Este 29 de agosto se celebró el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, una jornada que tiene como objetivo captar la atención de Gobiernos y pueblos de todas las naciones, para mostrar y poner de relieve la necesidad de una acción unificada, que permita prevenir nuevos ensayos de esas armas tan poderosas y destructivas, que lo son mucho más, cuanto más contemporáneas.
Desde que se realizó el primer ensayo de armas nucleares, en 1945, se han efectuado este tipo de pruebas de forma sistemática (más de dos mil) prestando muy poca atención a sus efectos devastadores sobre la vida humana y tampoco se ha estudiado la precipitación radiactiva derivada de los ensayos atmosféricos.
Lo cierto es que desde el principio, la posesión de armas nucleares fue evidencia de avance científico y poderío militar y, a pesar de que la historia nos ha mostrado los efectos trágicos y aterradores de los ensayos de armas nucleares, especialmente cuando se producen fallas en las condiciones controladas, no se le ha podido poner fin a esta peligrosísima práctica.
El instrumento internacional para detener todas las formas de ensayos nucleares es el Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares (TPCE) de 1996, que todavía no ha entrado en vigor, pues para que esto suceda debe ser ratificado por varios de los Estados con importantes capacidades nucleares. Hasta la fecha, 183 Estados han firmado el tratado y 159 lo han ratificado, entre ellos Estados Unidos, China, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Según el Gobierno de EE. UU. planean ratificar el tratado, pero no han especificado los plazos para hacerlo.
A pesar del estancamiento del proceso de ratificación, una sensibilización pública cada vez mayor, incluidas actividades y actos realizados en el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, está ejerciendo presión sobre los Estados para que firmen el documento.
Sucede que, aunque el consenso general de la comunidad internacional es que los ensayos de armas nucleares plantean riesgos que amenazan la vida, todavía existe, hasta cierto punto, entre los Estados un deseo de aparentar superioridad frente a los demás y un recelo persistente de la posibilidad de que se realicen ensayos clandestinos de armas nucleares.
También hay la preocupación de que, si no se pueden realizar ensayos, las armas nucleares pueden dejar de ser fiables. Sin embargo, en el curso de los años, la ciencia y la tecnología han avanzado de manera exponencial, aumentando la capacidad de supervisar y verificar los mecanismos de fiscalización y detección de la proliferación de armas nucleares.
Aun así, y aunque en tono al tema ha habido señales visibles de progreso en varios frentes, los desafíos persisten. Las Naciones Unidas (Onu) anhelan que un día se eliminen todas las armas nucleares, pero lo innegable es que hoy ellas están ahí, amenazando con sus efectos devastadores y perjudiciales para la vida, la salud de las personas del medio ambiente.
El mundo es cada vez más consciente de que solo la eliminación total de las armas nucleares puede desempeñar un papel crucial para evitar una guerra nuclear o la amenaza del terrorismo nuclear, pero hasta que ese sentir se haga realidad, y ojalá este momento no llegue demasiado tarde, es preciso observar el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares y que todos los seres humanos de la Tierra, junto al llamado de la Onu, nos esforcemos por promover la paz y la seguridad internacional.
En esta ocasión se deben recordar palabras del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, sobre el tema de las armas nucleares y la necesidad de su eliminación: “El mundo tiene que defender la causa más importante de todas: la supervivencia de la especie”.



