Cuba-Estados Unidos: marcha atrás sería impagable

Diseño: Gilberto González garcía

Diseño: Gilberto González García

El proceso de acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos ha tenido, y seguirá teniendo, múltiples “efectos colaterales” en los más diversos campos, y en particular, en la actual campaña electoral en el país norteño.

De hecho, una de las principales razones que movieron al presidente Barack Obama para iniciar su cambio de táctica con respecto a Cuba es su apremiante necesidad de sumar hechos de repercusión a su mandato, durante el cual todas sus iniciativas han sido saboteadas por la bancada republicana en el legislativo.

Ahora, por supuesto, no se trata de la reelección del presidente, que ya finaliza su segundo período al frente de la Casa Blanca, sino de las posibilidades del partido Demócrata en los comicios generales que se avecinan.

Así, el tema de la necesidad de eliminar el bloqueo impuesto por el gobierno de los EE.UU. a Cuba ha pasado al centro de la controversia electoral en buena parte de la unión y, en particular, en La Florida.

Hillary Clinton, hasta hace poco la única precandidata demócrata –y ahora la que tiene más posibilidades de alcanzar la nominación–, pidió al Congreso acabar con esa política “para siempre”.

Precisó que, de convertirse en la primera mujer que ocupe el sillón presidencial en su país, usará sus prerrogativas para permitir que más estadounidenses viajen a Cuba, aun cuando el legislativo persista en negarse a terminar la guerra económica contra La Habana.

Desde luego, sus motivaciones no se relacionan con librar al pueblo cubano de los sufrimientos causados por el bloqueo, durante 55 años; ni favorecer una relación normal entre ambos pueblos, ni permitir el desarrollo de una economía sana en Cuba. No.

Aparte de tratar de capitalizar a su favor el ya muy mayoritario rechazo al bloqueo, la Clinton confía en imponer la voluntad de los EE.UU. a Cuba por otros medios, dado el fracaso de la tradicional hostilidad de Washington, y para aclararlo, aseguró en Miami que el “embargo” solo ha fortalecido al “régimen castrista”, y que el actual cambio de táctica del gobierno estadounidense “no es un regalo, sino una amenaza” para el sistema político-social cubano.

Razones aparte, el discurso demócrata tiene hoy mayores posibilidades electorales en La Florida que las posiciones cavernarias de los precandidatos republicanos Jeb Bush y Marco Rubio, quienes prometen desmantelar los avances del actual gobierno hacia el establecimiento de relaciones bilaterales civilizadas, y regresar a la fracasada política de las décadas precedentes.

Esas posturas republicanas no solo obedecen a la necesidad de marcar una diferencia política con respecto a los demócratas, sino son consecuentes con la obcecada mentalidad de estos personajes, anquilosada en las épocas en que la sola presencia de las cañoneras yanquis cambiaba el gobierno en muchos países latinoamericanos.

Habría que advertirles a Jeb Bush y Marco Rubio que están nadando contra la corriente, y se van a ahogar, políticamente.

Pero también recordar a Hillary Clinton que la actual política de Barack Obama, la cual promete continuar, tampoco podrá desmantelar el socialismo en Cuba, aunque sí traerá importantes beneficios para ambos pueblos, que anhelan una convivencia pacífica y civilizada, y tiene el respaldo de legítimos intereses económicos y sociales en ambas costas del estrecho de La Florida.

Por eso, el actual proceso hacia una futura normalización de las relaciones bilaterales parece ya indetenible, pese a la oposición de los que ven hundirse el piso político bajo sus plantas, y no conducirá a la recolonización de Cuba por los Estados Unidos, sino al bienestar de ambos pueblos, pésele a quien le pese.

El costo de una eventual marcha atrás sería impagable.

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