 24, colindante con la zona de Gavilanes, en la Sierra del Escambray. De allí fue trasladado para el caserío de La Sierrita, donde el campesino Virgilio Madrigal le ofreció dos locales en un aserradero. Uno le servía de dormitorio y en el otro instaló un aula rural donde alfabetizaba a 44 niños.
En horas de la tarde del 4 de enero de 1961, al regreso de sus vacaciones, Conrado Benítez y Magaly Olmos López se encaminaron a sus respectivas aulas en el Escambray. En el trayecto, antes que los sorprendiera la noche, ella prefirió quedarse en la casa de un campesino. Él decidió continuar su camino hacia La Sierrita, llevando juguetes que había comprado para sus pequeños alumnos. Estaba ansioso por ver la reacción de aquellos niños cuando recibieran sus regalos.
Al anochecer Conrado llegó a su destino y se retiró a descansar, pero fue sorprendido por un grupo de hombres armados que lo golpearon, le ataron las manos a la espalda y lo secuestraron.
Después de una larga y tormentosa caminata desde La Sierrita hasta Las Tinajitas, en San Ambrosio, Trinidad, a varios kilómetros de distancia atravesando montañas, llegaron al campamento donde los esperaba Osvaldo Ramírez, quien una semana antes había sido aprobado por el agente de la CIA Ramón Ruisánchez (Comandante Augusto), al mando de las bandas de alzados en el Escambray, con la indicación de sembrar el pánico entre la población campesina y frustrar los planes de desarrollo económico y social de la Revolución.
Conrado fue introducido en una jaula forrada con una malla de alambre, donde se encontraba encerrado el campesino Erineo, conocido en la región por su participación en la lucha insurreccional contra la tiranía batistiana y su apoyo a la Revolución. Ramírez prometió a Conrado que si se incorporaba a sus huestes le perdonaría la vida, pero el joven respondió que él era maestro y no abandonaría a sus niños cuando más lo necesitaban. Ante aquella viril respuesta el cabecilla se retiró irritado y escribió una nota cargada de odio, anticomunismo y racismo, donde pronosticaba la horrible muerte que le daría al maestro.
Durante aquella fría madrugada, Reinerio Perdomo Sánchez, el agente Cabaiguán de la Seguridad del Estado, que se encontraba infiltrado en la banda, no había dormido buscando una variante para salvarlos. En la primera oportunidad que tuvo se acercó sigilosamente a los prisioneros y les habló en tono muy bajo para propiciarles la huida, pero Conrado trató de tranquilizarlo expresando que dada su condición de maestro no le harían daño. Un bandido que se encontraba de guardia interrumpió el diálogo.
Al amanecer del 5 de enero Ramírez ordenó sacar de su encierro a los prisioneros. Tres alzados se erigieron en una suerte de “tribunal” y los acusaron de “comunistas”, presentando como “pruebas” que Erineo había sido combatiente del Ejército Rebelde y el carné de maestro voluntario y los cuadernos de enseñanza de Conrado.
Después escribieron: “En un lugar del Escambray… siendo la una y treinta horas de la tarde, se procede a levantar acta relacionada con la detención de un individuo que según identificaciones halladas en su poder corresponde a la siguiente descripción: Conrado Benítez García, mestizo, dieciocho años, natural de Matanzas, provincia de Matanzas, nacido el 18 de febrero de 1942, de profesión maestro comunista, y a quien hubo de ocupársele los siguientes efectos: una billetera de hule azul, conteniendo la suma de cuatro pesos en efectivo, un carné del centro de capacitación comunista de las Minas del Frío, en la provincia de Oriente, un retrato del detenido, un retrato de una joven dedicado al detenido, un papel con una dirección: Juan Inerarity Ariosa, Luz Caballero 157, Camajuaní, un carné de la Asociación Nacional de Porteadores de Pasajes, a favor del detenido, para viajar gratis en ómnibus, un libro de aritmética, un libro de ejercicios de lenguaje, un libro de fisiología, gran cantidad de propaganda comunista y periódicos gubernistas”.
Al mediodía, cuando los bandidos conocieron que las Milicias se encontraban en la zona de Ciego Ponciano, Ramírez decidió abandonar el campamento, pero antes impartió la orden de matar a los dos prisioneros. Alrededor de la una y treinta de la tarde, se ensañaron con el maestro, y después de martirizarlo tirándole piedras y pinchándolo con cuchillos y bayonetas, cuando ya se encontraba en muy mal estado físico, le cortaron los genitales, y lo ahorcaron. A continuación el campesino corrió la misma suerte.
Ese mismo día Fidel se presentó en el lugar de los hechos, y al analizar la situación decidió lanzar una operación militar contra la zona de San Ambrosio, donde los bandidos esperaban el primer lanzamiento de armas. Fuerzas combinadas del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias irrumpieron en la región, causaron varias bajas al enemigo, tomaron el campamento, y ocuparon documentos que permitieron apreciar la participación de la CIA en la dirección y apoyo de las bandas, y la estructura y composición de sus fuerzas.

