
Hace 145 años, Cuba vio nacer su primera gran Revolución, un 10 de octubre de 1868, ante un puñado de hombres valientes reunidos a media mañana en Demajagua. (Foto: es.wikipedia.org)
Hace 145 años, Cuba vio nacer su primera gran Revolución, un 10 de octubre de 1868, ante un puñado de hombres valientes reunidos a media mañana en Demajagua, cerca del pueblo de Manzanillo, donde Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, expuso a los revolucionarios cubanos el ineludible compromiso de luchar por la independencia nacional y la justicia social.
Allí se proclamó la rebeldía patria contra el colonialismo español, y los esclavos negros y mestizos se dieron un abrazo más en la manigua, ahora con un único camino: el ideal de la independencia, la soberanía, la dignidad, la igualdad humana, la soberanía y el bienestar.
Como dijo el líder de la revolución cubana Fidel Castro Ruz en el centenario de aquellos acontecimientos: “Nada nos enseñará mejor a comprender lo que es una revolución, nada nos enseñará mejor a comprender el proceso que constituye una revolución, nada nos enseñará mejor a entender qué quiere decir revolución, que el análisis de la historia de nuestro país, que el estudio de la historia de nuestro pueblo y de las raíces revolucionarias de nuestro pueblo”.
El tributo más honesto, sincero y profundo para Céspedes y nuestros libertadores, es que las nuevas generaciones mantengan en alto esa bandera de Cuba libre y soberana, alcanzada el primero de enero de 1959 y nunca jamás esclava de ningún imperio.
