Organización y membresía con esencia de Buen cubano

La  fiesta en espera del 28 de septiembre aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución  (CDR) todavía repercute en mi  cuadra, sin contar que a ella  precedió el accionar entusiasta de una improvisada brigada de limpieza y embellecimiento compuesta por vecinos desde los cinco hasta los 70 años, la  recopilación  en  dos grandes bolsos de  todo tipo de viandas y condimentos aportados  por  los vecinos, las banderas cubanas y de otros países que aparecieron como por arte de magia y  lo mas bonito: el brindis infantil, amenizado con  mil ideas, como la de  un concurso dedicado a los Cinco héroes.

La fiesta en espera del 28 de septiembre todavía repercute en mi cuadra

La fiesta en espera del 28 de septiembre todavía repercute en mi cuadra

Luego la música  colocada un DJ (disc jockey)) de 12 años, los saladitos y los vinos, el baile en la calle convertida en pista para los más jóvenes, el chiste ocurrente, y los planes de los más entusiastas para un trabajo cederista  mejor.

A las doce de la noche al filo del advenimiento de este aniversario 53 de los CDR, el himno nacional cantado por todos, el comunicado, más bien  un reconocimiento al esfuerzo en lenguaje familiar , y lo más esperado: la caldosa de Julián, quien  se inauguraba como  cocinero en binomio con  el que después serviría  los tazones de caldo , mucho más bisoño(solo  15 años) y el coro de fondo  ¡revuelve el caldero  que abajo está la carne¡

Fue allí en medio del júbilo donde alimenté esta reflexión: nada  tan parecido a la descripción  de un  cubano  habitante esta ínsula,  su  idiosincrasia de criollo con imagen nueva pero de raíz afincada en la tradición, que  la organización de masas  identificada  aquí como  CDR, para orgullo nuestro con más méritos que defectos, en su histórica y utilísima trayectoria a favor de este  proyecto social.

A la organización y su membresía les  identifica, el sentido de pertenencia, el ser compartidor, solidarios, apasionados en la defensa de lo nuestro, hospitalarios, capaces  cuando se quiere de increíbles hazañas, nadie nos   pasa gato por liebre, polémicos, tenaces y creativos, atrevidamente retadores,  llegamos a  sentir   al barrio como familia, a sabiendas de “quien es quien” , y  contamos  con gran  capacidad de resistencia y renovación, sobre todo,  gran poder de convocatoria  cuando nos lo proponemos; y a la patria, como a la madre, no hay quien nos la toque.

Por eso el existir del  CDR y su permanencia en el tiempo, para algunos foráneos casi  un misterio, tiene en suma esa  sencilla pero profunda explicación, en cada cuadra el “Comité”  se alimenta  de la propia esencia del ser cubano.

Con los comités de defensa se profundizaron valores de  la cubanía, fue  Fidel quien supo interpretar este sustento, poniendo  nombre y rumbo  a una poderosa organización que parió su pueblo y la propia  Revolución.

A quienes les molesta la existencia de esta estructura de masas y se afanan en asegurar  que se extingue, o hacen  promesas por  su desaparición,  sucede, que  le temen, y no saben ya qué inventar  para romper esta coraza protectora, donde los intentos externos o internos de derrocar a la Revolución, se han estrellado por más de 50 años.

A ellos les aconsejamos revisar la historia de proezas  y tareas desempeñadas  por este país, con la  gran masa que aglutina nuestra más grande organización popular , nacida el 28 de septiembre de 1960 y que se extiende por llanos y montañas, desde  la Punta de Maisí al Cabo de San Antonio; una fuerza  que también sabrá asumir hoy los retos y  cambios necesarios, y como toda obra humana  hecha para grandes misiones,  consciente de la urgencia  de esa  renovación, la hará posible,  ahora en  campo abonado por  las expectativas de su Octavo  Congreso , que recién acaba de concluir.

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