
Primer aniversario de relaciones entre Cuba y EE. UU. Quedan cosas por resolver. Diseño: Gilberto González García
Ha pasado un año desde que Cuba y los Estados Unidos reabrieran sus respectivas embajadas en Washington y La Habana y sería injusto decir que no ha sucedido nada importante en ese período, aunque es cierto que tampoco se aprecian cambios notables en los principales temas bilaterales de fricción.
El hecho del restablecimiento de las relaciones, en sí mismo, tiene un valor relevante, pues significa el reconocimiento formal, oficial, de la legitimidad del gobierno cubano, hasta entonces negada por la Casa Blanca.
Demuestra que el más poderoso imperio que jamás haya existido admite, de facto, que no pudo doblegar al pueblo de este pequeño país situado a una pedrada de sus costas, a pesar de más de medio siglo de bloqueo económico, guerra sucia, terrorismo, aislamiento diplomático y la mayor campaña de descrédito que haya orquestado su enorme maquinaria mediática.
El presidente Barack Obama reconoce el fracaso de esa política, pero el restablecimiento de las relaciones no ha traído cambios significativos en ninguno de sus mencionados componentes.
Durante el año transcurrido desde que fueron reabiertas las respectivas sedes diplomáticas, el bloqueo, lejos de aflojar el lazo ceñido al cuello de la economía cubana, más bien se ha recrudecido, sobre todo en su faceta financiera, la peor de las cabezas de ese Cancerbero. Las otras dos: la comercial y la específicamente económica, no han variado.
El terrorismo armado ya había sido derrotado por Cuba, mucho antes del 17 de diciembre de 2014, gracias a la efectividad del enfrentamiento por parte de los órganos de Seguridad del Estado, con apoyo masivo del pueblo.
El intento de aislar a Cuba del resto del mundo también había fracasado, al punto de que el gobierno de los EE. UU. fue el que resultó marginado del resto de la humanidad, con respecto a Cuba, sobre todo, en América Latina y el Caribe.
Sin embargo, persiste en toda su magnitud la feroz ofensiva mediática, basada en fabricar y amplificar falacias sobre Cuba, a partir de las más desacreditadas “fuentes”; magnificar cualquier suceso negativo que ocurra en este país, adjudicándole la generalidad que no tiene aquí, y escondiendo la cotidianidad que los caracteriza en otros muchos países; ocultar sistemáticamente la verdad sobre las múltiples realizaciones cubanas y, lo más de moda: pretender que la solidaridad internacional ya no es necesaria, ya que ahora EE. UU. es “amigo” de Cuba.
Es cierto que, desde julio de 2015, han sido firmados 11 acuerdos bilaterales y de cooperación sobre temas de interés mutuo, algunos tan importantes como el restablecimiento de los vuelos regulares y del correo postal, sobre conservación y manejo de áreas marinas protegidas, cooperación en la protección del medio ambiente, seguridad de la navegación marítima, seguridad de los viajeros y el comercio, en la esfera de la salud y otros.
Sin embargo, la mayoría de estos acuerdos son resultado de negociaciones puntuales que se había estado desarrollando desde mucho antes y casi todos tienen una acción práctica limitada, por las trabas que imponen el bloqueo y acciones políticas generadas en EE. UU.
El avance subsiguiente hacia una futura —y posiblemente lejana— normalización de las relaciones bilaterales pasa por la solución de asuntos tan importantes como la eliminación del bloqueo, la devolución del territorio ilegalmente ocupado por la base naval norteamericana en Guantánamo, la anulación de la política migratoria politizada, la eliminación de las trasmisiones subversivas de radio y televisión, el cese del financiamiento, del aliento y la dirección a la “oposición” interna y otros.
Paralelamente, es necesario continuar aprovechando todas las posibilidades de cooperación bilateral que conduzcan a la construcción y fortalecimiento de vínculos y relaciones de confianza, y seguir identificando oportunidades para el diálogo sobre cualquier tema, por espinoso que sea.
En conclusión, hay dos principales logros de este primer año de relaciones diplomáticas y son, en nuestro parecer:
a) La consolidación del cambio de táctica de la Casa Blanca, que no significa la renuncia a su propósito de revertir la construcción del socialismo en Cuba, pero aleja el peligro de la confrontación directa y violenta, abriendo un camino hacia una futura convivencia pacífica.
b) Una señal de confianza para los propios norteamericanos y para el resto del mundo, acerca de que ya no es tan peligroso relacionarse con Cuba.
Así lo demuestran, por ejemplo, las visitas a La Habana de los secretarios de Estado, Comercio, Agricultura y Transporte; del Vicesecretario de Seguridad Interna; de los jefes de la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), la de Pequeños Negocios, y otros altos funcionarios norteamericanos.
También fueron recibidas en EE. UU. las visitas de los ministros cubanos de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Agricultura y Salud Pública; de los presidentes del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) y del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuca (IACC), y el viceministro primero de Salud Pública.
Creció el número de ciudadanos estadounidenses que nos visitaron en 2015, más de 163 mil, lo cual representa un incremento de 76 por ciento en comparación con el año anterior y más de 294 mil cubanos residentes en EE. UU., 13 por ciento más que en 2014.
La tendencia al crecimiento se mantiene, porque en el primer semestre de 2016 los visitantes estadounidenses aumentaron en 80 por ciento (más de 138 mil) y los cubanos residentes en EE. UU., en dos por ciento (más de 114 mil), con respecto al primer semestre de 2015.
Ni mencionar la avalancha de visitas oficiales y de negocios, procedentes de otros países, incluidos numerosos jefes de Estado o de Gobierno, ministros, parlamentarios, altos funcionarios de Naciones Unidas y de otros organismos internacionales, personalidades políticas y grandes figuras del arte.
De tal modo, aunque no ha habido cambios importantes en temas medulares, el primer año trascurrido desde el restablecimiento de relaciones ofrece un saldo positivo.
