Las encuestas sobre elecciones son un arma de doble filo: los resultados suelen reflejar los deseos de los encuestadores, mejor dicho, los intereses de quienes las financian. Aun cuando son muy profesionales y honestas, ejercen influencias contradictorias en el electorado.
Por ejemplo, la empresa Perfiles de Opinión publicó un sondeo, el 15 de marzo, según el cual “el candidato del movimiento Alianza País, Lenín Moreno, lidera con 51 por ciento de intención de votos para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Ecuador”.
El cable de Agencia Venezolana de Noticias (AVN), fechado en Caracas ese mismo día, precisa que según un estudio realizado por la encuestadora en 23 de las 24 provincias de la nación suramericana, con corte 11 de marzo, Moreno tendría 51 por ciento de intención de votos, frente a 35,5 por ciento de su contendiente y candidato de la derecha, el banquero Guillermo Lasso.
Mientras, la encuestadora Centro de Investigación Social realizó un sondeo en el que Moreno encabezaba la intención de voto, con 59 por ciento.
Sin embargo, el presidente Rafael Correa denunció que la derecha utiliza estas herramientas para la desinformación: “En su campaña sucia, sacaron una encuesta fraudulenta en la que Lasso está al frente. Ya Cedatos no ha vuelto a sacar encuestas porque saben que es demasiado descarado”.
Cierto que un pronóstico como este último está dirigido a inclinar la decisión de los votantes indecisos a favor del candidato que parece estar en la preferencia de la mayoría, y desalentar, de paso, la participación en el ejercicio: “¿Para qué votar, si ya todo está decidido?”.
Promover el abstencionismo es un recurso muy utilizado por la derecha, pues conoce muy bien que la mayoría de los potenciales votantes, naturalmente, pertenecen a las capas de la población más favorecidas con los programas sociales de la izquierda y pretende desalentar su participación.
Este puede ser también el efecto de una encuesta que otorga un amplio margen al candidato de la izquierda, pues puede promover en muchos la opinión de que su voto no cambiará los resultados, pues su candidato “va a ganar de todas maneras”.
Todo esto, sin contar que los sondeos pueden ser manipulados de muchas formas, desde la mentira flagrante y descarada, hasta la selección intencionada de la muestra, de la vía por la cual obtener los datos y de la redacción de las preguntas.
Pero las encuestas y sus influencias son inevitables, de modo que es necesario contrarrestarlas con una amplia difusión de la verdad, con argumentos sólidos, y ahí radica la ventaja de las fuerzas progresistas, pues la derecha no tiene posibilidad de demostrar sus mentiras.
En este caso concreto, es importante recordar los impresionantes logros económicos y sociales durante la gestión del presidente Rafael Correa y contraponerlos a la rápida y profunda depauperación social derivada de los actuales gobiernos derechistas en Argentina y Brasil.
El Gobierno de Alianza País sacó de Ecuador el cáncer de las bases militares estadounidenses, declaró la ilegalidad de muchos préstamos y consiguió no pagar casi la mitad de esa deuda.
Hay que alertar sobre el peligro de que los banqueros vuelvan a tomar el poder en esa nación, y revertir todos los avances de la Revolución Ciudadana.
Recordar que los gobernantes derechistas se llevaron del país miles de millones de dólares que robaron, contrataron deudas ilícitas, y no dejaron ningún beneficio social.
Señalar que Lasso formó parte el ignominioso gobierno de Jamil Mahuad, destituido por su desastrosa gestión, que provocó el “feriado bancario” de 1999 —la congelación de millones de dólares en ahorros de los ecuatorianos, paso previo a la dolarización que aún se mantiene—.
Continuar denunciando la intervención solapada de instituciones norteamericanas, en apoyo de la ultraderecha, como se evidenció en un reportaje que muestra al exrepresentante en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Ecuador, Philip Agee, quien revela cómo compraban a candidatos de centro y de derecha y, en algunos casos, hasta algunos que pretenden ser de izquierda.
Desmentir las campañas de descrédito contra el actual Gobierno y sus dirigentes y, muy importante, alertar acerca de la repercusión que tendrán los resultados de estos comicios para toda América Latina.
Estas razones deberán convertirse en un llamado a las demás fuerzas progresistas de la nación, los partidos de centro y centro izquierda, para que apoyen a Moreno en la segunda vuelta, y también lograr que los sectarios de izquierda reconozcan la realidad de la situación y no sean un obstáculo para Alianza País.
Así se puede contrarrestar los posibles efectos nocivos de las encuestas, tanto triunfalistas, como derrotistas.

