El presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Paul Davis Ryan, es uno de los, cada vez más escasos, políticos norteamericanos que quisieran disponer de una máquina del tiempo para regresar a la “edad de hielo” de las relaciones con Cuba.
Ryan propuso prohibir las transacciones con entidades militares cubanas para poner presión al gobierno de Raúl Castro, como parte de su nuevo plan de política exterior y seguridad nacional para el 2016.
Durante un discurso, este jueves 9 de junio, en el Council for Foreign Relations, (Consejo para las Relaciones Exteriores), dijo que “No podemos seguir ciegamente el plan de normalización de la administración con la Cuba comunista, un régimen que se opone fundamentalmente a la política de EE.UU. y que reprime a toda una población a sólo 90 millas de nuestra costa”.
El republicano, recién estrenado presidente de la Cámara (asumió el cargo el 29 de octubre de 2015), repite la vieja cantinela injerencista de los derechos humanos, basada en “reportes” de grupúsculos de asalariados de Washington carentes de cualquier rasgo de veracidad.
Propone “trabajar para restaurar la capacidad de presión de los EE.UU. (…) y asegurarnos de que cualquier medida futura tenga como contrapartida concesiones reales del gobierno cubano”, como si fuera un pichón de dinosaurio, recién salido del cascarón, y no un político de 46 años de edad, que incluso fue compañero de fórmula electoral de Mitt Romney, en su aspiración a la Casa Blanca, en las elecciones de 2012, y debería haberse enterado del fracaso de esa política prepotente porque, sencillamente, Cuba no hace concesiones de soberanía, independencia y autodeterminación.
La agenda republicana de política exterior que propone Ryan incluye la prohibición de realizar transacciones financieras con los militares cubanos, como un primer paso hacia el propósito de revertir lo avanzado desde el 17 de diciembre de 2014.
Evidentemente, se trata de una reacción ante los contactos para la cooperación en temas de seguridad marítima y aérea, enfrentamiento al tráfico ilegal de drogas y de personas, que motivaron visitas de militares cubanos a EE.UU.
A propósito, la Cámara de Representantes aprobó el proyecto de Ley de Gastos para la Defensa con una enmienda que introdujo Ron DeSantis, representante por La Florida, la cual prohíbe, expresamente, todo contacto con militares cubanos, hasta que Cuba cumpla las exigencias de la Ley Helms-Burton, o sea, hasta que este país renuncie a su independencia y autodeterminación.
Ryan también critica la política exterior del presidente Barack Obama, por haber “desperdiciado” los medios para “promover la democracia y los derechos humanos” en Cuba, pues según dice, el mandatario promovió la normalización de las relaciones diplomáticas con este país “a cambio de la promesa de progreso democrático y la mejoría de la situación de los derechos humanos”, pero al cabo del año, “el régimen de Castro es tan represivo como siempre lo ha sido”.
No sabemos quién le dijo a ese señor que Obama le haya planteado a Cuba alguna cesión de soberanía a cambio de mejorar las relaciones bilaterales, pues el presidente ha reiterado que su cambio de táctica obedece, sencillamente, a que en más de 50 años, la política de hostilidad —la misma que quiere revivir Ryan— ha fracasado.
Al congresista le molestó mucho, además, la visita del presidente norteamericano a La Habana, pues estima que “Obama renegó de su promesa de no viajar a Cuba hasta que los derechos humanos hubieran mejorado”.
Ciertamente, las medidas que hasta ahora ha implementado la Casa Blanca con respecto a las relaciones con La Habana, aunque muy insuficientes y a veces poco prácticas, marchan en la dirección correcta y tienen el apoyo de la mayoría de los norteamericanos, el visto bueno de la comunidad internacional y buena aceptación en Cuba.
Por eso, será muy difícil, quizás imposible, que los legisladores antediluvianos del Congreso de EE.UU. logren revertirlas.
Y si así fuera, bueno, la Revolución Cubana ha sobrevivido a ya casi seis décadas de hostilidad, bloqueo, agresiones de todo tipo y una feroz campaña mediática, y no será Paul Davis Ryan quien nos ponga de rodillas.

