Atentados en París y bombardeos en Siria, ¿qué sigue?

Estado Islámico. Foto: Infobae.com

Estado Islámico. Foto: Infobae.com

Recién ahora comienzan a ser efectivos los bombardeos de la Otan a las posiciones del autodenominado Estado Islámico en Siria.

Francia ha iniciado una intensa ofensiva de bombardeos sobre la ciudad siria de Raqa, la autoproclamada capital de los yihadistas.

Hasta que Rusia, en coordinación con el gobierno sirio, comenzara a asestar golpes demoledores a las hordas terroristas, las acciones de Occidente habían sido cosméticas, propagandísticas, y solo habían tratado de dirigir a las bandas del Daesh contra el legítimo gobierno sirio y apuntalar a las demás facciones opositoras a Bashar Al Assad, no menos terroristas.

Hay múltiples evidencias de que, incluso, los países de la llamada coalición contra el terrorismo han estado suministrando protección, aliento, armas y recursos, directa e indirectamente, a los yihadistas.

El propio diario norteamericano The New York Times denunció recientemente que un grupo de oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (Cia) trabaja desde hace varias semanas, en el sur de Turquía, en la entrega de armas e información a los grupos armados antigubernamentales en Siria.

Las armas, pagadas por los gobiernos de Ankara, Arabia Saudita y Catar, incluyen fusiles automáticos, lanzagranadas, municiones y armamento antitanque y llegan a territorio sirio a través de Turquía, principalmente.

La sucia jugada se hizo claramente visible cuando Rusia demostró que se puede combatir efectivamente al Estado Islámico y eso obligó a la Otan a incrementar sus acciones, so pena de que su complicidad quedara demasiado en evidencia, de poner en tela de juicio su poderío militar y de que Rusia les arrebate el protagonismo.

En consecuencia, los terroristas se sintieron traicionados y ahora emprenden más y mayores acciones criminales contra civiles inocentes en los países de la coalición.

Tuvieron que morir 129 jóvenes parisinos y de otras nacionalidades en la matanza del 13 de noviembre, para que el gobierno francés y los Estados Unidos incrementaran la efectividad de sus ataques en Siria, siempre en abierta violación del derecho internacional y de la soberanía de ese país, pues se realizan sin autorización del gobierno sirio y acompañados de la reiteración de declaraciones injerencistas contra las legítimas autoridades locales.

El mundo está consternado por las muertes de los franceses y, por supuesto, esos crímenes son muy dolorosos y deben ser condenados por la comunidad internacional, como también deberían conmover los muchos miles de víctimas que han sufrido los pueblos árabes por años en esta guerra sucia, aunque no sean rubios de ojos claros ni vivan en las capitales occidentales, solo que la gran prensa no les presta la misma atención.

Y ¿qué va a pasar ahora? O mejor dicho, ¿qué está ocurriendo ya?

Los terroristas siguen y van a seguir matando a inocentes, en la zona de conflicto y en las grandes ciudades europeas, y quizás también en los Estados Unidos.

Los aviones de la Otan continuarán matando a algunos yihadistas y, de paso, a la población civil de las regiones donde ellos se asientan —los archiconocidos “daños colaterales”.

Los extremistas y xenófobos de occidente consolidarán posiciones políticas y desatarán masivas represalias contra emigrantes del mundo islámico y de otras regiones, que nada tienen que ver con los hechos.

La situación será el pretexto perfecto para incrementar la represión contra los movimientos sociales y para acrecentar la violación de los más elementales derechos ciudadanos.

Los gobiernos de las grandes potencias continuarán violando la soberanía de Siria, tratando de derrocar a Bashar Al Assad y repartirse las riquezas, el territorio y la posición estratégica de ese país, en contubernio con Israel, Arabia Saudita, Turquía, Catar y otros aliados.

Continuarán obstaculizando un proceso político inclusivo, liderado por los sirios, única solución que podrá conducir a la paz y a la realización de las legítimas aspiraciones de ese pueblo, sobre la base de la estricta aplicación de los principios de soberanía, independencia, autodeterminación, integridad territorial y no injerencia en los asuntos internos.

Rusia, cuyo debilitamiento es el propósito geopolítico supremo de todas estas maniobras, tendrá que seguir apoyando a las autoridades sirias en su ofensiva contra los terroristas, con el gran peligro que representa la confluencia de acciones militares no bien coordinadas con los otros actuantes, un volátil escenario donde cualquier incidente puede desatar un enfrentamiento de imprevisibles consecuencias.

Dolorosamente, se continuará contando por miles los muertos, los discapacitados, y por millones los desplazados, los hambrientos, los sin techo, los privados de todo derecho.

Se agudizarán en el mundo la inestabilidad, la pobreza, la desigualdad y la inseguridad, y se alejarán, mucho más, las expectativas de paz y desarrollo que necesita, con urgencia, la humanidad.

¿Cree usted que todo esto le preocupa a los multimillonarios que están detrás de este desastre? No. A ellos solo le interesa seguir amasando riquezas y escalando posiciones hegemónicas, pues viven confiados en que su dinero los mantendrá alejados del peligro, sin darse cuenta de que también habitan en este planeta al borde del colapso.

¿Hay esperanza? Sí, y radica en la toma de conciencia de los pueblos, que logren unirse, saltando las barreras étnicas, religiosas, políticas y de toda índole, para parar esta espiral hacia el holocausto.

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