La verdadera cara de la hispanidad

La hispanidad, también para Cuba, causa más penas que alegrías. Los aborígenes fueron exterminados, las riquezas saqueadas, la esclavitud implantada y la dependencia como nación pisoteada. La pregunta es: ¿Valió la pena haber sido “descubiertos” bajo esas condiciones?

La hispanidad, también para Cuba, causa más penas que alegrías. Los aborígenes fueron exterminados, las riquezas saqueadas, la esclavitud implantada y la dependencia como nación pisoteada. La pregunta es: ¿Valió la pena haber sido “descubiertos” bajo esas condiciones?

La Coordinadora Republicana de Madrid denuncia que el 13 de octubre culminará en Tarragona, Cataluña, una beatificación de 522 curas muertos en la Guerra civil española, en coincidencia con las celebraciones del Día de la Hispanidad.

La organización asegura que los pueblos del Estado español y los de Latinoamérica no tienen nada que celebrar, sino quizás de lamentar por la expansión del imperialismo español por las nuevas tierras descubiertas y que Dios había agraciado a sus aborígenes.

Cómo celebrar el asesinato de los indígenas y el saqueo de las riquezas y, que dicho sea de paso, no eran ni tan ignorantes, ni tan incivilizados como la propaganda mediática se empeña, aún hoy, de presentar como una necesidad histórica y religiosa.

Coinciden Cuba y España en el sufrimiento y despotismo abortados por los golpes de Estado que ambas naciones enfrentaron, una tal vez con menos ferocidad que la otra, pero no por eso menos sangrienta y horrorosa.

Durante la guerra civil cubana ningún cura fue asesinado, ni perseguido por sus prácticas religiosas, aún cuando en no pocos casos, el disimulo de la iglesia ante las atrocidades de la dictadura batistiana fuera notorio.

Tampoco las debilidades de la iglesia de ultramar pueden ser valoradas en pocas ideas, es un tema profundo que pasa a quienes tienen el deber de analizarlas bajo los cánones celestiales como se aprecia que se hace en los tiempos que corren.

La hispanidad, también para Cuba, causa más penas que alegrías. Los aborígenes fueron exterminados, las riquezas saqueadas, la esclavitud implantada y la dependencia como nación pisoteada. La pregunta es: ¿Valió la pena haber sido “descubiertos” bajo esas condiciones?

Por supuesto que los imperiales de ayer y de hoy esbozarán una verdad manipulada, pero los sufridos de ayer y de hoy han comenzado a andar, y esa marcha de gigantes no se detendrá jamás.

 

 

 

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