
Diseño: Yelemny Estopiñán Rivero
Un centenar de integrantes de la vigésimo quinta brigada puertorriqueña Juan Rius Rivera ya se encuentran en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella, del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (Icap), en la provincia de Artemisa.
Ellos visitarán las provincias de La Habana, Villa Clara, Camagüey, Granma, Holguín, y Sancti Spíritus, donde desarrollarán un programa dedicado a su aniversario 25, al cumpleaños 90 de Fidel Castro, a los 60 años del desembarco de los expedicionarios del yate Granma y a los 50 de la gesta heroica de los deportistas cubanos que viajaron a bordo del barco Cerro Pelado.
Parte de sus integrantes también participarán en el VIII Encuentro Continental de Solidaridad con Cuba, que tendrá sede en Santo Domingo, República Dominicana, a fines de este mes.
La participación en las brigadas internacionales se incrementa este año, para contribuir a desmentir la nueva campaña mediática que pretende desmovilizar a la solidaridad con la mayor de las Antillas.
Esta campaña, como una serpiente hambrienta, se muerde su propia cola: mientras, por una parte, se fabrica sutilmente la idea de que las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos ya transcurren por un curso normal y, por tanto, ya no es necesario exigir el fin del bloqueo impuesto por Washington, por otro lado, se magnifica las dificultades de la economía cubana, con los mismos augurios catastróficos de los últimos 57 años.
Al mismo tiempo, pululan anuncios tremendistas de un supuesto regreso a los días más crudos del Período Especial, con largos y diarios apagones y aguda escasez de cualquier recurso.
La poderosa maquinaria de desinformación esquiva cualquier referencia al largísimo tramo que falta por andar hasta conseguir, al menos, una relación civilizada entre ambos países.
Nada dicen sus voceros de las asignaturas pendientes, como la continuidad del financiamiento millonario que otorgan agencias federales a sus mercenarios, dentro y fuera de Cuba, para mantener una “disidencia” fabricada.
No se menciona la ilegal base naval que usurpa un valioso territorio cubano, en la bahía de Guantánamo, y cuando se habla de la infame prisión y centro de tortura instalado allí, la redacción de la noticia o el comentario esquiva cuidadosamente los detalles geográficos, de modo tal que parece como si esa cárcel no estuviera en algún lugar concreto del planeta.
Por lo contrario, reciben amplia difusión las medidas que adopta la Casa Blanca “para aliviar el embargo”, pero siempre mediante enunciados sumarios, que eluden detalles cruciales, como el hecho de que casi ninguna de esas acciones es practicable, ya que todas excluyen la interacción con actores estatales, en una economía como la cubana, 90 por ciento estatal.
Se proclama la “flexibilización” de los viajes a Cuba, como si ya estuviera resuelta una inconcebible violación a los derechos de los ciudadanos norteamericanos: exigirles obtener una licencia que los compromete a jurar que vienen, no a disfrutar de nuestra proverbial hospitalidad, sino a tratar de subvertir nuestro sistema político.
Por eso, el próximo lunes llegará a La Habana la XXVII Caravana de Pastores por la Paz, y vendrá, como siempre, sin pedir el humillante permiso a las autoridades norteamericanas, porque, como decía su inolvidable líder, el reverendo Lucius Walker, “nuestra licencia es el amor”.
En idéntica condición vendrá el contingente 47 de la brigada Venceremos, compuesta por ciudadanos norteamericanos, que irá a Guantánamo, para seguir señalando la necesidad de la devolución del territorio escamoteado a su legítimo dueño, el pueblo cubano.
Igualmente se encuentra en Cuba la brigada José Martí, integrada por amigos procedentes de 17 países europeos, quienes vienen cada año a reafirmar la solidaridad de esos pueblos con la causa cubana.
Pero lo más importante que vienen a hacer los brigadistas de todas partes del mundo es conocer, de primera mano, sin limitaciones de ningún tipo, la verdad de este país, de nuestra gente, y llevar esa vivencia a sus familiares, amigos y compañeros.
Los cubanos, cada uno de nosotros, deberíamos aprovechar cada oportunidad para explicarles a todas cuantas personas podamos la verdad, ya sea a través de las redes sociales o cara a cara, cuando nos relacionemos con visitantes extranjeros de cualquier forma, o cuando viajemos al exterior por cualquier motivo.
Tenemos ese deber, no solo porque necesitamos acrecentar la ola de solidaridad para que contribuya lo más posible al levantamiento del bloqueo, sino también para ser consecuentes con los esfuerzos que hacen por nosotros tantas personas buenas en el mundo.
