Cuba sigue sometida, desde hace más de medio siglo, a un brutal bloqueo impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos y está claro que las motivaciones son ideológicas, geopolíticas y económicas, pero no militares.
Ideológicas, porque esa política responde al esfuerzo por sofocar el ejemplo de la Revolución Cubana y tratar de probar que el socialismo no funciona.
Geopolíticas, porque el carácter imperialista de ese Gobierno no le permite admitir que un país pequeño, a una pedrada de distancia de sus costas, tenga la osadía de ser independiente, soberano y se niegue a formar parte de su cortejo.
Económicas, por el interés de recolonizar la economía cubana y quizás también por eliminar la posibilidad de que Cuba se desarrolle independientemente y pueda convertirse en un competidor en importantes ramas.
Esas son las razones de la hostilidad de siempre y de la manopla encubierta en un guante blanco con la cual quieren golpearnos ahora.
¡Claro que nunca una administración norteamericana lo admitiría públicamente!
El Gobierno de EE. UU. no tiene ninguna razón justa para bloquear a Cuba, pero algún pretexto debería esgrimir ¿no?
Vamos a ver si lo encontramos.
El bloqueo se sustenta, originalmente y hasta ahora, en la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917 cuya aplicación a Cuba, exclusivamente a Cuba, fue ratificada, recientemente, por el presidente norteamericano Barack Obama.
La sección 5(b) de dicha ley delegó en el máximo jefe del Ejecutivo la posibilidad de aplicar sanciones económicas en tiempo de guerra o en cualquier otro período de emergencia nacional y prohibió el comercio con el enemigo o aliados del enemigo durante conflictos bélicos.
¡Ah, pero yo no sabía que estuviéramos en guerra con EE. UU., o que fuéramos aliados de algún enemigo de ese país!
Incluso en 1977, la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional limitó las facultades del presidente para imponer nuevas sanciones aludiendo situaciones de emergencia nacional.
Aunque parece que, si se trata de Cuba, se puede violar esa ley, porque el Gobierno norteamericano nunca ha declarado una emergencia nacional con respecto a nuestro país; sin embargo, año tras año, presidente tras presidente, sin fallar una sola vez, siguen prorrogando —solo para Cuba— la aplicación de aquel obsoleto cuerpo legal de la Primera Guerra Mundial.
En esa ley se sustentan las Regulaciones para el Control de Activos Cubanos de 1963, las que prohíben a nacionales estadounidenses o personas sujetas a la jurisdicción de los Estados Unidos realizar transacciones financieras con Cuba.
Sobre la base de esas regulaciones fueron congelados los activos cubanos y se prohibió la importación de bienes de origen cubano a la nación norteña, entre otras restricciones, y el presidente Obama, como sus antecesores, la renueva cada año.
De la citada Ley de Comercio con el Enemigo deriva todo el entramado de leyes, regulaciones y decretos que han venido recrudeciendo el bloqueo, gobierno tras gobierno, año tras año, sin que ningún presidente norteamericano pueda ofrecer algún argumento válido para aplicarlas a Cuba.
Lo curioso es que ni siquiera hayan podido formular un pretexto defendible, sobre todo en el contexto actual, cuando existen relaciones diplomáticas, embajadas, conversaciones, colaboración en diversas esferas de interés común…
Acusarnos, nos acusan de casi todo ¿pero de estar en guerra contra los Estados Unidos? No lo creo.
Por lo menos, eso no fue lo que dijo Obama cuando estuvo aquí.


